madroño l'arboç

Durante estos días de frío no faltarán frutos de madroño maduros, su color rojizo caracteriza los bosques mediterráneos de otoño e invierno, son dulces que nos acompañan en las excursiones, su mejor época de maduración, otoño y principios de invierno, coincide con el comienzo de la temporada de ir a recoger setas.

Popularmente, también se les conoce como artabellacos, fartabellacos y borrachines, sobrenombre merecido porque los frutos maduros producen pequeñas dosis de etanol (CH2OH-CH3), una fermentación alcohólica. Comer madroños en grandes cantidades nos podría provocar estado de embriaguez. Su nombre científico Arbutus Unedo significa: sólo debes comer uno... advierte que comer mucha cantidad resulta indigesto. En Catalunya se le llama cireres d’arboç o de pastor, en Portugal medronho, en Galicia érbedo y en Euskadi gurbitz.

En la mitología griega, cuenta una leyenda que de la sangre del gigante Gerión, vencido por el griego Hércules, nació un árbol que daba frutas sin hueso en la época en que salen las Pléyades. Esta especie vegetal oriunda de Europa meridional, produce flores y bayas al mismo tiempo y se encuentra muy extendida por toda la región boscosa mediterránea, sobretodo, en la Península Ibérica, donde es un símbolo emblemático en la cultura popular. Junto a un oso, este árbol lleno de frutos maduros aparece en el escudo de la ciudad de Madrid. El arbusto perenne Arbutus Unedo forma parte de la amplia familia Ericaceae, compuesta por 11 especies, entre las cuales se encuentran los arbustos que producen arándanos, brezos, gayubas y brecinas, conocidas como Ericáceas.

Sin embargo, es curioso que un fruto tan abundante en nuestros paisajes más cercanos tenga una presencia tan poco relevante en nuestro patrimonio culinario del presente, para nada abunda en los mercados… En siglos pasados, en la vida cotidiana de los pueblos del sur de Europa, era muy común la elaboración de mermeladas y confituras a base de madroños, para aderezar guisos o preparar salsas para platos salados, para obtener sidras y vinagres a través de su fermentación, por ejemplo, el «licor de madroño» alicantino. En algunas zonas del Mediterráneo (como en Argelia, en Italia y en la isla de Córcega), los frutos fermentados todavía hoy se usan para preparar un vino que, destilado, permite obtener un tipo de brandy. Como excelente planta melífera, en tiempos pasados, en España se utilizaba para obtener azúcar. En Portugal todavía es popular preparar de forma casera un aguardiente tradicional de madroño.

Por supuesto, también ha sido empleado por sus virtudes medicinales

La corteza se ha utilizado en medicina natural como diurético, astringente, antiséptico urinario y renal y como antibiótico para combatir resfriados y gripes. Rico en sustancias flavonoides con una interesante acción antioxidante, recientemente ha sido convertido en objeto de estudio clínico, cuyos resultados apuntan que sus frutos comestibles y hojas podrían utilizarse en el tratamiento y en la prevención de enfermedades cardiovasculares, pues los taninos presentes en las hojas del árbol son los responsables de la actividad cardioprotectora.

Autora: Helena Escoda Casas, Licenciada en Historia (UAB)

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