Para los padres, pensar que nuestros hijos no duermen bien, es muy frustrante. Sabemos todo lo que viene después de una mala noche para ellos y para nosotros. Las dificultades para dormir afectan hasta a un 50% de los niños.

Dormir bien
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Importa tanto la cantidad como la calidad del sueño, ya que cuando el cuerpo descansa es cuando se repara y recupera. Los niños en edad preescolar necesitan dormir entre 10 y 13 horas y los niños en edad escolar entre 9 y 11. Los adolescentes al menos entre 8 y 9 horas cada noche.

La falta de sueño hace que nuestros hijos estén mas irascibles, reactivos, tengan dificultades en mantener la atención. Los estudios científicos nos muestran que la falta de sueño puede también influir en el peso, el metabolismo y el sistema inmunológico, y es uno de los factores de riesgo de muchas otras patologías.

Para ayudar a nuestros hijos a dormir bien, es esencial establecer una rutina y cumplirla. No se trata solo de un horario, sino de ayudarles a descubrir qué es lo que les relaja antes de acostarse. Hábitos como tomar un baño antes de acostarse, leer lentamente y suave un cuento, hacerles un masaje e iniciar a los niños a conectar con su respiración, puede ayudar enormemente a relajarles y así facilitar el sueño. Se trata de establecer rituales beneficiosos para favorecer el sueño.

El qué comemos antes de acostarnos también influirá en la calidad del sueño. Incluir carbohidratos de absorción lenta y de fácil digestión, proteína vegetal, vegetales con alto contenido en magnesio (hortalizas de hoja verde cocidas) y ácidos grasos esenciales, puede ayudar a descansar a nuestros hijos.

Si las dificultades persisten, algunos extractos de plantas frescas, de yemas y aceites esenciales pueden ayudarles.

Los extractos glicerinolados (sin alcohol) de melisa, flores de azahar, pasiflora y amapola de California pueden ayudarnos a reducir el estrés, la excitación y contribuir a conciliar el sueño. También los extractos de yemas frescas de nogal, tilo, higuera y brotes de avellano, se recomiendan para reducir las somatizaciones del estrés en el cuerpo y mejoran el confort del sueño, aportando la sensación de “haber dormido bien”. Finalmente, algunos aceites esenciales como la lavanda, la flor de azahar, la corteza de mandarina, el mirto y la mejorana pueden también ayudar por sus beneficios calmantes, equilibrantes y reductores del estrés, la tensión y la excitabilidad del sistema nervioso.

Autora: Maribel Saíz Cayuela, Licenciada en Ciencias biológicas, PGD. Dietética y nutrición | Intersalabs – Mejora la calidad de vida de manera natural

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