Marike Runneboom de Peña es CEO interina de Fairtrade International. Nacida en los Países Bajos, lleva cuatro décadas en la República Dominicana y ha trabajado junto a los pequeños productores de Banelino, una organización pionera en el banano Fairtrade y ecológico. Bio Eco Actual conversa con ella durante Fruit Attraction 2026, en Madrid.

Marike Runneboom de Peña en el estand de Fairtrade International en Fruit Attraction 2026.

¿Cómo nació su vinculación con Fairtrade?

En Banelino fuimos una de las primeras organizaciones bananeras certificadas Fairtrade, en 1996. Empezamos muy temprano, cuando Fairtrade comenzaba a trabajar con el banano, después del café y el cacao. Nuestra organización empezó con banano convencional en la República Dominicana. Los huracanes destruyeron la cosecha y, al retomar la producción, empezamos con banano ecológico y ecológico Fairtrade. Desde el año 2000 trabajamos con ese modelo.

Fairtrade permite al pequeño productor acceder a un mercado con mejores precios, pero también impulsa un desarrollo ambiental, social y económico que beneficia a toda una comunidad y se mantiene en el tiempo.

Antes de Fairtrade trabajaba en proyectos de desarrollo. He visto que, cuando los productores deciden cómo invertir el dinero que ganan con su producción, esas inversiones responden a prioridades reales y son muy sostenibles. Esa es mi pasión: no es caridad ni una donación, es un desarrollo impulsado por las familias productoras. Los propios productores cuidan su inversión.

¿Cuál es su vínculo personal con la República Dominicana?

Nací en los Países Bajos y me mudé a la República Dominicana cuando tenía veinte años. Llevo cuarenta años en el país.

¿Cuáles son los principales retos del sector bananero en América Latina?

Cada vez tenemos más retos. El mayor es que el banano es la fruta más barata del mercado. Lo comentábamos esta mañana en un panel: hace cincuenta años su precio real era mejor que ahora. El precio real ha perdido un 50 % de su valor. Mientras los precios de las manzanas, las hortalizas y otros productos aumentan, los nuestros siguen estancados.

Al mismo tiempo nos enfrentamos al cambio climático, al conflicto en Oriente Medio y al aumento de los costes laborales. Todo sube, menos el precio.

Los supermercados utilizan a menudo el banano como producto reclamo, incluso vendiéndolo a pérdidas. ¿Qué consecuencias tiene?

Es una estrategia de las cadenas y es muy dañina. La presión se traslada hacia abajo en la cadena de valor. Incluso cuando los supermercados venden a pérdidas, se genera tanta presión que no hay flexibilidad para aumentar el precio.

Si los precios no aumentan, las consecuencias se ven en el medio ambiente y también en las personas. Se resienten las condiciones laborales, los salarios que pueden pagar los productores y la participación de los pequeños agricultores, que tienen menos capacidad para aprovechar las economías de escala.

Son los primeros que sufren, aunque no los únicos. En las islas de Barlovento había muchos pequeños productores antes de la COVID-19 y ya no quedan pequeños productores exportando banano. La República Dominicana ha perdido una tercera parte de sus productores en los últimos tres años.

Es lo que se llama una carrera hacia abajo: empieza por los más pequeños, porque son los más vulnerables, pero acaba alcanzando también a los medianos y a los grandes. Tenemos que cambiar esta situación. Desde Fairtrade queremos liderar ese cambio estableciendo los precios que debería pagar toda la industria.

¿Qué deberían cambiar los supermercados europeos cuando compran banano?

Su estrategia. Es una estrategia que funciona para el supermercado, pero no para la cadena de suministro. Como ocurre con otras materias primas, creo que los supermercados acabarán dándose cuenta de que todo el mundo pierde. El problema es que pueden darse cuenta demasiado tarde.

La producción bananera está sometida a una presión tan alta que estamos perdiendo volumen y fincas. Tarde o temprano la oferta se verá afectada. Además, se espera que El Niño cause daños el próximo año.

Marike Runneboom de Peña
Marike Runneboom de Peña (Fairtrade), entrevistada por Oriol Urrutia (Bio Eco Actual).

¿Las nuevas exigencias europeas de sostenibilidad y certificación ayudan a los productores o añaden dificultades?

En la producción ecológica son un reto. Siempre digo que las intenciones de las regulaciones son buenas, pero la Unión Europea debería haber consultado más a los productores para saber qué reglas se pueden aplicar y funcionan en la práctica.

Por ejemplo, limitar a cinco hectáreas la superficie de un pequeño productor es llevarlo a la pobreza. Creo que eso demuestra una falta de análisis técnico. También está la exigencia de contar con una nueva entidad jurídica. Hay organizaciones que han decidido dejar de vender a la Unión Europea porque, en nuestros países, eso no es legalmente posible.

Son dificultades en la producción ecológica que podrían haberse evitado con un mejor diálogo. La debida diligencia, por su parte, está en principio muy alineada con Fairtrade.

Nota de redacción: el umbral de cinco hectáreas es uno de los criterios de acceso a la certificación ecológica en grupo del artículo 36 del Reglamento (UE) 2018/848. La norma también contempla criterios económicos alternativos y límites de superficie específicos para invernaderos y pastos permanentes.

¿Esa afinidad está abriendo puertas a Fairtrade en la práctica?

La debida diligencia ya está integrada en Fairtrade. Responde a lo que exigimos: una responsabilidad compartida. Si la industria entiende que la responsabilidad compartida que busca la Unión Europea ya forma parte de nuestro sistema, sería un beneficio muy importante para Fairtrade.

Creo que las propias empresas europeas todavía no tienen claro qué significa la responsabilidad compartida.

¿Qué mensaje quiere trasladar a quienes visitan Fairtrade en Fruit Attraction?

El primero es que cualquier cadena de suministro, especialmente la del banano, debe ser inclusiva. La mayoría de los productores son pequeños agricultores, aunque no sean quienes venden el mayor volumen. Representan una proporción muy elevada de los productores en todos los países.

Sin embargo, la cadena está avanzando hacia su exclusión. Eso tiene un gran impacto en el empleo, la migración y el desarrollo rural y comunitario. También afecta a la producción ecológica y al comercio justo, porque muchos pequeños agricultores tienen ambas certificaciones.

Queremos una cadena en la que pequeños, medianos y grandes productores puedan ganarse la vida dignamente y producir de manera sostenible.

El segundo mensaje es que debemos reforzar la capacidad de los productores para incidir de verdad en el precio del banano. Producimos el banano, pero no ponemos su precio. Eso resulta muy extraño: normalmente los productores ponen precio a su producto. En nuestro caso lo hace la distribución, y ese precio no cubre los costes que necesitamos asumir. La estrategia de las cadenas debe cambiar.

Después de tantos años de trabajo, ¿es optimista sobre la posibilidad de seguir avanzando hacia unas condiciones más justas?

Creo que podemos avanzar si logramos incidir en la Unión Europea para que quede claro qué se espera de las compañías europeas: una responsabilidad compartida en los ámbitos social, ambiental y de derechos humanos. Mi optimismo depende de que todo esto no quede como algo voluntario y opcional.

Autor: Oriol Urrutia, coeditor y politólogo

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