Los lectores de Bio Eco Actual saben bien que un alimento ecológico es respetuoso con el medioambiente y se produce de forma natural, de manera que se evita dañar al entorno y permite cuidar la salud de quien lo consume. ¿Pueden también ayudarnos a prevenir el envejecimiento? Vamos a verlo muy brevemente.

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Lo que se ahorra nuestra salud

Al elegir comida ecológica, y entre otras muchas ventajas, evitaremos todos esos aditivos –es solo una breve lista– que están en muchos de los productos elaborados y procesados que se encuentran en el supermercado. Con ello, el organismo humano tendrá que hacer menos esfuerzo y gasto de energía para, si le es posible, eliminarlos.

  • Nitratos y nitritos: se utilizan como colorantes, saborizantes y para alargar la vida útil del producto. Se añaden a productos cárnicos. Pueden formar nitrosaminas, de acción carcinógena.
  • Bromato de potasio: se usa en todo tipo de panes para ayudar a subir la masa durante el horneado. Está listado como carcinógeno y prohibido en algunos países.
  • Propilparabeno: es un disruptor endocrino, es decir, causa daños muy graves en nuestras hormonas. Se utiliza en tortitas, magdalenas, productos lácteos y algunas bebidas industriales.
  • Butirato de hidroxianisol: es un disruptor endocrino carcinógeno que reduce el nivel de testosterona y de tiroxina. Se encuentra en carnes y patatas fritas, o como saborizante.

Al elegir comida ecológica evitaremos todos esos aditivos que están en muchos de los productos elaborados y procesados

  • Butil hidroxitolueno: es otro disruptor endocrino que se utiliza en comida para mascotas y en pasta, pizza, fideos, arroz instantáneo y para crear aromas artificiales.
  • Propilgalato: conservante en productos que contienen grasas, que puede actuar como disruptor endocrino por su actividad estrógena.
  • Diacetilo: da «sabor» a yogures, quesos y palomitas con mantequilla. Está relacionado con daños severos e irreversibles en los pulmones (bronquiolitis obliterante).
  • Saborizantes: aparecen en más de 80.000 productos alimentarios. En ocasiones, las mezclas de los saborizantes son muy complejas y un solo producto puede llegar a contener hasta cien agentes diferentes. Los extractos de sabores en muchas ocasiones provienen de transgénicos. Existen sabores «naturales» con agentes químicos sintéticos (propilenglicol, BHA).
  • Colorantes artificiales: no añaden ningún valor nutricional y pueden estar contaminados por furanos (relacionados con algunos tipos de cáncer). Afectan al comportamiento de los niños (hiperactividad, falta de atención).
  • Fosfatos: están en más de 20.000 productos alimenticios y se han relacionado con trastornos cardiovasculares y renales.
  • Aluminio: el aluminio se acumula en nuestro cuerpo principalmente en los huesos. Todavía se usa en la industria alimentaria como estabilizante. Produce cambios neurológicos con trastornos de comportamiento, dificultades en el aprendizaje o en la respuesta motora.
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Los telómeros, nuestro «reloj de arena» vital

Ahora bien, la alimentación ecológica ¿ayuda realmente a envejecer más despacio? Por descontado, y para responder a esta pregunta no recurriremos a las estadísticas. Basta con citar la maravillosa actividad celular de los telómeros. Durante mucho tiempo se creyó que las células humanas en cultivo eran inmortales y podían dividirse infinitamente. Pero en 1960, el investigador Leonard Hayflick no conseguía mantener con vida las células de su laboratorio. Inicialmente pensó que era un mal cuidador, pero por muy bien que tratara a sus células, el problema se repetía. Las células se dividían un número determinado de veces, y después morían. Si congelaba las células después de una serie de divisiones y las hacía regresar de nuevo a la vida, las células seguían dividiéndose, pero al llegar a un número similar al anterior, morían. De alguna manera las células «recordaban» las divisiones realizadas antes de la hibernación.

Hayflick sospechó que cada célula tenía una especie de contador de divisiones, un reloj interno que le decía cuándo morir. Cuando en 1961 publicó su hallazgo, fue muy criticado e incluso ridiculizado por la comunidad científica. El dogma de la inmortalidad celular estaba fuertemente arraigado y tuvo que esperar más de diez años hasta que su descubrimiento fuera reconocido. Las células humanas no son inmortales, y solo se dividen un número determinado de veces: es lo que hoy los científicos conocen como «el límite de Hayflick».

Las mezclas de los saborizantes son muy complejas y un solo producto puede llegar a contener hasta cien agentes diferentes

¿Qué determina este límite de divisiones? Los telómeros.

Los científicos nos explican que un telómero es una región de secuencias repetitivas de ADN en el extremo de un cromosoma. Los telómeros (del griego telos, «final», y meros, «parte») protegen los extremos de los cromosomas para evitar que se desgasten o enreden. Cada vez que una célula se divide, los telómeros se vuelven un poquito más cortos. Finalmente, se acortan tanto que la célula ya no puede dividirse correctamente, y dicha célula muere. Lo difícil es, pues, proteger dichos extremos.

A medida que se hacen más cortos, los telómeros funcionan como un reloj para la célula (cuentan para saber la edad que tiene, y limitan las veces que la célula puede dividirse sin perder partes importantes del ADN del cromosoma). Y su actividad es fascinante. Por ejemplo, las células cancerosas –con una enorme capacidad para la auto-división– mantienen sus telómeros largos y así pueden seguir dividiéndose, cuando en realidad ya no deberían hacerlo. Por eso, junto a la importancia de elegir alimentos ecológicos, conviene tener en cuenta también un plan dietético razonable.

Autor: Jaume Rosselló, Editor especializado en salud y alimentación

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