El cuerpo humano es una maquinaria increíble con gran capacidad de adaptación y compensación para mantener nuestra vida. Tiene una gran capacidad para mantener un pH (medida que indica la acidez o la alcalinidad) adecuado y estable en la sangre y en los tejidos mediante complejos mecanismos compensadores principalmente a nivel renal y respiratorio. Esto sugirió hace ya unos cuantos años que la dieta podría ayudarnos a mantener este equilibrio y a disfrutar de una mejor salud y reducir el riesgo de enfermedades. En la actualidad sabemos que una dieta alcalina con una óptima composición nutricional es una gran herramienta protectora para nuestro organismo.

Dieta alcalina
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La vida humana también requiere un nivel de pH adecuado que, en el suero sanguíneo debe estar alrededor de 7,4 y es estrictamente controlado por nuestro cuerpo para sobrevivir. Pero el pH de nuestro cuerpo puede variar considerablemente de una zona a otra, siendo la mayor acidez la del estómago (pH de 1,35 a 3,5) para ayudar en la digestión y protegernos contra organismos microbianos oportunistas. Pero esa acidez podría dañarnos, causándonos gastritis e incluso úlceras, por eso la capa que se encuentra fuera del epitelio del estómago es bastante básica para evitar lesiones de la mucosa. Nuestra piel es también bastante ácida (pH 4-6,5), pues actúa como barrera protectora del medio ambiente contra el crecimiento excesivo de microbios. Ese manto ácido de la piel va variando dentro de sus capas, siendo la capa externa la más ácida (pH 4) y casi neutra la capa más profunda (pH 6,9). Esto también se observa en otras mucosas como la vagina, donde un pH inferior a 4,7 protege contra el crecimiento excesivo de microbios. La acidez nos protege del exterior, pero nuestro medio interno debe ser neutro con ligera tendencia a la alcalinidad (pH 7,4). En el caso de la orina el pH puede ser variable ya que los riñones son los principales actores en el mantenimiento de estos complejos equilibrios.

Más verduras y frutas ecológicas ayudarán a disfrutar de una dieta más saludable y más alcalina

En lo que respecta al pH y la carga de ácido en la dieta humana, ha habido cambios considerables a lo largo de nuestra historia natural, desde que éramos cazadores-recolectores hasta el presente. Con la revolución agrícola (últimos 10.000 años) pero aún más recientemente con la industrialización (últimos 200 años), se ha producido una disminución muy importante del potasio respecto al sodio y un aumento del cloruro respecto al bicarbonato. La proporción de potasio a sodio se ha invertido, antes predominaba el potasio hasta en 10 veces más que el sodio, mientas que actualmente predomina el sodio hasta 3 veces más por encima del potasio. A nivel medioambiental, en los últimos 100 años, con la creciente industrialización, el pH de los océanos y del suelo están cambiando y esto está afectando al contenido mineral de los alimentos que comemos (ya que los minerales son los principales implicados en la compleja tarea de mantener o amortiguar el pH). Así, actualmente la dieta de la población es más pobre en potasio, magnesio y fibra, y más rica en grasas saturadas, azúcares simples, sodio y cloruro. Esto da como resultado una dieta que supone un reto para que nuestro organismo mantenga su equilibrio y puede inducir lo que conocemos como acidosis metabólica que, por supuesto, no es una situación deseable.

Dieta alcalina
123rfLimited©simpson33. Verduras salteadas

Una dieta pobre en vegetales (baja en carbohidratos, fibras y minerales) y alta en proteínas tiene una mayor carga ácida que en realidad produce muy pocos cambios en el pH de la sangre, pero sí produce muchos cambios en los procesos compensatorios del organismo, sobre todo en la función renal, que sufrirá un gran estrés para mantenernos con vida.

El consumo de una dieta inadecuada produce lo que se denomina “estrés ácido” o acumulación crónica de ácido de bajo grado que se asocia con enfermedades cardiovasculares, metabólicas (obesidad, hígado graso, diabetes), trastornos renales, pérdida de masa muscular y ósea e incluso con varios tipos de cáncer. El consumo de una dieta acidogénica (PRAL elevado) Potencial Renal Acid Load alta en proteína y fósforo, baja en potasio, calcio y magnesio, tiene un impacto negativo en la salud a largo plazo, provocando acidosis metabólica de bajo grado. Por el contrario, las dietas alcalinizantes (bajas en PRAL), ricas en frutas y verduras, se asocian con varios beneficios para la salud, incluida una mejor relación potasio-sodio, una reducción del desgaste muscular y un aumento de las concentraciones de magnesio intracelular, etc. Una alimentación moderna típica donde predomina un bajo consumo de frutas y vegetales y un consumo elevado de productos de origen animal (carnes, pescado y lácteos), cereales y procesados se caracterizan por tener un PRAL elevado (dieta acidificante). Una dieta ideal con baja PRAL se caracteriza por una ingesta elevada de alimentos alcalinizantes (verduras, frutas, legumbres, frutos secos y semillas). Por eso, el consumo de proteínas de origen vegetal es un punto clave que brinda grandes beneficios. La incorporación de lácteos como el yogur o kéfir, puede ayudar a cubrir el aporte proteico sin impactar a la carga ácida, ya que son un alimento con PRAL neutro.

Y otro aspecto clave para disminuir la carga ácida es la reducción en el consumo de productos industrializados con aditivos que contienen fósforo, como bebidas carbonatadas, carnes, productos congelados y otros productos y aquéllos con plaguicidas que también contienen fósforo. Estos productos no se usan en los alimentos de producción ecológica, con lo que, por este motivo y por su composición nutricional más rica en minerales, resultan la mejor opción. Más verduras y frutas ecológicas ayudarán a disfrutar de una dieta más saludable y más alcalina.

Autora: Laura I. Arranz, Doctora en Nutrición, farmacéutica y dietista-nutricionista | www.dietalogica.com

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