En los inicios de la agricultura ecológica, hablar de compostaje era hablar de una técnica completamente nueva y desconocida para la mayor parte de hortelanos. Ahora, ya hace muchos años que hablamos de ello. No sólo los que nos dedicamos, sino que forma parte de las propuestas de mejora de la gestión de los residuos que proponen muchas instituciones públicas.

El compostaje, clave del éxito del huerto ecológico

La materia orgánica es un bien escaso en nuestros suelos y no nos podemos permitir el lujo de perder ni un gramo. Los ayuntamientos y los centros educativos (ya tenemos muchas escuelas que enseñan a los niños a compostar) han sido grandes divulgadores de esta técnica para reciclar los restos de materia orgánica que generamos en nuestro día a día.

A pesar de que la naturaleza nos lo suele poner fácil, la técnica del compostaje va más allá de hacer un montón de materia orgánica y esperar a que fermente hasta convertirse en compost. Si lo hacemos mal tenemos el riesgo de perder muchas de las magníficas propiedades y nutrientes que el compuesto confiere al suelo de nuestra huerta.

Por ello, es muy recomendable tener en cuenta algunas de las bases del proceso de compostaje. Se trata de un proceso de fermentación de la materia orgánica donde intervienen muchos tipos de organismos: bacterias, hongos e invertebrados de diferentes tipos. Como todo proceso bioquímico es necesario que se den unas condiciones específicas. Lo más importante es que haya un equilibrio entre el agua y el aire que hay en los espacios libres. Si falta aire, la mezcla no fermentará, se pudrirá. Y si falta agua, no habrá fermentación y la mezcla no evoluciona o lo hace muy lentamente.

A su vez necesitamos que haya la proporción adecuada de carbono y nitrógeno, ambos elementos imprescindibles para que los microorganismos inicien su labor, ya que es la base de su alimentación. Si falta carbono no hay fibra y por lo tanto veremos la materia vegetal desaparecer y no tendremos compuesto. Si falta nitrógeno, una vez más, el proceso será muy lento.

La traducción práctica de este razonamiento es que necesitamos una mezcla equilibrada entre materias frescas y materias estructurantes, tal como indican muchas guías de compostaje. La materia fresca proporciona humedad y nitrógeno. Son ejemplos de materia fresca los restos de cocina, los restos de hortalizas del huerto y el césped cortado. Las materias secas o estructurantes proporcionan carbono y facilitan que haya poros dentro de la mezcla por los que circula el aire. Son ejemplos de materia seca la paja, las ramas de podar trituradas o las hojas secas de los árboles.

Autora: Montse Escutia, Ingeniera agrónoma especializada en agricultura ecológica – Plataforma de Formación Cultivabio Asociación Vida Sana www.cultivabio.org

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