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Por la mañana, cada uno tiene sus alimentos favoritos para el desayuno. Están aquellos que prefieren el dulce y a quienes, en cambio, sólo les entra el salado. Algunos se tomarían un cocido de la abuela y otros a duras penas pueden ingerir un café. Más tarde o más temprano, mucho o poco, dulce o salado, la mayoría de nosotros desayuna, y escoger unos buenos productos para comenzar el día es de gran importancia si queremos encontrarnos vitales el resto de la jornada.

¿Qué harina usas para tu desayuno?

El desayuno perfecto es rico en grasas y proteínas

Sea como sea tu desayuno preferido y, a diferencia de lo que culturalmente estamos más habituados en este lado del mundo, el desayuno debería ser, sobre todo, rico en proteínas y grasas.

¿Esto qué quiere decir? Que, a la hora de prepararnos un desayuno, priorizaremos aquellos alimentos que nos aportan una buena cantidad de aminoácidos, como el huevo, los garbanzos y otras legumbres, las semillas, los frutos secos, el trigo sarraceno; y también daremos un lugar especial -sin miedo- a los alimentos ricos en grasas, como el aceite de oliva virgen, de nuevo las semillas, frutos secos, el aguacate, las aceitunas, el coco.

El tradicional desayuno de galletas María o pan, mantequilla y mermelada no es, por tanto, lo más interesante. Es un aporte excesivo de azúcares que nos dará una energía inmediata que luego desaparecerá para dejarnos agotados y con la necesidad de seguir consumiendo azúcar. Y, además, es pobre desde el punto de vista nutricional. En cambio, mi propuesta es que escojas una base de buena calidad (pan o tortitas tipo pancakes) y rellenes con un buen hummus, un poco de aguacate, huevos revueltos, tahín con manzana, aceite de oliva con tomate y rúcula, fruta salteada en aceite de coco… ¡hay combinaciones para todos los gustos! y verás cuánto más rato estás saciado y, lo más importante, cuánto mejor rinde tu cerebro.

¿Pan o tortitas?

Yo prefiero tortitas. Para mí es una manera simple de limitar el consumo de pan y, además, según la harina que escojas, puedes hacerlas sin gluten, digestivas y nutritivas.

Las harinas de garbanzos o de lentejas son una excelente forma de tomar proteínas vegetales y de gran valor biológico

La receta es casi siempre la misma: igual cantidad de agua o bebida vegetal que de harina, un huevo, mezclas todo ¡y a la sartén vuelta y vuelta! Existe un amplio abanico de posibilidades a la hora de elegir tu harina, según el sabor que busques y, también, los nutrientes que te interese incorporar.

Las harinas de garbanzos o de lentejas son una excelente forma de tomar proteínas vegetales y de gran valor biológico, a la vez que aportan micronutrientes como las vitaminas del grupo B, provitamina A, cobre y hierro. Su sabor combina perfectamente con los rellenos salados. La de trigo sarraceno es también muy rica en aminoácidos, tiene un índice glucémico medio-bajo y es de fácil digestión. La de avena (certificada sin gluten) es perfecta para los rellenos dulces, de hecho, yo le añado a la mezcla de mi tortita un poco de plátano y canela y se puede comer tal cual. La avena es el cereal con mayor contenido en proteínas, además de que es rica en antioxidantes, magnesio y vitaminas del grupo B, lo que la convierte en una gran aliada del sistema nervioso y cardiovascular. También destaca por su capacidad para controlar el azúcar en sangre y facilitar el tránsito intestinal.

Es muy importante que las harinas que utilicemos estén elaboradas a partir de granos de producción ecológica, para maximizar calidad nutricional, evitar agrotóxicos y propiciar un trato respetuoso con el medioambiente.

Autora: Pilar Rodrigáñez, Técnica Superior en Dietética.

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