El conseller de Agricultura, Ganadería, Pesca y Alimentación de la Generalitat de Catalunya, Òscar Ordeig, visitó el 2 de noviembre las instalaciones de Cal Valls, en Vilanova de Bellpuig (Lleida). Acompañado de la alcaldesa, M. Dolors Pascual, y de representantes del Ayuntamiento y la Generalitat, conoció el trabajo de una de las familias pioneras de la agricultura ecológica en España.

Rubén Valls ejerció de anfitrión en una visita que contó con la presencia de la familia, incluido Manuel Valls Felip, impulsor de la conversión de las fincas al cultivo ecológico. La delegación recorrió el almacén y el obrador, donde pudo conocer la elaboración de sus conservas vegetales y zumos. El encuentro terminó con una degustación de productos de la casa.
Del campo al obrador
En Cal Valls, la agricultura y la elaboración de alimentos han crecido juntas. El origen de esta trayectoria está en Manuel Valls Sanfeliu, que transmitió a la familia su interés por el naturismo y la relación entre alimentación y salud. Su hijo, Manuel Valls Felip, llevó esas convicciones al campo: en 1978 viajó a Francia para aprender de agricultores que ya trabajaban en ecológico y, a su regreso, comenzó a aplicar sus métodos en las tierras familiares.
Los primeros años exigieron aprender a cultivar de otra manera y encontrar compradores para una producción que todavía carecía de un mercado consolidado. La huerta, además, planteaba una dificultad práctica: los alimentos frescos tenían una vida corta y el clima de Lleida limitaba la continuidad de las cosechas. Elaborar conservas permitió aprovechar la producción que no encontraba salida en fresco, trasladando al obrador los conocimientos que la familia ya utilizaba para su propio consumo.
El tomate pelado y el zumo de manzana estuvieron entre los primeros productos. Toda la familia participó en aquella etapa, desde la construcción de maquinaria hasta la adecuación de las instalaciones. Los herbolarios, las dietéticas y las cooperativas de consumidores fueron algunos de sus primeros aliados comerciales, como recordaba Daniel Valls en 2018, al repasar los 40 años de la empresa.
En 1989, con la creación del Consejo Regulador de la Agricultura Ecológica (CRAE), las fincas de Manuel Valls fueron las primeras inscritas y Cal Valls, la primera empresa elaboradora. La posterior certificación biodinámica Demeter abrió mercados internacionales. Durante los años noventa se incorporaron Daniel, Rubén y María Valls, dando continuidad al proyecto familiar y ampliando tanto la producción como la comercialización.
El producto y la información al consumidor
Hoy, esa experiencia se concreta en decisiones que empiezan mucho antes del envasado: qué variedades cultivar, cuándo recoger la fruta y cómo tratarla en el obrador. En una entrevista con Bio Eco Actual publicada el pasado junio, Daniel y Rubén Valls explicaban que sus zumos se elaboran sin concentrados, agua ni azúcares añadidos, y situaban el conocimiento del origen y de cada fase del proceso entre sus prioridades.
Ambos insistían también en el valor de la certificación ecológica y en la necesidad de que el comprador disponga de criterios para elegir: «Consideramos fundamental que el consumidor esté bien informado», señalaban. Una exigencia que vinculan a la calidad de los alimentos y a la transparencia sobre cómo se producen.
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