Las semillas son, desde hace miles de años, la fuente principal para el cultivo de las plantas de las que nos alimentamos. Sin embargo, de las variedades tradicionales que se cultivaban hace 100 años en las tierras agrícolas de nuestro planeta, cerca de tres cuartas partes ya no existen en la actualidad. A mediados de 1980 las variedades híbridas o comerciales empezaron a reemplazar a las semillas tradicionales de polinización natural.

Semillas tradicionales para el futuro de la humanidad

Las variedades tradicionales están históricamente bien adaptadas al suelo, al clima y tienen un gran valor nutritivo. Además, a diferencia de las híbridas, pueden seguir reproduciéndose y así de cada generación de plantas se obtienen semillas de calidad que pueden sembrarse de nuevo.

Éstas son sinónimo de diversidad, sabor, independencia y valor cultural. Su método de desarrollo es muy sencillo: Se desarrollan mediante selección natural y métodos de cruce tradicionales.

Por otro lado, las variedades híbridas o comerciales, las que predominan en el mercado internacional, son el resultado del cruzamiento de líneas endógamas producidas artificialmente que permiten optimizar determinadas características como el tamaño, el color, la forma y la adaptación de la planta a condiciones climáticas para así obtener un alto rendimiento. Si bien garantizan grandes y homogéneas cosechas, no pueden reproducirse: la primera generación de híbridos no produce semillas de calidad suficiente para obtener una nueva generación de plantas. Por tanto, los agricultores tienen que comprar cada año nuevas simientes -además de fertilizantes químicos y herbicidas- a multinacionales como Bayer, Syngenta y Pioneer, empresas que buscan una alimentación más uniforme en todo el mundo.

No es de extrañar pues, que hoy tengamos menos sabores diferentes, menos variedades y de peor calidad. La prueba está en los supermercados. En las grandes superficies españolas y del resto de Europa encontramos las mismas variedades.

Las variedades tradicionales están históricamente bien adaptadas al suelo, al clima y tienen un gran valor nutritivo

Según la Organización de las Naciones Unidas para la Agricultura y la Alimentación (FAO), ya se han perdido dos tercios de la diversidad genética de los cultivos. Hoy, sólo se cultivan unas 150 de las entre 7.000 y 10.000 especies de antaño. Y doce de ellas representan más del 70% del consumo. Todo esto representa una pérdida de diversidad agrícola que nos hace más vulnerables ante plagas y enfermedades, desprotegiéndonos para enfrentar los efectos del cambio climático y perdiendo libertad en favor de las grandes empresas.

El futuro, las semillas tradicionales

Afortunadamente, todavía hay quien apuesta por las semillas tradicionales: investigadores que trabajan para conservarlas y mejorarlas, pequeños agricultores y agricultoras que preservan las variedades locales y empresas como Voelkel, que desde 1936 elabora zumos vegetales a base de variedades de polinización natural.

“Alentamos a nuestros socios y socias del sector agrícola a elegir variedades tradicionales garantizándoles la adquisición de unos volúmenes seguros y unos precios justos, independientemente de que sea un buen o un mal año para la cosecha”, afirman desde la empresa alemana.

El futuro de la humanidad está en nuestras manos. Los consumidores podemos conseguir cambios con nuestras elecciones de compra y sentar las bases para un modelo alimentario sostenible para las siguientes generaciones. Es el momento de revalorizar la alimentación y a aquellos que producen los alimentos, los campesinos, y no permitir que nuestro sustento esté en manos de unas pocas multinacionales.

Autora: Cristina Fernández, Periodista & Blogger

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