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El frijol es un ingrediente central en la dieta de millones de personas, especialmente en el continente americano, por su alto valor en proteínas, fibra y carbohidratos. Los fríjoles combinados con arroz o maíz, forman una proteína completa.

Las judías, alubias, habichuelas, frijoles o porotos son Phaseolus vulgaris, la especie más conocida del género Phaseolus, perteneciente a la familia Fabaceae. Es una especie anual oriunda de Mesoamérica. Hoy, sus numerosas variedades se cultivan en todo el Planeta para el consumo, tanto de sus vainas verdes, como de sus semillas frescas o secas. Actualmente, los principales productores mundiales de frijoles son Brasil, México, India, Birmania, China, Estados Unidos, Tanzania, Kenia, Argentina y Uganda.

El cultivo del frijol comenzó en dos áreas distintas de forma independiente una de la otra: el primer foco de domesticación se originó hace unos 7.000 años, en lo que hoy es México y Guatemala y, el segundo, en la Cordillera de los Andes, en lo que hoy es Perú y Ecuador. Ambas variedades, mesoamericana y andina, comparten una especie extinta como un ancestro común que se diversificó hará unos 11.000 años.

Sin duda, es uno de los alimentos más antiguos conocido por la Humanidad como fuente de proteína

Cuando los invasores del Imperio español llegaron a México, florecían diversas variedades de frijoles. Cristóbal Colón les llamó “faxones” y “favas” por su semejanza con las habas del Viejo Mundo. Los aztecas los llamaban “etl”, los mayas “búul” y “quinsoncho”, los incas “purutu”, los cumanagotos de Venezuela “caraotas”, en el Caribe les denominaban “cunada” y los chibchas “histe”. Los primeros exploradores y comerciantes esparcieron rápidamente las variedades de frijol americano por todo el mundo, y a principios del siglo XVII, los frijoles ya eran un cultivo popular en Europa, África y Asia, pues se pueden adaptar a climas y suelos diversos.

La especie fue descrita por Carlos Linneo en 1.753, publicada en Species Plantarum, vol II.

Hasta hace pocos años, las hipótesis de más crédito en relación al origen del frijol indicaban que, a partir de un área en las laderas occidentales de los Andes, la legumbre empezó a dispersarse de forma natural hacia el norte del continente, expandiéndose por Colombia, Venezuela, Guatemala y México, y hacia el sur, al resto de Perú, Bolivia y Argentina. Pero, recientemente, un estudio genético desarrollado en la Universidad Politécnica delle Marche, en Ancona (Italia), publicado en la revista de la Academia de Ciencias de Estados Unidos, Proceedings of the National Academy of Sciences, PNAS, ha concluido que la especie original es nativa de Mesoamérica.

Los investigadores compararon una amplia colección de variedades de frijoles clasificados según su distribución geográfica en las formas silvestres de la especie y analizaron la diversidad de los nucleótidos en cinco posiciones de un gen en un cromosoma que está presente tanto en las variedades domesticadas como en las silvestres. Las diferencias entre las dos grandes fuentes genéticas se basan en variaciones en el tipo de proteína y en el ADN mitocondrial, entre otros criterios científicos.

Determinar el origen y evolución de especies de cultivos para producir alimentos es un requisito importante para la futura conservación de las mismas.

Autora: Helena Escoda Casas, Licenciada en Historia (UAB)

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Bio Eco Actual Agosto 2020

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