Hace ya un tiempo se desterró la idea de que el aceite de coco era malo para nuestra salud por su contenido elevado en grasas saturadas. De hecho, su consumo cada vez es más habitual, se utiliza para preparar postres crudiveganos, para cocinar platos exóticos (y no tan exóticos) e incluso como cosmético natural tanto para hidratar nuestra piel como para reparar nuestro cabello.

Aceite de coco

A nivel culinario, además de estar delicioso, su uso es muy interesante ya que posee un punto de humo bastante elevado a diferencia de lo que sucede con otros aceites poliinsaturados como pueden ser el de maíz, girasol o soja. Esto quiere decir que a la misma temperatura su oxidación es menor y por lo tanto no se forma un exceso de radicales libres como podría pasar con un aceite poliinsaturado.

Eso sí, no todos los aceites de coco valen. Es importante escoger bien el aceite de coco, decantándonos siempre por un aceite de coco virgen y huyendo del aceite refinado o hidrogenado.

Pero más allá de su aporte a nivel organoléptico y su utilidad como cosmético, el aceite de coco cuenta con muchos otros beneficios y esto se debe en parte a la presencia de sus ácidos grasos, y más en concreto a un tipo de ácido graso que predomina en este alimento, el ácido láurico. ¿Sabías que también encontramos ácido láurico en la leche materna y que este nutriente resulta imprescindible para el desarrollo del sistema inmune del bebé? Si nuestra propia naturaleza ya se encarga de que los más pequeños lo reciban, imagínate los beneficios que nos puede aportar su consumo.

El ácido láurico destaca principalmente por sus propiedades antibacterianas y antifúngicas. Y no únicamente nos ayuda a combatir a este tipo de patógenos, sino que también ha demostrado ser útil para combatir distintas variedades de cándida. Teniendo esto en cuenta, no podemos olvidarnos de mencionar la técnica que hace unos años se puso tan de moda el “oil pulling”. Esta técnica se utiliza en la medicina ayurvédica para mejorar la salud bucal y ayudarnos a reducir ciertas bacterias, la acumulación de placa o el mal aliento.

Puede ser un buen aliado para ayudarnos a perder peso gracias a que eleva nuestra termogénesis (la capacidad que tiene nuestro organismo para generar calor a partir de reacciones metabólicas), aumenta nuestra saciedad y nuestro gasto energético. Eso sí, siempre hablando dentro de un contexto de una alimentación saludable.

Es beneficioso para nuestra salud cerebral. Parece que los ácidos grasos de cadena media ayudan a mejorar los síntomas del declive cognitivo, la demencia senil y del Alzheimer.

Uno de los mitos que se extendió sobre el aceite de coco es que se decía que era perjudicial para la salud del corazón. Pero al contrario de lo que se creía, hace unos años aparecieron algunos estudios donde se vio que el ácido láurico era capaz de regular los niveles de colesterol, en general aumentado el HDL y reduciendo los TG. Llevando a considerarlo, por tanto, un alimento muy interesante para la salud de nuestro corazón.

Además de todos estos beneficios que nos proporciona el ácido láurico presente en el aceite de coco, tampoco podemos dejar de mencionar otros de los aspectos destacables de este alimento, como su contenido rico en vitamina E, vitamina K y compuestos antioxidantes. Todos estos nutrientes nos ayudan a prevenir el ataque de los radicales libres, nos aportan propiedades antiinflamatorias y nos ayudan a combatir el envejecimiento prematuro.

En definitiva, una alternativa muy saludable a otros alimentos ricos en grasas como nuestro apreciadísimo aceite de oliva.

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Autora: Glenn Cots, Dietética integrativa

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