En un anterior artículo hablamos de cómo Rudolf Steiner, fundador del movimiento filosófico de la antroposofía, planteó las bases de la agricultura biodinámica en una serie de conferencias impartidas hace 100 años a un grupo de agricultores afines a este movimiento, preocupados por la degradación del suelo y la pérdida de fertilidad de la agricultura convencional atribuida al uso de abonos minerales químicos.

Agricultura biodinámica
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La agricultura biodinámica ha experimentado una notoria evolución desde los tiempos de Rudolf Steiner hasta nuestros días, integrando avances científicos y tecnológicos, pero sin perder de vista sus raíces espirituales y su vínculo con la comunidad antroposófica.

Tras las conferencias de Steiner, en 1924, los agricultores que adoptaron estas prácticas experimentaron con sus propios métodos y técnicas, adaptándolas a sus necesidades específicas. En 1927 se creó una cooperativa en Berlín para producir y distribuir productos biodinámicos, y al año siguiente se registró el símbolo Demeter, que desde entonces identifica los productos procedentes de la agricultura biodinámica, así como los primeros estándares de este sistema de producción, que han seguido evolucionando hasta la actualidad.

Con el paso del tiempo, los principios biodinámicos empezaron a ser analizados desde una perspectiva científica. Desde los años 40, la experimentación aportó comprensión sobre la influencia de los preparados biodinámicos en la calidad del suelo, la biodiversidad y la salud de las plantas. A partir de los años 70, la agricultura biodinámica se expandió más allá de sus raíces europeas y ganó reconocimiento internacional. Varios movimientos agrícolas y organizaciones adoptaron estas prácticas, adaptándolas a distintos climas y ecosistemas. La certificación Demeter ha sido clave para la integración y reconocimiento de los productos biodinámicos en el mercado global.

Con el avance de la tecnología agrícola, se han incorporado nuevas herramientas y prácticas biodinámicas. El uso de sensores, drones y otras tecnologías ha mejorado la gestión de los cultivos biodinámicos, permitiendo un enfoque más preciso y eficiente. La investigación sigue siendo una pieza clave en la evolución de la agricultura biodinámica. A pesar de sus inicios espirituales, existe una tendencia creciente a integrar los principios biodinámicos con la ciencia agronómica moderna, de forma que actualmente muchos practicantes y defensores de la agricultura biodinámica buscan equilibrar los aspectos espirituales con una comprensión más científica y pragmática.

demeter

Aunque la agricultura biodinámica puede parecer una aproximación poco convencional, ha ganado aceptación y popularidad entre algunos agricultores y consumidores preocupados por la sostenibilidad y la salud de los ecosistemas agrícolas. Sin embargo, también ha recibido críticas y escepticismo por parte de algunos sectores que consideran sus prácticas como demasiado esotéricas o carentes de base científica.

Desde el punto de vista actual, las prácticas biodinámicas que encuentran soporte en la investigación científica son más aceptadas y compartidas, especialmente todo lo relacionado con la gestión del suelo y la práctica del compostaje, así como la rotación de cultivos, el uso mínimo o nulo de pesticidas de síntesis y el fomento de la biodiversidad. Por el contrario, otras prácticas están claramente alejadas del conocimiento científico actual, como por ejemplo el uso de los preparados biodinámicos o la influencia de los ciclos lunares y planetarios.

Los defensores de la biodinámica afirman que es un método de agricultura ecológica que respeta los principios de la naturaleza y que busca la salud de la tierra, las plantas, los animales y los humanos. Argumentan que su práctica ha demostrado su eficacia y sus beneficios en la práctica, en temas como la mejora de la fertilidad del suelo, la resistencia a las enfermedades y plagas, el bienestar animal, la sostenibilidad ambiental y la calidad de los alimentos. Por el contrario, los críticos sostienen que es un método pseudocientífico y esotérico que se basa en creencias irracionales y supersticiones, y sin fundamento científico ni evidencia que avale sus principios y prácticas.

Agricultura biodinámica
©Marta Montmany

Pero al margen de la opinión personal de cada uno, debe considerarse que, cuando hablamos de los productos biodinámicos, sus normas de producción son más estrictas incluso que las normas de la producción ecológica, lo que puede marcar la diferencia para ciertos consumidores, según sean sus necesidades

El uso de sensores, drones y otras tecnologías ha mejorado la gestión de los cultivos biodinámicos, permitiendo un enfoque más preciso y eficiente

Así pues, sabemos que el uso de fitosanitarios es muy limitado y regulado tanto en los productos biodinámicos como en los ecológicos, pero los productos biodinámicos tienen unas normas más estrictas, ya que sólo permiten el uso de los preparados biodinámicos, que son compuestos naturales que se elaboran según unos procesos y ritmos determinados, y que se aplican según un calendario biodinámico, que tiene en cuenta las fases de la luna y los planetas. En producción ecológica, por el contrario, se permite utilizar fitosanitarios de origen natural o biológico.

En cuanto al uso de aditivos alimenticios en la elaboración de alimentos transformados, aunque en producción ecológica este uso está bastante restringido y controlado por la normativa europea de la producción ecológica, las normas biodinámicas tienen una lista aún más reducida y selecta que sólo permite utilizar unos pocos aditivos alimenticios de origen natural o biológico.

Consecuentemente, en lo que se refiere a la posible presencia de residuos de fitosanitarios o de aditivos alimentarios, aunque en los productos ecológicos estos residuos son claramente menores que en los productos convencionales, todavía lo son más en los productos biodinámicos. También existe algún estudio que podría indicar que los productos biodinámicos tienden a tener una mejor calidad sensorial que los alimentos ecológicos, especialmente en el caso de los vinos, aceites, quesos y frutas.

Autor: Isidre Martínez, Ingeniero Agrónomo

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