Llevamos ya unas cuantas semanas de primavera, y con ella ha llegado el buen tiempo y con él, una vez más, la alergia primaveral (lagrimeo, dolor de cabeza, moqueo, irritación de las mucosas).

Alergia-primaveral

Aunque lo obvio es considerar que el polen es la causa de la alergia, cabe preguntarnos ¿por qué estos pólenes afectan a algunas personas y no a todas? Quizás el polen no sea la causa primera, sino el eslabón final de un proceso donde es el sistema inmune de las personas alérgicas el que está teniendo una reacción exagerada  a las gramíneas.

Hay algunos aspectos de la alimentación que contribuyen a favorecer esta sobrerreacción inmunitaria. Por un lado las proteínas de la leche, sobre todo la caseína, tienen un gran poder antigénico, ya que al no metabolizarse bien irritan a nuestro sistema inmune; además, la cantidad de hormonas, antibióticos y otros medicamentos que se les da al ganado, o todos los procesos de manipulación de la leche para su consumo humano (pasteurización, uperización, esterilización) todavía alteran más un producto que en su naturaleza no está destinado para nuestro consumo.

Hay algunos aspectos de la alimentación que contribuyen a favorecer esta sobrerreacción inmunitaria

También hay que tener en cuenta todos los productos químicos que se utilizan en la elaboración o manipulación de los alimentos: pesticidas, conservantes, antioxidantes, nitratos, fosfatos, etc. Y no podemos olvidar el consumo de carne, que pone en marcha en el cuerpo procesos inflamatorios.

¿Qué podemos hacer entonces para ayudar con la alimentación a revertir esta situación?

  • Para empezar y de forma obvia, evitar la leche y los derivados lácteos completamente, aunque nos sienten “aparentemente” bien. Hay que tener en cuenta que el consumo de estos productos se ha disparado en las últimas décadas.
  • Evitar la carne, sobre todo la de cerdo, por su gran contenido en histamina, y todos los alimentos derivados de él (jamón york, embutidos…)
  • Tomar alimentos biológicos (tienen más nutrientes y no tienen los residuos químicos de la industria agroalimentaria), y excluir lo que llamamos comestibles (alimentos que han sido manipulados por la industria para nuestro consumo: sopas de sobre; precocinados; congelados, etc.)
  • Y tomar alimentos naturales, es decir, aquellos que produce la naturaleza y que nos llegan lo menos manipulados posibles y lo más cercano a su versión original. Por lo tanto, utilizar alimentos integrales (cereales integrales, legumbres, verduras, algas, frutos secos y semillas), haciendo hincapié en los cereales integrales, que ayudarán a reequilibrar esta situación.

Autora: Dra. Eva T. López Madurga. Médico especialista en Medicina Preventiva y Salud Pública.  Consultora de Nutrición, Macrobiótica y Salud Integral | www.doctoraevalopez.com

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