La herencia que estamos dejando a las futuras generaciones está cargada de hipotecas. Un clima cada vez más adverso, miles de especies desaparecidas del planeta para siempre, residuos de plástico en los rincones más insospechados y, por si fuera poco, contaminación atmosférica: un aire que amenaza la salud de sectores tan sensibles como los jóvenes. 

Contaminación atmosférica que afecta a los niños

Sin ir más lejos, el más reciente informe de calidad del aire presentado por la ONU destaca que la contaminación provoca la muerte de 600.000 niños y niñas en todo el mundo cada año debido a infecciones respiratorias agudas de las vías respiratorias bajas, según un detallado informe presentado el pasado mes de octubre por la Organización Mundial de la Salud (OMS).

Pero los problemas de salud que provocamos en la población infantil con actividades como la industria o el tráfico no se limitan a las infecciones respiratorias. Los expertos de la OMS recordaban en este informe del mes de octubre de 2018 que respirar aire contaminado puede dar lugar a que las embarazadas den a luz prematuramente y a que los recién nacidos sean más pequeños y de bajo peso. Además, esta contaminación afecta al desarrollo neurológico y la capacidad cognitiva de niñas y niños, y puede causarles asma y cáncer.

“Los niños que han estado expuestos a altos niveles de contaminación del aire corren también más riesgo de contraer afecciones crónicas, como las enfermedades cardiovasculares, en etapas posteriores de su vida”, recordaba el informe de la OMS.

Los problemas de salud que provocamos en la población infantil con la industria o el tráfico no se limitan a las infecciones respiratorias

La preocupación por la calidad del aire en las grandes ciudades se ha incrementado en los últimos años en todo el mundo -con especial atención a grupos de población sensible como los jóvenes-, aunque en muchas ocasiones sólo se expresa cuando se producen situaciones límite, como los episodios de contaminación en capitales como Madrid y Barcelona.

Para no centrarnos sólo en nuestro país, podemos recordar que las autoridades de Ciudad de México suspendieron las clases en los centros escolares la segunda semana de mayo debido a los altos niveles de contaminación registrados en esta capital.

El problema es que este tipo de situaciones se repiten con mucha frecuencia y, además, existen datos suficientes para asegurar que las escuelas de buena parte de nuestras ciudades se encuentran en zonas muy expuestas a la contaminación, en muchas ocasiones, a escasos metros de calles y carreteras muy transitadas -y por tanto, muy contaminadas.

Contaminación atmosférica que afecta a los niños

Los principales peligros considerados hasta ahora por los expertos en el estudio de la contaminación y sus efectos en la población más joven eran la exposición a partículas o compuestos peligrosos presentes en el aire en calles y patios de las escuelas, pero un equipo de expertos del Instituto de Salud Global (ISGlobal) de Barcelona ha demostrado ahora que también en el interior de las aulas se acumulan contaminantes altamente perjudiciales para la salud infantil, entre ellos el dióxido de nitrógeno (asociado principalmente a la combustión de motores diésel y gasolina).

El equipo liderado por Jordi Sunyer, del ISGlobal, ha analizado durante los últimos años la calidad del aire en 39 escuelas de Barcelona, concluyendo que dentro de las aulas se alcanzan niveles de contaminación similares a los del exterior. La proximidad de las escuelas a las calles con elevado tránsito de vehículos y la falta de sistemas eficientes de ventilación y depuración del aire interior explicarían la negativa situación en las aulas.

En otro de los estudios recientes de ISGlobal en esta materia, los expertos concluyeron que la exposición a la contaminación del aire, especialmente en la escuela, podría asociarse con un mayor riesgo de sobrepeso y obesidad en la infancia. En este caso se analizaron datos de 2.660 niños y niñas de entre 7 y 10 años de 39 escuelas de primaria de la ciudad de Barcelona.

Este estudio, publicado en la revista Environment International y realizado en el marco del proyecto Breathe, destaca por haber planteado por primera vez el estudio del riesgo de obesidad y sobrepeso en relación a la exposición a la contaminación del aire tanto en la escuela como en la vivienda familiar, los dos ambientes donde los escolares pasan más tiempo.

La preocupación por la calidad del aire en las grandes ciudades se ha incrementado en los últimos años en todo el mundo

La calidad del aire en las escuelas y los efectos de la contaminación en el desarrollo infantil también han sido estudiados con especial dedicación en países como Reino Unido y Estados Unidos. Un estudio liderado por Claudia Persico, profesora de la Universidad Americana en Washington, publicado el pasado mes de enero en la revista del NBER, analizó la relación entre los niveles de contaminación atmosférica en escuelas y los resultados académicos, analizando en concreto los resultados de alumnos que por motivos familiares habían cambiado de escuela. En conjunto, los alumnos que habían estudiado en escuelas con mejor calidad del aire -situadas todas ellas lejos de vías con mucha circulación de vehículos-tenían unos resultados académicos ligeramente superiores a los alumnos de escuelas con peor calidad del aire.

Un trabajo científico similar llevado a cabo en California mostró que los niños y niñas que crecen en zonas de alta contaminación atmosférica padecen alteraciones en el desarrollo pulmonar, un trastorno que se revierte en el caso de la población infantil que por motivos familiares o de salud cambia de residencia y pasa a vivir en zonas con aire de mejor calidad.

En agosto de 2018, Claudia Persico y Joanna Venator (Universidad de Wisconsin, Estados Unidos) publicaron un estudio similar en la revista SSRN en el que mostraban datos recogidos entre 1996 y 2012 en escuelas de Florida, relacionando los niveles de contaminación de cada uno de los centros con los resultados académicos de los alumnos. Después de separar posibles desviaciones por motivos sociales y económicos, las autoras observaron que la exposición a niveles elevados de contaminación se relacionaba con menores calificaciones escolares y una mayor probabilidad de fracaso escolar.

Autor: Joaquim Elcacho, Periodista especializado en Medio Ambiente y Ciencia.

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