Normalmente y a menos que tengamos la suerte de vivir en la montaña, los niños no descubren la naturaleza salvaje hasta que los padres les llevan por primera vez. Puede que dicho descubrimiento llegue de la mano de su escuela, durante unos campamentos o de una agrupación o club excursionista.

paso a paso ninos montana

Sea como fuere, es importante que el primer contacto de los niños con la montaña sea lo antes posible, pues la cantidad de información y detalles que van a recibir antes de los cinco años les será muy útil a la hora de formarse física e intelectualmente y poco a poco, la montaña les acompañará, familiarizándose con un entorno lleno de vida, emoción y grandes espacios.

Seguir una pauta sencilla y práctica nos ayudará a preparar nuestras actividades y a seleccionar destinos que se adapten a nuestros gustos y necesidades.

Antes de partir, tendremos muy claro donde vamos y lo que nos vamos a encontrar. Un buen estudio previo del terreno o la zona nos ayudará a no llevarnos sorpresas. Es importante comprar mapas con antelación.

A la hora de iniciar a los niños, lo ideal es llevarles a montañas de entre 1.000 y 2.000m, aunque en cotas inferiores también pueden practicar senderismo y otras actividades de montaña.

Hacer de las salidas a la montaña una experiencia inolvidable es responsabilidad nuestra, no de los niños. Por supuesto que la predisposición ayuda, pero la motivación corre a cuenta de los padres y familiares. Son los niños los que marcan el ritmo, no los padres.

Debemos evitar situaciones que les generen miedo, ansiedad, nervios e inseguridad. Es importante educarles en la montaña a partir de una progresión lenta pero segura.

Llevar bebes de dos o tres meses en una mochila delantera a la montaña es perfectamente viable si se avanza por un terreno poco accidentado o se tiene experiencia en media y alta montaña.

Gradualmente subiremos la cota y el nivel de dificultad, equipándonos correctamente a la vez que transmitimos a los niños la importancia de la prevención de riesgos y la seguridad en alta montaña.

Si nuestra intención es subir a dormir a un refugio y el sendero no ofrece grandes complicaciones, subiremos tranquilamente realizando breves paradas para comprobar que todo esté en orden y que el niño o niños vayan cómodos.

Lo mejor que le puede pasar a un niño en la montaña es que entable amistad con otro de mas o menos su edad. De ese modo compartirán experiencias y aventuras, jugarán, descubrirán nuevas sensaciones y se ayudarán los unos a los otros.

Autor: Víctor Riverola, periodista, escritor y alpinista

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