Recientemente el gobierno de Dinamarca ha aprobado una polémica legislación por la que se prohíbe el sacrificio de animales sin aturdimiento previo en los mataderos de Dinamarca. Esta decisión ha soliviantado a la comunidad judía y a la musulmana del país nórdico que acusan al gobierno danés de no respetar la libertad religiosa. Hablamos de la carne halal y kosher y el problema de los «derechos».

También la Comisión Europea se ha manifestado contraria a que un país de la Unión Europea, por libre, legisle sobre un asunto que, defiende, debe ser legislado a nivel comunitario.

La raíz de la polémica deriva de la interpretación del Tratado de Lisboa que obliga a las instituciones comunitarias a legislar teniendo en cuenta la libertad religiosa y el respeto de los ritos religiosos por un lado e introducir criterios de bienestar animal que tengan en cuenta que los animales son seres sensibles, con capacidad de sufrir, por el otro. El conflicto entre ambos “derechos” se manifestó claramente en la legislación sobre mataderos.

Por un lado el “derecho” de los animales a morir de una forma digna se reconoció en una obligación de aplicar el “aturdimiento previo” a todos los animales con el fin de minimizar su sufrimiento al ser matados. Por otra parte el “derecho” de las comunidades religiosas a practicar sus ritos se plasmó en una excepción para ellos de esta obligación de “aturdimiento previo” para los animales sacrificados para la producción de carne Halal (musulmanes) y Kosher (judíos). En cierta forma la decisión del gobierno danés de anular esta excepción y forzar al aturdimiento previo de todos los animales significa colocar el “derecho” de los animales a no sufrir por encima de la libertad de practicar los ritos religiosos.

Mi intención aquí no es elaborar un ensayo de filosofía legal sobre qué derecho precede o prevalece pero considero importante aclarar algunos aspectos sobre esta materia.

Un cliente que no es musulmán ni judío está comprando, sin saberlo, carne Halal y Kosher que, seguramente, procede de animales que no han sido aturdidos antes de su sacrificio

En primer lugar los ritos musulmanes y judíos  exigen que los animales estén “vivos” en el momento de ser desangrados. “Vivos” no significa “conscientes” por lo que la inclusión del aturdimiento previo, que en teoría aturde pero no mata, no entraría en contradicción con los ritos religiosos. Es cierto que la aplicación incorrecta, por exceso, en los mataderos de los sistemas de aturdimiento hace que los animales puedan llegar ya muertos al punto de desangrado pero la solución a este problema no es la negación del aturdimiento como sistema sino su aplicación correcta. En este punto estaría completamente de acuerdo con los grupos judíos y musulmanes.

Es necesario corregir las deficiencias en el uso de los sistemas de aturdimiento tanto por exceso, como por defecto, para evitar que los animales lleguen al corte de desangrado muertos o plenamente conscientes. De hecho la mayoría de las comunidades musulmanas de países como Alemania o Reino Unido, muy numerosa, aceptan la carne Halal procedente de animales aturdidos previamente sin ningún problema. No ha sido el caso de la comunidad judía cuya oposición al aturdimiento previo se mantiene firme.

Además existe otro problema añadido. Las comunidades musulmanas y, sobre todo, judías solo consumen parte de la canal del animal. ¿Qué ocurre con el resto? Si tenemos en cuenta que la mayoría de los mataderos que producen carne Halal y Kosher son mixtos y, por lo tanto, también producen carne convencional, la respuesta es evidente. Ese resto se desvía al consumo de carne convencional por lo que un cliente que no es musulmán ni judío está comprando, sin saberlo, carne Halal y Kosher que, seguramente, procede de animales que no han sido aturdidos antes de su sacrificio.

Estoy de acuerdo en que es necesario garantizar el derecho de todos pero el mismo derecho que asiste a judíos y musulmanes a obtener en el mercado productos alimenticios que respeten sus creencias, me asiste a mí a encontrar productos que garanticen las mías.

Si la Unión Europea no quiere que cada país vaya legislando por su cuenta y riesgo, es urgente que legisle para que en el etiquetado de los productos cárnicos se incluya la información sobre si procede de un animal aturdido previamente o, acogiéndose a la excepcionalidad religiosa, no lo ha sido. De esta manera  garantizaríamos los derechos de todos a elegir según nuestra conciencia, en plena libertad y sin imposiciones.

Autor: Alberto Díez, director de ANDA – andacentral.org

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