Asociación Vida Sana. Nicolás Olea, catedrático de la Facultad de Medicina de la Universidad de Granada/Hospital Universitario S. Cecilio, es uno de los mayores expertos mundiales en discernir cómo la exposición a productos químicos nocivos puede alterar nuestra salud y la del medio ambiente. Estuvo en la reciente edición de BioCultura Madrid presentando su nuevo libro “Libérate de tóxicos: Guía para evitar los disruptores endocrinos”.

Nicolás Olea: “Somos los culpables de la exposición de los millennials al plástico"

¿Cuáles son los disruptores hormonales que ponen en peligro nuestra salud día tras día? 

En los últimos cien años la Humanidad ha desarrollado más de 140.00 productos químicos. De estos, muy pocos tienen actividad hormonal y endocrina; solo unos mil de ellos tienen ese tipo de efecto. Pero estos últimos son los que tienen una muy mala regulación. Actualmente, los tóxicos cancerígenos están muy controlados, pero los que alteran las hormonas carecen de regulación precisa. Y el problema es que los disruptores endocrinos tienen un espectro de uso muy amplio: pesticidas en la alimentación o componentes plásticos en la cosmética y los textiles. Lo curioso es que todos son derivados del petróleo. Por lo tanto, la mayoría son consecuencia del progreso industrial que hicimos los últimos 100 años. En ese momento el petróleo pasó a ser el centro de nuestras vidas.

Entonces cuando compramos en un supermercado…¿estamos en peligro? 

No en todos los aspectos. En el siglo XXI la situación de los riesgos de seguridad alimentaria e intoxicación está más controlada que nunca. Todos nos acordamos de la reciente experiencia con la carne mechada y cómo se activó un control sanitario al instante. El problema lo tenemos con la exposición diaria a sustancias tóxicas que no están reguladas y que tienen un efecto a largo plazo.

¿De qué estamos hablando? 

De los disruptores endocrinos. Sustancias que dentro del organismo modifican las hormonas. Eso es un riesgo real en la compra del supermercado. Hasta en el tiquet de la compra hay bisfenol A. Así que cada día tienes tu dosis y al final esa dosis crea pozo. Y te encuentras con efectos a largo plazo en forma de enfermedades crónicas, cáncer, infertilidad o malformaciones en el nacimiento del niño. El problema es que se trata de enfermedades multifactoriales, donde es muy difícil establecer una asociación entre una exposición y un riesgo.

Por ejemplo con el packaging de los productos…

Según nuestra opinión el envase alimentario tiene mucho que ver. De hecho este se ha constituido como un parte fundamental de la calidad del alimento. Algunos dicen que gracias al envase alimentario hay menos riesgo de contaminación bacteriana y otros que ayuda a mantener las calidades organolépticas. Lo que es cierto es que el envase ha contribuido enormemente en la exposición diaria de la población a disruptores endocrinos, puesto que los residuos de los envases están desde en una lata de atún a las zanahorias en bolsa. Por ejemplo, cada vez que consumes ese atún no solo estás consumiendo ese atún, también ingieres el plástico interior de la lata, puesto con la buena intención de evitar que haya metales en la comida -por desgracia sí que los hay de plástico-. Una paradoja.

¿Cuándo empezasteis a alertar a los organismos políticos de los riesgos que esto conlleva para la salud? 

Los estudios empezaron de forma oficial el año 96 y de forma sospechosa el 88, imaginate. En el año 96 nos sentamos todos en Wentbridge (Inglaterra) y notificamos que había evidencias suficientes para afirmar que estábamos delante de un problema ambiental y de salud humana. Nos exigieron más datos y mayor información. Y dicha información se ha ido procurando durante los últimos años. Pero realmente la regulación no ha llegado a la velocidad que nosotros queríamos. En el año 2013 hay una revolución enorme en el Parlamento Europeo. Este le exige a la Comisión Europea que agilice el procedimiento. Desgraciadamente, los últimos no aplicaron ninguna medida. Por ejemplo, no se llevó a cabo la implementación del test para identificar los disruptores endocrinos en los productos industriales. En los farmacéuticos esto ya está regulado.

Entiendo…

El argumento de la industria es: “hay nonilflenol en los ríos y etinilestradiol de las chicas que toman píldoras anticonceptivas, es decir, de un fármaco… por ahí”.. Entonces la industria dice: “El problema no es nuestro, el problema de que los pececitos tengan muchos estrógenos será del pis de las chicas que toman píldoras” (se burla).  Allí es cuando te paras y dices: “Ponemos en el mismo saco un problema de un fármaco con una mala gestión de regulación industrial”. Ayer asistí en una conferencia con un ‘tipo’ de estos resposables del sector industrial. ¿Te puedes creer? Intentó poner en el mismo saco el tabaco con la contaminación de los plásticos. Hombre, eso no. El tabaco es una elección. Cuando no eres fumador nadie viene y  te echa el humo en la cara. En cambio, millones de personas se encuentran de forma inadvertida un residuo estrogénico cada día en su plato.

