Los PFAS o sustancias perfluoroalquiladas y polifluoroalquiladas son un grupo de más de 4700 sustancias químicas sintéticas que se acumulan poco a poco en los seres humanos y en el medio ambiente debido a su uso masivo. Son denominados como “químicos eternos” por su persistencia en el medio y esto agrava más la preocupación popular debido a que pueden provocar problemas de salud como daños hepáticos, problemas de tiroides, obesidad, problemas de fertilidad y cáncer.

PFAS
123rf Limited©serezniy

La European Environment Agency cuenta con un resumen informativo sobre los riesgos de estos químicos: Emerging chemical risks in Europe – PFAS. Estos PFAS, de origen artificial, llegan al medio ambiente a través de diversos productos de consumo que todos utilizamos en nuestros hogares, como telas, ordenadores, etc. Aunque también se extienden hasta los productos de aplicación agrícola, por lo que el sector alimentario igualmente se ve afectado por estos compuestos, debido a la contaminación a través del suelo y el agua.

La Agencia Española de Consumo, Seguridad Alimentaria y Nutrición explica muy bien en su documento de Preguntas y respuestas sobre PFAs acerca de las diversas medidas y advertencias que se han tomado para reducir la exposición a los PFAS, como son el Convenio de Estocolmo, opiniones e informes por parte de la EFSA y diferentes reglamentos y recomendaciones por parte de la Unión Europea.

Contaminación en los alimentos

Como hemos comentado anteriormente, el sector alimentario se ha visto afectado por las mencionadas protagonistas perfluoroalquiladas y polifluoroalquiladas. En 2019 un estudio publicado en Environmental Health Perspectives recogió durante todo un año las muestras de la dieta de más de 10.000 personas para estudiar la presencia de los diferentes PFAS en distintas comidas, desde las caseras hasta la clasificada “fast food” o comida rápida, pasando por todo el abanico intermedio de restaurantes, comida envasada, etc. Se detectaron diferentes PFAS en función del tipo de envase y comida, por lo que la Autoridad Europea de Seguridad Alimentaria (EFSA) concluyó con evidencias que la dieta es la principal fuente de exposición humana a los PFAS.

PFAS
123rfLimited©oksanakuznetsova. Cambio de filtros en el sistema de purificación de agua

Riesgo de PFAS en el agua potable

No fue hasta hace tres años que la Unión Europea estableció unos valores límite de PFAS en una nueva directiva sobre el agua potable. Estos valores son comunes para todos los países integrantes de la UE y han de ser aplicados a comienzos del año 2026, por lo que nos encontramos en el ecuador de la urgencia de gestión de estas sustancias. Cabe destacar que no en todas partes la legislación es igual de estricta, pero si hay unos puntos comunes.

Agua embotellada

Las diferentes administraciones de alimentos –aunque pueden variar un poco los parámetros en función de cada país–, no han establecido límites para los PFAS en el agua embotellada. Algunas marcas sí cuentan con sellos que aseguran que su agua se analiza anualmente para la detección de estos agentes. Sin embargo, pensándolo con objetividad, un análisis anual en una producción masiva de cientos de miles o millones de botellas es cuanto menos, proporcionalmente ridículo. Y esto ya sin entrar a juzgar calidades de la composición del agua, mineralización, antioxidantes y otras propiedades de gran importancia cuando nos referimos al alimento por antonomasia.

La mejor opción: agua filtrada

Agua de grifo

El agua de grifo y sus tóxicos: la eterna mitificación. El agua de grifo, especialmente en Europa es totalmente segura. ¿Contiene tóxicos? Sí, claro. Algunos de ellos necesarios, como el cloro, para eliminar virus y bacterias y poder así transportar de forma segura agua a millones de hogares. Otros tóxicos son arrastrados en el proceso del abastecimiento, como pueden ser los metales pesados que agarra de los distintos materiales de las tuberías.

Pese a ello, el agua de grifo es sometida a controles y analíticas diarias, por lo que, en caso de haber alguna contaminación o parámetro potencialmente peligroso, haría saltar todas las alarmas. Por tanto, ¿la mejor solución? En el siguiente punto.

Agua filtrada

La mejor opción: agua filtrada. Podemos reducir drásticamente la exposición a los PFAS en el agua que bebemos en nuestro hogar utilizando jarras con filtros de carbón activado o equipos de ósmosis. De este modo podemos obtener un agua segura sin salir de casa. Ya no solo la practicidad y el ahorro económico, sino la reducción de desperdicio masivo de plásticos de un solo uso que genera el agua embotellada son motivos de peso para replantearnos nuestras elecciones

Autor: Juan Carlos Novo, Gerente y asesor en Alkanatur. Experto en terapias naturales.

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Bio Eco Actual Noviembre 2023