La soberanía alimentaria es un concepto que se refiere al derecho de los pueblos y naciones a determinar sus propias políticas y prácticas relacionadas con la alimentación y la agricultura. Esta idea pone énfasis en la capacidad de las comunidades locales y de los gobiernos para tomar decisiones y controlar los aspectos clave de la producción, distribución y consumo de alimentos.

Soberanía alimentaria
©Marta Montmany

Este concepto ha sido promovido principalmente por movimientos sociales, organizaciones no gubernamentales y grupos de la sociedad civil. Las características principales incluyen la autonomía de las comunidades para tomar decisiones sobre sus sistemas agrícolas y alimenticios sin depender excesivamente de las grandes empresas agroalimentarias o las organizaciones internacionales. También pone el énfasis en garantizar el acceso a los alimentos a toda la población, preservando la cultura y los saberes tradicionales, así como en la promoción de prácticas agrícolas sostenibles que respeten los recursos naturales y no agoten los suelos o contaminen los ecosistemas.

La sostenibilidad es un objetivo inherente a la soberanía alimentaria, que desde esta óptica no se limita sólo al control y gestión local de la producción de alimentos, sino que también implica la responsabilidad de hacerlo de manera sostenible, buscando la protección del medio ambiente, la satisfacción de las necesidades actuales y futuras, la reducción de la dependencia de recursos externos y la resiliencia del sistema alimentario frente a cambios climáticos y otras perturbaciones.

Existen diversas entidades internacionales y ONG que propugnan la soberanía alimentaria como concepto y como objetivo en la política alimentaria global, como “La Vía Campesina”, “Friends of the Earth International” o GRAIN, entre otros muchos grupos sociales y ambientalistas.

Este concepto social de soberanía alimentaria no cuenta con el reconocimiento de los organismos oficiales que, en general, utilizan términos como “seguridad alimentaria”, “sostenibilidad alimentaria” o “acceso a alimentos seguros y nutritivos” en lugar del término “soberanía alimentaria”, que destaca más la importancia de quien controla la producción y las decisiones relacionadas con los sistemas alimenticios locales.

Soberanía alimentaria
©Marta Montmany

Sin embargo, algunos organismos oficiales pueden tener un enfoque conectado con los principios de la soberanía alimentaria, aunque utilicen otros términos. Por ejemplo, la promoción de sistemas alimenticios locales y sostenibles, la preservación de la biodiversidad agrícola y el apoyo a los pequeños agricultores. Algunos ejemplos de iniciativas de Naciones Unidas que trabajan en ámbitos relacionados con la soberanía alimentaria son el Programa Mundial de Alimentos (PMA) o el Programa para el Medio Ambiente (PNUMA), así como, indirectamente, el Banco Mundial, que aunque el concepto de soberanía alimentaria no es central en su misión, muchos de sus programas de financiación pueden tener implicaciones para la producción de alimentos locales y sostenibles.

Pero todavía existe otra perspectiva de la soberanía alimentaria que es relevante para los consumidores de un área geográfica o comunidad en particular y que, por tanto, conecta directamente con todos nosotros. Y es aquella que relaciona el concepto general de soberanía alimentaria con la capacidad que tiene el sistema alimentario de una zona concreta para autoabastecerse de alimentos procedentes de la misma área geográfica. El incremento de esta capacidad es clave para reducir la vulnerabilidad en las interrupciones en la cadena de aprovisionamiento global. De este hecho ya tuvimos una cata durante la pandemia de la Covid-19, en la que pudimos comprobar la gran importancia de disponer de un campesinado diversificado y cercano.

Desde este enfoque, la soberanía alimentaria implica fomentar la producción local de alimentos para satisfacer las necesidades alimentarias de la comunidad o región. Para ello se necesita un mayor apoyo a los pequeños agricultores y la creación de mercados locales para alimentos producidos cerca, con el objetivo de reducir la dependencia de las importaciones, especialmente en productos que pueden ser producidos con éxito en la zona. Esta aproximación también comporta preservar la biodiversidad agrícola y la cultura alimentaria local, así como promover las estructuras de distribución local para que los alimentos puedan ser vendidos a nivel local sin tener que recorrer largas distancias. La certificación oficial de la proximidad también se convierte en un factor clave para dar confianza a los consumidores.

Otras acciones necesarias para incrementar la soberanía alimentaria pasan también por implementar políticas de compra pública que den preferencia a los productos locales en los programas de alimentación escolar, hospitales y otras instituciones públicas; también es necesario garantizar el acceso a la tierra a los pequeños agricultores; y fomentar la conciencia entre los consumidores sobre la importancia de comprar y consumir alimentos locales y sostenibles, promoviendo una mayor comprensión del sistema alimentario local.

Por último, facilitar la creación de redes y cooperativas locales de agricultores y consumidores, promoviendo la colaboración y la distribución eficiente de alimentos, así como fomentar la investigación y la innovación en prácticas agrícolas y tecnologías que sean útiles y adaptadas a cada zona.

Cada zona tiene necesidades y condiciones específicas, por lo que las estrategias concretas pueden variar, pero la clave es involucrar activamente a la comunidad local y trabajar con los pequeños agricultores y otros actores interesados en diseñar e implementar políticas y prácticas que favorezcan la soberanía alimentaria. Y recordar que nuestras elecciones en la mesa, como consumidores, tienen un impacto real en el mundo en el que vivimos.

Autor: Isidre Martínez, Ingeniero Agrónomo

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Bio Eco Actual Diciembre 2023