En un escenario global donde la sostenibilidad ha dejado de ser una promesa voluntaria para convertirse en una exigencia legal, las empresas se enfrentan a un desafío sin precedentes. Las nuevas normativas de la Unión Europea —como el Reglamento de Deforestación (EUDR), las leyes contra el greenwashing. o la Directiva de Diligencia Debida (CSDDD)— obligan a las empresas y sus marcas a demostrar de forma rigurosa el origen, la trazabilidad y el impacto ético de sus productos.

©Fairtrade Ibérica

Ahora es cuando Fairtrade complementa su modelo de certificación y se consolida como un socio estratégico integral. La presión regulatoria actual exige evaluar toda la cadena de suministro, y analizar lo que ocurre desde el origen en la parcela agrícola hasta las estanterías de venta de los productos. Aquí es donde el valor añadido de Fairtrade actúa como una herramienta facilitadora para cumplimiento normativo

Frente al Reglamento de Deforestación (EUDR): Aporta sistemas de trazabilidad y datos de geolocalización validados, asegurando que las materias primas provengan de zonas libres de deforestación. Facilita información y control para implementar la debida diligencia. La diligencia debida no es un documento. Es un proceso. La certificación Fairtrade puede aportar información y controles. La responsabilidad legal sigue siendo de la empresa correspondiente.

Frente a las Directiva de Diligencia Debida (CSDDD) y CSRD: Ofrece mapas de riesgos específicos por producto y región, auditorías independientes, mecanismos de reclamación efectivos y herramientas para prevenir y mitigar impactos adversos sobre los derechos humanos y el medio ambiente.

Frente a la Ley de Consumo Sostenible (Green Claims): Protege a las marcas del fraude ecológico garantizando que cualquier alegación social o ambiental esté respaldada por pruebas verificables de terceros.

Lo que diferencia a Fairtrade de otros esquemas de sostenibilidad es su profunda raíz en la justicia social y económica. Por un lado, cuenta con un Precio Mínimo Garantizado que protege a los agricultores frente a la volatilidad del mercado, complementado por la Prima Fairtrade, una financiación extra destinada a proyectos comunitarios y de desarrollo que ya supera los 2.000 millones de euros a nivel global en la última década.

Por otro lado, su gobernanza es pionera: es el único gran esquema global donde los productores poseen el 50% del poder de voto y de gobierno en la Asamblea General, garantizando que las decisiones respondan verdaderamente a las necesidades de quienes cultivan la tierra.

En un mercado saturado de etiquetas y sellos, la transparencia y la experiencia son un activo muy valorado por los consumidores. Según los datos del sector, 3 de cada 4 consumidores reconocen Fairtrade por encima de cualquier otro sello ético, destacando una confianza del 74% entre los compradores concienciados.

Para las marcas, asociarse al sello Fairtrade no solo mitiga riesgos legales y reputacionales, sino que genera una impresión altamente positiva en el 77% de los consumidores.

Fairtrade demuestra que la sostenibilidad empresarial y la rentabilidad no están reñidas con la justicia humana y ambiental. En la era de la exigencia normativa europea, contar con Fairtrade como aliado es una garantía de futuro … futuro más justo.

Autor: Alvaro Goicoechea, Director de Fairtrade Ibérica.

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