Llega el momento: los bosques nos regalan cada año auténticas perlas que a menudo pasan desapercibidas. De casi todos los colores, formas y tamaños, las bayas son los frutos del bosque que maduran sobre todo en otoño. Vamos a recordarlas, junto con las plantas medicinales más cercanas para disfrutar de la estación y preparar el invierno.

Las bayas y frutos del bosque
Grosellas y frambuesas son dos de las más conocidas, incluso hoy podemos encontrarlas, de cultivo, en los comercios. Hay bastantes más, bellas y suculentas; solo hace falta localizarlas para darnos una merienda natural inolvidable. Y si sabemos escoger, todavía podremos elaborar exquisitos productos con las bayas de otoño que brotan entre la frondosidad. Encontraremos, por ejemplo, el escaramujo (Rosa canina), que aparece a menudo en los bordes de los caminos, o en los setos o claros de los bosques. Destaca por su enorme riqueza de vitamina C, y también contiene las vitaminas B, E, K, P y provitamina A. Durante siglos ha sido un auténtico tesoro para las regiones frías en las que no llegaban las naranjas. Se debe comer fresco y bien lavado (y evitar los irritantes pelitos que tapizan la parte interior). Por cierto, las rosas de jardín proceden de esta planta.
También podemos encontrar el serbal silvestre (Sorbus aucuparia), siempre astringente y diurético; el cornejo (Cornus sanguínea), que crece en barrancos y laderas sombrías al norte de la Península; el saúco (Sambucus nigra), tan importante para cuando llegue el invierno y los resfriados, o la popularísima zarzamora (Rubus ulmifolius), rica en calcio y potasio, carbohidratos, vitaminas A y C, y con un sabor muy agradable. Y el endrino, el agracejo, el lentisco, el rusco, las flores de madreselva, el mostajo, el madroño…
Precaución. Hay que tener en cuenta que hay otras plantas que pueden traer complicaciones, sobre todo a grandes dosis. Existen bayas venenosas que conviene saber distinguir y ante la duda es mejor no comerlas. Estas cinco son bastante comunes y causan trastornos narcóticos, intestinales, cardíacos o abortivos. Son el tejo (Taxu baccata), el aligustre (Ligustrum vulgare), la nuez negra (Tamus communis), la dulcamara (Solanum dulcamara) y el muérdago (Viscum álbum), cuyo extracto es, curiosamente un poderoso recurso anticáncer. Las bolitas de muérdago son en realidad un parásito que crece en manzanos, perales, chopos, pinos o robles, pero son venenosas y su manipulación es arriesgada si no se conoce el procedimiento, hoy en manos de los laboratorios.

Plantas medicinales en otoño
El clima invita a las excursiones o a dar un buen paseo por el campo y la montaña. Nos encontraremos de nuevo con el tomillo (Thymus vulgaris), la salvia (Salvia officinalis), el hinojo (Foeniculum vulgare), el romero (Rosmarinus officinalis) o la saponaria (Saporiana officinalis), la popular hierba jabonera con cuya raíz podemos tratar afecciones cutáneas, trastornos reumáticos e infecciones osteoarticulares. Y también nos fijaremos en:
La achicoria (Cichorium intybus). Las raíces y las hojas de las achicorias se usaban para estimular el apetito, para los problemas digestivos, hipertensión y alteraciones hepáticas. El tallo de las hojas, que se recoge hasta el final del verano, es un buen diurético, laxante y depurativo natural. Y en octubre se desentierran las raíces (tostadas son un sustituto del café). Las hojas jóvenes frescas se comen en ensalada (aunque es más habitual la utilización de su prima, la endivia (Cichorium endivia).
La brecina (Calluna Vulgaris). Es menos frecuente en el mediterráneo, pero sí en gran parte de Europa y en amplios rincones de la península ibérica. Es una planta diurética que sirve también para tratar úlceras de la piel, gingivitis, heridas, diarreas, y como antiséptica de las vías urinarias en casos de cistitis. La reconoceréis por las ramas, rematadas por racimos de flores de color rosa, anaranjado y blanco.
La genciana (Gentiana lutea). Estimula el apetito, las secreciones y la motilidad gástrica y biliar. También es un poderoso reconstituyente y tónico, de ahí que se emplea frecuentemente en preparados digestivos, antianoréxicos y para trastornos hepatobiliares (solo está contraindicada en caso de úlceras gástricas y duodenales). Se cosecha la raíz de plantas de cinco años o más. Parece ligeramente dulce al principio, pero después es un amargo excelente.
El cardo mariano (Silybum marianum). Sus semillas son ricas en silimarina (1,5-3%), y con una importante acción medicinal desintoxicante y regeneradora de células hepáticas. Es una planta muy útil para el tratamiento de hepatitis, cirrosis y casos de hígado graso. Hay también quien consume sus hojas, peladas y frescas en ensalada y el zumo de su tallo, coronado por inflorescencias de tonos púrpura (a veces blancas). En medicina natural es un recurso excelente en caso de congestiones y trastornos del hígado. Se recolecta todo el mes de octubre.
El enebro (Juniperus Communis). Sus frutos, de olor aromático y sabor dulce y especiado, se emplean en la elaboración de ginebra (si abres una de sus bolitas negras y la hueles, la reconocerás enseguida). Suele recolectarse hasta finales de noviembre y solo está contraindicada durante el embarazo y en caso de afecciones renales de naturaleza inflamatoria. Si no nos excedemos en la dosificación y no se utiliza prolongadamente, es un excelente diurético y antiséptico urinario, un buen digestivo y hasta un expectorante.
Autor: Jaume Rosselló, Editor especializado en salud y alimentación
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