Hace más de 5.000 años la humanidad descubrió el jabón. Una leyenda romana lo atribuye a los sacrificios realizados en el monte Sapor donde la grasa de los animales se mezclaba con las cenizas de los fuegos ceremoniales y este primer jabón, arrastrado por el río Tíber, fue descubierto por esclavos que lavaban la ropa. Pero ya había constancia del proceso en los escritos de la antigua Babilonia.

El resurgir de la pastilla de jabón

El jabón, la pastilla de toda la vida, tuvo sus horas bajas con la aparición de los geles de baño y, sobretodo, con los dispensadores de jabón líquido para lavarse las manos. Pero maestros y maestras jaboneras mantuvieron el espíritu y la esencia de la pastilla de jabón ofreciendo sus productos artesanos en ferias, mercados y tiendas especializadas.

El jabón se obtiene mediante un proceso químico conocido como saponificación en el que una grasa reacciona con una base fuerte, normalmente hidróxido de sodio (o sosa caustica). La composición de un jabón natural es muy simple. Su principal componente son las grasas saponificadas a las que se les añaden otros ingredientes como aceites esenciales, glicerina, arcilla, sal, colorantes, etc. en función de las propiedades, el olor o el color que se quiera.

La normativa obliga a indicar en el listado de los ingredientes de un jabón por un lado los aceites o grasas utilizadas y por otro el hidróxido sódico o potásico. Es decir en el INCI encontraremos el nombre del aceite utilizado: Cocos Nucifera Oil, Brassica Campestris Seed Oil, Olea Europaea Oil además de la palabra Sodium Hydroxide.  Sin embargo, es posible en algunas etiquetas encontrar el nombre de la grasa saponificada indicada como Sodium Palmate, Sodium Cocoate o Sodium Olivate.  Se trata de una estrategia comercial para evitar que aparezca un compuesto químico y en este caso la etiqueta es errónea.

El consumidor ya no busca jabones de colores sino aquellos basados en ingredientes naturales y mejores para el cuidado de la piel

El mundo del jabón ha evolucionado mucho, incorporando nuevos aceites y eliminando ingredientes no necesarios como los colorantes artificiales. El consumidor ya no busca jabones de colores sino aquellos basados en ingredientes naturales y mejores para el cuidado de la piel. Esta mayor concienciación de los consumidores ha ayudado al aumento de la demanda y estamos viendo el resurgir de la pequeña industria jabonera tradicional.

Otro factor clave en esta evolución es la demanda de productos con menos embalajes. Una pastilla de jabón no deja de ser un concentrado sólido de lo que sería un gel de baño. No necesita envase de plástico y dura más. Además, junto con los perfumes, es el único producto de higiene y cosmética que la legislación permite vender a granel. El jabón siempre ha estado relacionado con la economía circular ya que tradicionalmente era una forma de convertir el aceite usado en un producto para el lavado de la ropa.

Además, no debemos olvidar que, al lavarnos, los restos del jabón pasan al agua. Cuando usamos un producto detergente puede afectar a los microorganismos de las depuradoras y también a la calidad del agua. El jabón tradicional es biodegradable ya que en la naturaleza existen microorganismos capaces de degradarlo, cosa que no pasa con algunos ingredientes químicos más complejos que son fuente de contaminación.

La pastilla de jabón es una de las alternativas más ecológicas que nos ofrece el mercado actual para nuestra higiene: de composición sencilla, acorde al movimiento zero waste y altamente biodegradable. Si además usamos un jabón certificado econatural tendremos la seguridad de haber elegido la mejor opción para el planeta.

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Autora: Montse Escutia, Co-fundadora del Proyecto Red Ecoestética Asociación Vida Sana

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