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La primavera es una estación de renovación, apertura y expansión en que los días se irán alargando hasta San Juan, la noche más corta del año. Hay todo un movimiento de nacimiento en la naturaleza con un color predominante, el verde: del campo, de las hojas de los árboles y de los brotes que ascienden; siempre combinado con los colores de las flores. Así debe ser nuestra alimentación en esta época del año, con frutas y verduras verdes y de colores que nos ayuden a depurarnos de los excesos del invierno y a preparar el cuerpo para el aumento de temperatura, hasta el calor del verano.

De temporada: Hortalizas verdes depurativas y frutas de colores antioxidantes

En la Medicina Tradicional China, el verde es el color de la primavera. Las hortalizas verdes son ricas en clorofila, un pigmento con efecto depurativo, refuerza el sistema inmune y ayuda a prevenir la anemia. El órgano asociado es el hígado y la primavera nos ofrece verduras depurativas para apoyar a este órgano emuntorio en sus procesos de desintoxicación. El sabor de la primavera es el ácido, pero nos ayudaremos de alimentos de sabor amargo que tienen tropismo por el hígado y apoyan sus funciones de depuración.

Amargos verdes de primavera

En el final del invierno ya nos llegaron las alcachofas, reconocidas por su acción depurativa y diurética. Su contenido en fibra soluble ayuda a limpiar el intestino, favorece el tránsito intestinal y tiene una acción preventiva de las enfermedades cardiovasculares. Además, es saciante y es muy útil en dietas de adelgazamiento. De hecho, muchos complementos depurativos son a base de alcachofera ya que la cinarina que contienen ayuda a regenerar las células hepáticas.

También hay que incluir hortalizas ascendentes como los espárragos.  Ricos en fibra prebiótica, clorofila y antioxidantes. Son un gran diurético, gracias a la asparagina y estimulan el hígado en sus procesos de depuración.

Los germinados son el máximo exponente del despertar de la primavera. Son los embriones de futuras plantas y, por lo tanto, todavía están vivos cuando los consumimos. Son ricos en vitaminas, minerales, antioxidantes y clorofila. Además, contienen hasta 100 veces más enzimas que en la semilla o la planta, que facilitan la digestión de los alimentos. Los más conocidos son los de alfalfa, pero también hay de lentejas, puerro, remolacha, fenogreco, etc. Se pueden añadir a ensaladas o cremas de verduras.

Los germinados son el máximo exponente del despertar de la primavera

Un clásico de la primavera son las ensaladas a base de amargos: escarola, rúcula, canónigos o endivias con rabanitos, cebolleta y germinados. Podemos completar la ensalada con fermentados como el chukrut (probiótico) y una vinagreta con aceite de oliva virgen y limón para aportar el sabor ácido. Una combinación perfecta para apoyar la depuración hepática.

También es época de habas, guisantes y tirabeques; leguminosas frescas y primaverales. Los guisantes más tiernos, conocidos como tirabeques, son una delicia con una cocción rápida al vapor o salteada. Guisantes y habas combinan muy bien su sabor con la menta, que además las hace más digestivas.

Frutas de colores en primavera

¿Y el color? Pues de las frutas, especialmente rojas y naranjas. Es época de fresas, fresones, frambuesas y cerezas, muy ricas en antioxidantes gracias a su contenido en antociadinas. Son muy interesantes para favorecer la circulación sanguínea.

Nísperos, albaricoques y nectarinas también con efecto antioxidante, muy recomendables por su aporte en betacarotenos, que nos ayudarán a preparar la piel para el verano.

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Autora: Lluca Rullan, periodista especializada en nutrición y salud natural. Dietista con perspectiva integrativa

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