¿Nos hemos preguntado por qué cada vez se ven menos mariposas, menos abejas, menos libélulas, menos luciérnagas en nuestros campos? Por su propia naturaleza, por su propia fragilidad, son las primeras en sucumbir al impacto de los pesticidas, insecticidas, herbicidas, fertilizantes y otros tóxicos industriales que el ser humano ha ido esparciendo por toda la naturaleza a lo largo del siglo pasado. Es cierto que mucho ya se ha corregido y se han dictado normativas para reducir sus efectos nocivos, pero no es suficiente.

alimentación ecológica y cáncer
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Alimentación y cáncer

Desgraciadamente, muchos de nuestros campos y de nuestros bosques sufren la contaminación de sus suelos por la acumulación de tóxicos a lo largo de los años. Un ejemplo paradigmático, fue la contaminación del río Llobregat a principios del siglo XX por el vertido al río de las anilinas, colorantes utilizados en la industria textil de la época. El agua del río lo contaminó todo, el agua y los regadíos, afectando a verduras, hortalizas y frutas. Este hecho provocó un gran aumento de la tasa de cáncer de vejiga urinaria en la población de la zona.

Pero claro, el efecto no es rápido y la causa-efecto no se identifica hasta transcurridas dos o tres décadas. Por suerte, esta práctica nociva se prohibió y con ello se pudo revertir la alta tasa de este tipo de cáncer. Con este ejemplo se puede hacer una extrapolación a lo que sucede en el desarrollo del cáncer ya que este no aparece en semanas, meses o pocos años. El proceso canceroso es el resultado de la acumulación de muchas alteraciones genéticas a lo largo de muchos años. El cáncer de pulmón se presenta a los 20 años o más de la inhalación del primer cigarrillo. En el caso de los alimentos contaminados, no-ecológicos, el cáncer puede originarse después de muchos años de ingesta y de acumulación de tóxicos que se encuentran en cantidades pequeñas en ellos. De ahí la importancia de introducir en nuestra vida unos hábitos de nutrición, de alimentación sanos y cuanto antes mejor. Es una actitud preventiva que comportará grandes beneficios a nuestra salud, no ya tan solo por lo que se refiere al cáncer. Todo ello explica la relevancia de comer en lo posible alimentos ecológicos ya que se trata de una inversión a largo término.

El proceso canceroso es el resultado de la acumulación de muchas alteraciones genéticas a lo largo de muchos años

Un espejismo

El ser humano tiene una capacidad de regeneración extraordinaria y obviamente ésta es mucho mejor que la de las abejas, de las mariposas, o las luciérnagas, pero no por ello somos inmunes a los efectos tóxicos de productos, alimentos que ingerimos diariamente y que son los mismos que han hecho desaparecer en gran número los insectos señalados. La falsa sensación de seguridad del porque me encuentro bien puedo seguir comiendo comida «basura» o no ecológica tendría su lógica a no ser que esta actitud, es solo eso, un espejismo.

Nuestros hábitos alimentarios nos pasarán factura tarde o temprano y para entonces será demasiado tarde. En el cáncer no se puede rebobinar. Es ahora cuando debemos tomar conciencia de que en el fondo somos y seremos lo que comemos. Lo decía Hipócrates “los alimentos son nuestras medicinas y nuestras medicinas son nuestros alimentos”. Los alimentos tóxicos, contaminados, entran en nuestro organismo sin causar sintomatología, se van acumulando a lo largo de los años, van causando un daño clínicamente imperceptible y de golpe enfermamos sin saber por qué.

alimentación ecológica y cáncer
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Proceso inflamatorio

Hoy en día sabemos que el proceso inflamatorio es el inicio de muchas enfermedades. Pues bien, la ingesta de alimentos contaminados con pesticidas, insecticidas, metales pesados, en definitiva, de tóxicos, crea focos de inflamación en nuestro organismo que, de cronificarse, pueden ser el origen de enfermedades diversas, entre ellas el cáncer. De ahí la relevancia de alimentarnos con la seguridad de que lo que comemos está libre de tóxicos, para mantener una buena salud. Del cáncer se ha dicho que es una cicatriz que nunca sana, es un proceso inflamatorio que engaña a nuestro organismo. Este no identifica bien si el proceso inflamatorio que lo origina es debido a una infección, a un trauma o al desarrollo de un cáncer y responde enviando glóbulos blancos para resolver el proceso. Este hecho no hace más que aumentar la inflamación. Hay que evitar los focos inflamatorios en nuestro organismo que tienen en los alimentos no ecológicos una de sus principales fuentes, aunque en nuestro mundo desgraciadamente no la única, otra fuente importante es la polución de nuestras ciudades, el aire contaminado que respiramos, pero este sería ya otro debate.

Nuestros hábitos alimentarios nos pasarán factura tarde o temprano y para entonces será demasiado tarde

Alimentación ecológica

Cuando hablamos de alimentos ecológicos lo asociamos a lo natural, a lo no contaminado, a productos libres de insecticidas, pesticidas, metales pesados y a otros tóxicos industriales. Un alimento ecológico se podría definir como aquel en cuya elaboración no tan solo no se han utilizado tóxicos, sino que el suelo, el campo de donde crecen los alimentos no ha sido contaminado en generaciones anteriores. Nos va la salud.

Por suerte, cada vez más la población es consciente de la importancia de comer sano y por tanto ecológico. Para la medicina moderna tanto la nutrición, como la alimentación o el microbiota intestinal son hoy en día piezas fundamentales para tener una buena salud y un mayor bienestar. La vida nos pasará factura al cabo de los años si no hemos comido sano y hemos eliminado en gran parte los procesos inflamatorios subclínicos derivados de los tóxicos ingeridos. No olvidemos que una prevención contra el cáncer o a disminuir el riesgo a sufrirlo es comer sano. El comer alimentos ecológicos es de las mejores decisiones que podemos tomar para nuestros cuerpos. Se trata de una inversión para un futuro sano y no podemos olvidar que una vez aparece cáncer ya no podemos dar marcha atrás.

Autor: Doctor Pere Gascón, Ex Jefe de Servicio de Oncología del Hospital Clínic de Barcelona Director de la Cátedra CELLEX de Oncología y del Conocimiento Multidisciplinar, Universidad de Barcelona

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