Las sociedades que nos autodenominamos avanzadas nos hemos convertido en adictas al consumo de todo tipo de productos químicos sintéticos, es decir, substancias que no existen en la naturaleza. Muchos de estos productos pueden ayudarnos a luchar contra enfermedades pero su uso masivo e indiscriminado provoca problemas tanto o más graves que los que se intenta solucionar. Uno de los efectos secundarios de esta sociedad medicalizada es la contaminación del medio marino: las aguas subterráneas, ríos y mares; y con ello también la contaminación de plantas y animales, algunos de los cuales deberían servirnos de alimento.

Los medicamentos humanos que contaminan el medio marino

Un reciente estudio internacional llevado a cabo con participación de expertos del departamento de Química Analítica de la Universidad del País Vasco (UPV/EHU) nos muestra el alcance de este problema a través de la detección en agua y peces de productos tan dispares como antidepresivos, antibióticos y filtros solares (procedentes todos ellos de medicamentos y cremas).

Los resultados de esta investigación, publicados el mes de abril de este año en la revista Environmental Toxicology and Chemistry, son especialmente interesantes porque además de exponer datos tan  preocupantes como la capacidad de bioacumulación en peces del antidepresivo amitriptilina, el antibiótico ciprofloxacin y el filtro ultravioleta oxibenzona, detallan nuevos métodos para analizar y tratar de resolver este tipo de problemas (aunque sólo sea con la instalación de filtros más potentes en las estaciones depuradoras de aguas residuales).

Entre las substancias detectadas más comunes se encuentra el antibiótico ciprofloxacina, que ha alcanzado niveles que pueden causar «efectos ecológicos dañinos»

En los últimos años se han realizado numerosos estudios sobre presencia de productos químicos en el medio acuático y animales como los peces pero en pocas ocasiones se había analizado -como ahora han hecho los expertos de la UPV/EHU- la manera en que se acumulan, distribuyen, metabolizan y eliminan los fármacos y productos de cuidado personal en los tejidos y secreciones biológicas de dichos organismos.

“La falta de conocimiento en torno a la transformación y la biodegradación de los fármacos y de los productos de cuidado personal puede llevar a infravalorar los verdaderos efectos de la exposición de los peces a estos contaminantes”, explicaba la investigadora Haizea Ziarrusta Intxaurtza (de la UPV/EHU) en una declaraciones difundidas por la agencia SINC. El estudio muestra que amitriptilina, ciprofloxacin y oxibenzona pueden acumularse en los peces y producir efectos secundarios negativos en el plasma, el cerebro y el hígado, interfiriendo en su metabolismo.

El trabajo de laboratorio se llevó a cabo con doradas en la Estación Marina de Plentzia. Los expertos recuerdan que el consumo de este tipo de productos farmacológicos y de cosmética está aumentando y que las depuradoras de aguas residuales no están preparadas para eliminar estas substancias y sus metabolitos (derivados que se forman después del consumo en humanos), por lo que pueden llegar a ríos, mares y animales marinos de consumo humano como las doradas de piscifactoría.

Los medicamentos humanos que contaminan el medio marino

Un estudio paralelo presentado el pasado invierno por expertos en ciencias ambientales de la Universidad de Radboud (Países Bajos) recordaba que en los últimos 20 años las concentraciones de productos farmacéuticos han aumentado en las fuentes de agua dulce en prácticamente todo el mundo.

Entre las substancias detectadas más comunes se encuentra el antibiótico ciprofloxacina, que ha alcanzado niveles que pueden causar «efectos ecológicos dañinos», según los resultados publicados el pasado mes de febrero en la revista Environmental Research Letters.

Los científicos, liderados por el doctor Rik Oldenkamp, desarrollaron un nuevo modelo para realizar mediciones de alta resolución de este tipo de productos, que genéricamente se conocen como “contaminantes emergentes”. En los dos productos farmacéuticos investigados en el estudio, la carbamazepina (medicamento antiepiléptico) y la ciprofloxacina (antibiótico), se encontró que los riesgos ambientales eran de entre 10 a 20 veces más altos en 2015 que en 1995. «Las concentraciones de este antibiótico pueden ser perjudiciales para las bacterias en el agua, y estas bacterias a su vez desempeñan un papel importante en varios ciclos de nutrientes. Los antibióticos también pueden tener un impacto negativo en la efectividad de las colonias de bacterias utilizadas en el tratamiento de aguas residuales», explicaba el profesor Oldenkamp en la presentación de sus resultados.

Los efectos pueden ser inesperados y acumulativos debido a que se registran diversas combinaciones de productos potencialmente tóxicos para el medio ambiente

En esta misma línea de investigación, un estudio publicado en junio de 2018 detallaba que los restos de productos químicos como fungicidas o antidepresivos, que llegan a los ríos por vertidos contaminantes y efluentes de las depuradoras de aguas residuales, alteran la forma en que nadan y se alimentan algunos organismos acuáticos. Este trabajo liderado por expertos de la Universidad de Barcelona (UB) en colaboración con la Universidad de Portsmouth (Reino Unido) y que publicaba la revista Environmental Pollution, también destacaba que los efectos pueden ser inesperados y acumulativos debido a que se registran diversas combinaciones de productos potencialmente tóxicos para el medio ambiente. Esta investigación subraya la necesidad de considerar tanto las dosis bajas como las pruebas de toxicidad combinada en la evaluación del riesgo químico de los productos que llegan a los ecosistemas acuáticos.

Un cuarto estudio, en este caso de expertos del Instituto Catalán de Investigación del Agua (ICRA), con sede en Girona, ha determinado que España es uno de los países con mayor índice de contaminantes que afectan a la salud en pescados y mariscos. Los resultados indicaron que España era el país con una mayor exposición a disruptores endocrinos como el bisfenol A (BPA), seguido de Portugal, Italia, Irlanda y Bélgica, debido principalmente al alto consumo de pescado y marisco.

Autor: Joaquim Elcacho, Periodista especializado en Medio Ambiente y Ciencia.

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