Entonces, ¿de qué sirve el etiquetado? 

El etiquetado se ha vuelto en contra de las personas. No es normal que la etiqueta del sándwich de huevo que me comí ayer en el avión tenga 86 renglones de productos en español explicando los ingredientes. Es la metáfora más real de que el etiquetado no ayuda.

Pero el etiquetado nació para que el consumidor fuera consciente de lo que consume, ¿no? 

Ese es el problema. El consumidor ni debe, ni puede ni tiene que ser un experto. Porque los consumidores son ciudadanos y no tienen la obligación de entender las etiquetas. Los ciudadanos deben estar protegidos y no ser engañados con información. Con las nuevas etiquetas lo único que se ha conseguido es que la industria se cubra la espalda y siga haciendo absolutamente nada.

Ciudadanos despiertos

¿Y qué se puede hacer para proteger al ciudadano? 

Hay un claro ejemplo en la etiqueta del colorante alimentario del Mercadona. En esta pone: “Puede tener efectos negativos sobre la actividad y atención de los niños”. Entonces, ¿por qué narices lo venden? (se indigna). Esos detalles hacen perder la confianza y credibilidad de la Administración. Supongo que otras vías son el asociacionismo como es el caso de lo que se hace en Vida Sana, etc.

¿Cómo podríamos envasar los productos para evitar los tóxicos de los aditivos de los plásticos? 

Los que tienen el conocimiento técnico deberían ponerse de nuestra parte y darnos una solución. Lo que yo te puedo asegurar es que todo el rollo del plástico empezó en el año 1954. Por ejemplo, en mi infancia los materiales protagonistas eran: vidrio, aluminio, mucha madera y cuero. Es en entre los años 60 y 70 cuando todo cambia. La película “The graduate”, interpretada por Dustin Hoffman en el año 1967, deja bien claro el futuro de la actual generación en un diálogo: “Escúchame bien, sólo una palabra: plásticos”.

Entonces,  ¿cómo podemos saber los efectos reales de los plásticos si mi generación es la más afectada? 

Tienes razón. No podemos saber con certeza los efectos que tendrán los disruptores endocrinos en los nacidos a partir de los 90. Lo que sí sabemos es que aumentarán llamativamente los cánceres de mama y la infertilidad. Y la solución, como siempre, será más tecnología.

Un negocio perfecto

Pero esto es el perfecto negocio… 

Claro. Niños al precio de 6.000 euros por reproducción asistida, (ríe). Siempre ha habido más negocio en la solución de los problemas que evitando el problema. Nosotros somos los culpables de la exposición de vuestra generación al plástico y vosotros sois la población víctima. Pero lo que es evidente es que sois hijos del boom del plástico: biberones con bisfenol A, tuppers, ropa hecha de poliéster, juguetes de más plástico, embalaje de plástico en la alimentación…

¿Y qué población es más susceptible a la contaminación? 

Las mujeres en edad fértil porque son las gestadores de los embriones y los niños hasta los dos años. En los primeros mil días de la vida de un niño se modula su desarrollo, es decir, el cerebro y es allí donde los disruptores endocrinos son más agresivos.

Entonces, ¿por qué los titulares ponen el foco en los efectos fatales para el planeta y no hablan de los daños en la salud? 

Creo que esa manera de desviar el tema del debate público tiene una mala intención detrás. Pero el problema grave está en la salud humana. Nosotros somos el último eslabón de la exposición a la contaminación.

Decisiones Políticas

¿Qué propuestas se podría hacer para cambiar las exposiciones?

Decisiones políticas estrictas. Los lobbies industriales están controlando y ganando tiempo sobre las acciones que se deberían haber empezado ya. Pero, ¿alguien de nosotros puede identificar un solo diputado europeo?

¿Cuál es la mejora de comer ecológico si el embalaje sigue conteniendo tóxicos?

Cuantitativamente, con lo ecológico, disminuyes muchos componentes porque eliminas todo lo que son los compuestos de crecimiento agrícola y pesticidas. Pero no puedes esquivar la contaminación que viene directa de los envases. Sobre todo, este problema afecta a la cosmética ecológica.

Y las opciones que ahora están de moda como el almidón de maíz, ¿quién nos asegura que no lleva los mismos aditivos nocivos que el plástico?

Esta es la pregunta del millón pero no lo sabemos porque la respuesta de los ingenieros es: puede ser o puede que no. Pero ellos sí que lo saben, ¿Por qué, si no, de dónde sale todo el plástico del pipí de los españoles? Si los aprietas acaban contestando y te dicen cosas como: “Si el fabricante quiere que sea impermeable, pues, tendrá que tener algún aditivo”.

Autora: Júlia Gamissans Martínez | Asociación Vida Sana

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