Cuando Hortec nació, a principios de los noventa, hablar de agricultura ecológica era todavía hablar de una opción minoritaria. Producir sin productos químicos de síntesis, respetando los ciclos naturales y apostando por una relación distinta con la tierra era, sobre todo, una convicción. Pero producir no era suficiente: era necesario encontrar la forma de hacer llegar aquellos alimentos al consumidor y garantizar que las explotaciones fueran viables.
De esa necesidad compartida surgió Hortec, una cooperativa de productores y productoras ecológicos que permitió sumar producciones, estructura, conocimiento y capacidad comercial. Más de treinta años después, esa idea sigue vigente: trabajar conjuntamente para defender una agricultura ecológica profesional y arraigada en el territorio.
Para Josep Figueras, productor ecológico de Valls y actual presidente de Hortec, el carácter cooperativo sigue siendo una de las grandes fortalezas del proyecto. “Hortec no es solo una empresa que comercializa fruta y verdura; detrás hay explotaciones, familias y territorios diversos que comparten una misma necesidad: hacer llegar su producto al mercado en unas condiciones dignas”.
La mirada de Alba Coll, productora en el Segrià y expresidenta de Hortec, ayuda también a entender cómo ha evolucionado la cooperativa desde dentro. “Durante décadas, las mujeres han tenido un papel esencial en muchas explotaciones agrarias, a menudo con menos visibilidad y menor presencia en los espacios de decisión.” Su experiencia al frente de Hortec simboliza una evolución necesaria: que la diversidad de las personas que trabajan en el campo se refleje también en la gobernanza y liderazgo de las organizaciones agrarias.
Del campo a nuevos espacios de consumo
Las tiendas ecológicas especializadas han sido históricamente grandes aliadas de Hortec y piezas fundamentales para el desarrollo del sector ecológico en Cataluña.
Actualmente, la fruta y la verdura de Hortec llega también a hospitales, escuelas y otras colectividades. Abrir estos canales permite que el producto ecológico y de proximidad forme parte de la alimentación cotidiana de muchas personas. Al mismo tiempo plantea nuevos retos: garantizar regularidad, volumen y servicio sin perder de vista la temporalidad ni la priorización del producto de los socios y socias.
Un clima que obliga a adaptarse
Uno de los grandes retos actuales es el cambio climático. Para los productores no es una previsión de futuro, sino una realidad que condiciona ya el día a día.
En Ivars d’Urgell, el socio Josep Maria Coll ha tenido que adaptar incluso los horarios de trabajo durante los episodios de calor extremo. En determinados momentos del verano, el trabajo comienza de madrugada para poder terminar antes de las horas de temperaturas más altas. Es una decisión que afecta a la producción, pero sobre todo a las condiciones laborales y la seguridad de las personas que trabajan en el campo.
También en el Segrià, Jaume Torroelles observa directamente cómo los calores alteran el desarrollo de la fruta. Las elevadas temperaturas pueden acelerar la maduración, aumentar las necesidades de agua y reducir la ventana óptima de cosecha. El campesinado siempre ha trabajado observando el tiempo, pero hoy esta capacidad de adaptación es aún más necesaria.
Trabajar con suelos vivos, biodiversidad y sistemas más resilientes adquiere aún más sentido en un contexto climático exigente, pero adaptarse también tiene costes y requiere conocimiento, inversión y viabilidad económica.
¿Quién cultivará mañana?
Junto al cambio climático existe otro reto decisivo: el relevo generacional.
Cuando una explotación desaparece no solo se pierde producción. Se pierde conocimiento acumulado durante décadas, experiencia sobre el territorio, variedades, infraestructuras y una forma de entender el oficio. Por eso, cada vez que una nueva generación decide continuar, se preserva mucho más que una finca.
La familia Torroelles es un ejemplo. David Torroelles ha ido dejando el relevo a Jaume, que sigue trabajando la finca familiar en Vilanova de Segrià y dando continuidad a la producción ecológica. Este traspaso representa el futuro que el sector necesita, pero también pone sobre la mesa una pregunta clave: ¿cómo conseguimos que ser campesino siga siendo una opción profesional atractiva y viable?
La respuesta pasa por garantizar precios dignos, canales comerciales estables, reconocimiento social y unas condiciones que permitan desarrollar un proyecto de vida en el campo.
Ecología, cooperación, campesinado y territorio siguen siendo los pilares de Hortec
Evolucionar sin perder su origen
Hortec deberá seguir transformándose. Habrá que reforzar la comercialización, explorar nuevos canales, profesionalizar procesos, incorporar tecnología, adaptarse al cambio climático y explicar mejor al consumidor quién está detrás de los alimentos que compra.
Pero evolucionar no debería significar perder lo que dio origen al proyecto. Ecología, cooperación, campesinado y territorio siguen siendo los pilares de Hortec. El gran reto consiste en conseguir que estos valores no sean solo un relato, sino una realidad económicamente sostenible para las explotaciones.
Hace más de treinta años, un grupo de campesinos y campesinas entendió que trabajar juntos era una forma de hacer posible la agricultura ecológica. Hoy, ante el cambio climático, la presión comercial y la falta de relevo generacional, esa idea sigue teniendo más sentido que nunca. Porque el futuro de la alimentación ecológica depende de que siga habiendo personas dispuestas a cultivarla.
Autor: Josep Francesc Bonfill Pujol, Responsable de Marketing y Project Manager de Hortec SCCL.
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