Cuando la piel se ve agredida por factores físicos (como el sol, el frío, el viento, la fricción) o químicos (detergentes, cosméticos agresivos, contaminación, ácidos fuertes, tratamientos cosméticos abrasivos, tratamientos médicos), sufre una serie de alteraciones funcionales y estructurales. ¿Qué le ocurre exactamente a la piel?

piel sensibilizada
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El primer efecto que sufre la piel es la alteración de la barrera cutánea (o manto hidrolipídico). El resultado de este efecto es la pérdida de la capacidad de retener el agua en su interior, lo que aumenta las pérdidas de agua trans epidérmicas y hace a la piel más vulnerable a los agresores externos. Esto significa que partículas de polución y sustancias contaminantes, así como agentes infecciosos, pueden afectarla. El resultado es la aparición de la sequedad, descamación y la temida tirantez. El mantenimiento de la hidratación natural de la piel es uno de los pilares de la salud cutánea.

La entrada de agentes agresores y contaminantes puede aumentar la oxidación de la piel, puesto que se generan abundantes radicales libres capaces de reaccionar con las membranas celulares y acrecentar la oxidación y con ello el envejecimiento cutáneo.

Este fenómeno hoy día muy conocido a nivel científico, sabemos que conduce inevitablemente a la inflamación y con ello a la aparición de rojeces, eritemas, sensación de picazón, ardor o irritación. Cuando se llega a este punto, la piel es también más vulnerable a infecciones ya que a través de estas micro lesiones pueden penetrar agentes infecciosos que pueden colonizarla.

La oxidación celular no controlada, lleva inevitablemente a un envejecimiento prematuro, si no se actúa con los cosméticos adecuados. Factores como los rayos UV o la contaminación generan radicales libres, capaces de dañar el ADN celular, reducen el colágeno y se activan las colagenasa y elastasas que destruyen el propio colágeno, de esta forma la piel pierde su elasticidad y tono natural y se acelera así el envejecimiento de la piel, apareciendo manchas, arrugas y flacidez. Se apaga la vitalidad de la piel volviéndose áspera, apagada o desigual.

Una piel agredida es una piel vulnerable, deshidratada, inflamada y sensible. Necesita cuidados específicos que la calmen, reparen y fortalezcan, devolviéndole su equilibrio natural. Requiere la recuperación o restauración del manto hidrolipídico, la reducción inminente de la oxidación y de los factores proinflamatorios, que solo la dermo cosmética natural puede afrontar.

Autora: Maribel Saíz Cayuela, Licenciada en Ciencias biológicas, PGD. Dietética y nutrición | Intersalabs – Mejora la calidad de vida de manera natural

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