Una de las prácticas que recomiendo incluir de forma más o menos regular en nuestra vida es la práctica de ayunos cortos, cuyos beneficios son cada día más claros y conocidos. Si nos paramos a pensar, la forma de comer actual (3 comidas abundantes más snacks entremedio) es una pauta reciente de nuestra cultura, relacionada más con la disponibilidad y el exceso que con la biológica. También en las tradiciones de medicina natural el ayuno ha tenido un lugar predominante (Paracelso decía que el ayuno era de los mejores remedios terapéuticos).

Beneficios del ayuno

Se ha visto que restringir la ingesta calórica mediante ayunos cortos tiene muchos beneficios, y nuestra fisiología tiene mecanismos para afrontarlo (durante milenios hemos tenido que adaptarnos a no tener siempre disponibilidad de comida). Cuando ayunamos, la vía natural que tiene el cuerpo de alimentar a sus células con glucosa se transforma, ya que una vez que la reserva de la misma se agota (en forma de glucógeno), el metabolismo cambia: por un lado se producen cuerpos cetónicos, que provienen de quemar grasas, para que el cerebro pueda seguir funcionando; por otra parte se sintetiza glucosa a partir de proteínas y glicerol (también del metabolismo graso) para alimentar a las células.

Uno de los beneficios claros del ayuno es la reducción de insulina en sangre

Es decir, uno de los beneficios claros del ayuno es la reducción de insulina en sangre que lleva al uso de grasa como combustible; además se neutraliza el efecto de la inflamación sistémica que produce las descargas frecuentes de insulina, y que contribuyen a muchas de las enfermedades de nuestro tiempo. Ayunar hace que nuestro metabolismo  por un lado sea más adaptable y no dependa tanto de la glucosa, y también que aumente su ritmo. Además se activa un proceso de limpieza celular que nos protege de enfermedades como el cáncer y fortalece el sistema inmunitario; y por si fuera poco, favorece la actividad cerebral y la claridad mental.

Activa un proceso de limpieza celular que nos protege de enfermedades como el cáncer y fortalece el sistema inmunitario

Hay diferentes formas; recomiendo al menos ayunar 12 horas cada día (es decir, si ceno a las 9, no comer nada antes de las 9 del día siguiente); pero hay alternativas un poco más intensas: por ejemplo ayunar 24 horas un día a la semana, o cada 15 días (desayuno un día y no como nada hasta el desayuno del día siguiente; o al revés; ceno un día y no tomo nada hasta la cena siguiente). También puedes probar saltarte la cena de vez en cuando, o alguna de las comidas. Cada uno tiene que encontrar el estilo que le es más beneficioso. Y si quieres alargarlo es mejor que te pongas en contacto con un profesional.

Autora: Dra. Eva T. López Madurga. Médico especialista en Medicina Preventiva y Salud Pública. Consultora de Nutrición, Macrobiótica y Salud Integral www.doctoraevalopez.com

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