Un nuevo estudio revela que las personas ingerimos de media unos 2.000 pedazos de microplásticos cada semana, es decir, unos 5 gramos de plástico, una cantidad equivalente al peso de una tarjeta de crédito.

Cada persona ingiere 2.000 pedazos de microplásticos cada semana

El plástico está en todas partes en la Tierra. También en nosotros. La mayoría de los microplásticos que ingerimos provienen del agua potable, pero también se encuentra en otros alimentos como los mariscos y la sal. Y también, tristemente, en la cerveza, tal y como detalla el estudio Evaluación de la ingestión de plástico. De la naturaleza a las personasencargado por la organización WWF y realizado por la Universidad de Newcastle de Australia.

Los efectos a largo plazo de la ingestión de microplásticos en el cuerpo humano aún no están bien documentados, según el estudio, pero se están realizando estudios para comprender mejor los efectos del plástico en nuestra salud.

“Ojalá todo lo malo fuese comer tanto plástico como una tarjeta de crédito, pues eso se expulsa en las heces”, señala Nicolás Olea, investigador y catedrático de Radiología y Medicina Física de la Universidad de Granada, que lleva más de 30 años estudiando el efecto en la salud de determinados compuestos del plástico. “Lo importante es el tamaño de la partícula, pues si tiene un tamaño mínimo, puede interaccionar con algún sistema orgánico”.

Este especialista llama la atención sobre trozos de plástico todavía más pequeños que los microplásticos, de los que sí se ha demostrado que impactan negativamente en el cuerpo humano y no son partículas, ni nanoplásticos, sino monómeros. Los plásticos están formados por moléculas gigantes que se crean por reacciones en las que se unen muchas unidades de otras moléculas pequeñas, los monómeros.

“Hay muchísima atención de pronto sobre los microplásticos, de los que sabemos muy poco, pero nadie habla de los monómeros del plástico, de los que sabemos mucho”, subraya Olea. “Se trata del bisfenol A, los ftalatos… Su toxicología es bien conocida. Muchos de esos monómeros son disruptores endocrinos, es decir, están hackeando la señal de las hormonas. El estradiol, una hormona femenina, tiene un peso molecular de 250, es una molécula muy pequeña que viaja en sangre unida a proteínas y que tiene un receptor nuclear y da un mensaje dentro del organismo, el de las hormonas sexuales femeninas. El bisfenol A es un monómero del plástico que tiene un peso molecular de 200 y que es casi idéntico de tamaño, por eso hackean las señales internas de los receptores nucleares”.

“Sabemos que todos los niños españoles mean plástico, pero no micropartículas, ni nanopartículas, lo que mean son monómeros de plásticos”, destaca el investigador, que explica que las partículas de plástico no pueden llegar a la orina porque son demasiado grandes para ser filtradas por el riñón.

La contaminación plástica sigue en aumento

Independientemente de los riesgos específicos para la salud, la contaminación plástica sigue siendo un problema creciente en todo el mundo y no muestra signos de desaceleración. “Estos hallazgos deben servir como un llamado de atención a los gobiernos”, dijo Lambertini. “La acción global es urgente y esencial para enfrentar esta crisis”.

Fuentes: WWFUSA Today, eldiario.es.

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