El fósforo es un elemento importante en la alimentación infantil porque mantiene, junto con el calcio, nuestros huesos fuertes. Además es esencial para almacenar y producir energía y para garantizar que los músculos, incluyendo el corazón, trabajen adecuadamente. Es, después del calcio, el mineral más abundante en nuestro cuerpo.

Que no te líen con el fósforo

Dicho esto, y a diferencia del calcio, el fósforo es uno de los nutrientes más fáciles de conseguir, ya que está presente y en cantidades generosas en la mayoría de alimentos. Una persona sana sin problemas de malabsorción no se va a quedar sin fósforo a menos que literalmente deje de comer.

Un bebé de 8 meses necesita 300 mg de fósforo al día. Cuatro cucharadas soperas de lentejas cocidas (50g) y 50g de tofu ya le proporcionan la mitad. Una cucharada sopera de semillas de calabaza molidas y dos cucharadas soperas de copos de avena le proporcionarían la otra mitad. Una adolescente de 13 años necesita 1250 mg de fósforo al día. Dos rebanadas de pan integral, 90g de tempeh, medio plato de guisantes tiernos, un puñado de anacardos, una ración de quinoa cocida y un plato de alubias pintas cubrirían el 100% de sus necesidades.

No se ha descrito la deficiencia de fósforo en niños, adolescentes o adultos que comen suficientes calorías. No es un problema por el que nos debamos preocupar.

Sin embargo, uno de los reclamos publicitarios que escuchamos con más frecuencia es que tal alimento es “rico en fósforo”. No importa lo poco saludables que sean los ingredientes del producto en cuestión ni si tiene un exceso de grasas saturadas o azúcar, que si aporta fósforo ya parece motivo suficiente para dárselos a nuestros niños y niñas.

Bueno, pues no les creas. Si un alimento para niños usa como reclamo publicitario que es “rico en fósforo”, mala señal. Significa que no tiene mucho más que ofrecer en términos de nutrición.

¿Qué es lo que sí nos debería preocupar?

Más habitual que tomar poco es tomar demasiado fósforo. Las dos formas más comunes de añadir fósforo a nuestra alimentación es bien a través de productos procesados que usan fosfatos como aditivos; o bien a través de refrescos carbonatados tipo cola que contienen enormes cantidades de ácido fosfórico. Estas bebidas son muy perjudiciales, no solo por su contenido en azúcar, sino porque el exceso de fósforo va a dificultar una correcta absorción y utilización del calcio que los niños y adolescentes tanto necesitan.

Autora: Miriam Martínez Biarge, Médica Pediatra | mipediatravegetariano.com

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