Vivimos tiempos complicados en los que cuidar de nuestra salud es un reto considerable a muchos niveles, económico, laboral, social, medioambiental, etc. Todos sabemos que la alimentación es un aspecto clave y, a menudo, leemos información sobre muchas propuestas de dietas que pueden ayudarnos a reducir el riesgo de enfermedades o a mejorar nuestra salud en general. Seguramente no hay una dieta perfecta igual para todo el mundo, pero sí unos beneficios que deberíamos obtener todas las personas. Por eso, en las inquietudes del ser humano está buscar y proponer modelos dietéticos que aporten los máximos beneficios, las llamadas dietas terapéuticas.

Dieta macrobiótica
Llegó a Europa hace muchos años desde Japón, creada alrededor de 1930 por George Ohsawa, filósofo japonés. Se basa en el equilibrio entre el yin y el yang y tiene como objetivo la evolución y el desarrollo personal. Se compone principalmente de verduras, granos enteros, frutas y cereales, con lo que la dieta macrobiótica es principalmente vegetariana con propiedades nutricionales saludables ya que es baja en grasas, rica en fibra y rica en carbohidratos complejos, rica en vitaminas y minerales y también en antioxidantes.
Todo esto hace que tenga un buen potencial antiinflamatorio. Los estudios sobre su impacto en la salud indican que las personas que la siguen tienen niveles más bajos de lípidos sanguíneos (colesterol y triglicéridos) y presión arterial que la población general por lo que se sugiere como estrategia preventiva para las enfermedades cardiovasculares. También se ha postulado como buena opción en el contexto del cáncer, sin embargo, en este sentido faltan estudios que confirmen este beneficio. Los posibles riesgos están relacionados con deficiencias nutricionales en algunas personas y con las limitaciones sociales por la complejidad del cumplimiento estricto de esta dieta. Sin embargo, tenemos que agradecer a esta pauta muchas de las recomendaciones dietéticas actuales, como comer alimentos ecológicos, frescos y de temporada y cultivados localmente.
La dieta macrobiótica se compone principalmente de verduras, granos enteros, frutas y cereales
Dieta paleo
Este modelo dietético empezó en los años 70 del siglo pasado cuando el doctor Walter Voegtlin, gastroenterólogo, fue el primero en sugerir que comer como lo hacían los hombres del Paleolítico sería muy beneficioso. Pensemos que en ese momento la industria alimentaria estaba inundando el mercado de productos a base de cereales refinados y azúcares, con lo que seguro fue uno de los motivos por el que se empezaron a disparar los problemas gastrointestinales. Esta dieta se basa en la idea de que nuestro organismo no ha cambiado apenas desde tiempos remotos y muchos alimentos comunes actuales pueden estar perjudicándonos.
Se basa principalmente en proteína animal y en algunas verduras y frutas que podrían ser similares a las recolectadas por nuestros ancestros. Nutricionalmente es moderada en grasas, alta en proteínas y baja también en hidratos de carbono y azúcares, cosa que es interesante, pero tiene algunas debilidades por la disminución de la ingesta de alimentos como las legumbres, los cereales integrales y los lácteos, de manera que puede ser baja en fibra, algunas vitaminas y minerales y antioxidantes.

Dieta Ornish
Fue creada por el doctor Dean Ornish, en California, en la década de 1990 con el objetivo de ser un tratamiento holístico para pacientes con enfermedad coronaria. La dieta Ornish se enfoca en una alimentación basada en plantas, frutas, verduras, cereales, legumbres, frutos secos y semillas, que enfatiza el consumo de alimentos integrales y sin procesar. Limita la ingesta de grasas saturadas y colesterol, presentes en alimentos de origen animal como carne, embutidos, huevos y lácteos y promueve evitar alimentos procesados y azúcares refinados.
La dieta de Ornish también apunta a la importancia del ejercicio físico, el manejo del estrés y de la vida en comunidad para la salud y el bienestar. Está muy enfocada a revertir los problemas cardiovasculares y, por tanto, es muy baja en grasa. Bien planteada se podría enmarcar en lo que sería una dieta vegetariana o flexitariana saludable y es antiinflamatoria, de manera que ayuda a proteger nuestra salud a todo nivel, de forma muy similar a otros modelos, como la dieta mediterránea en la que no se limita las grasas saludables como el aceite de oliva y en la que, aun siendo abundante en plantas, se incluyen alimentos de origen animal, como carne blanca, huevos, pescado o algunos lácteos, de forma habitual.
La dieta de Ornish también apunta a la importancia del ejercicio físico, el manejo del estrés y de la vida en comunidad para la salud y el bienestar
Ayuno intermitente
El ayuno intermitente es algo muy amplio y tiene varias fórmulas, pero siempre se trata de limitar las horas en las que podemos consumir alimentos para así favorecer un cambio en el hígado, que, en las horas de ayuno, pasa de usar glucosa a usar cuerpos cetónicos y grasa corporal. Esto puede ayudar al metabolismo y especialmente a la sensibilización a la insulina, con lo que en diabetes tipo 2 y obesidad podría ser útil. Pero los modelos son diversos y los estudios darán más información en el futuro.
Entre los modelos de ayuno intermitente es habitual el de 14/10 o 16/8 en los que se permite ingerir alimentos durante 10 o 8 horas respectivamente, idealmente durante el día para favorecer el ayuno nocturno. El riesgo principal es llevar a cabo ayunos intermitentes en los que no se tenga en cuenta la calidad nutricional de lo que come la persona, la mejora de hábitos dietéticos y la optimización de nuestros ritmos circadianos.
El ayuno intermitente es algo muy amplio y tiene varias fórmulas, pero siempre se trata de limitar las horas en las que podemos consumir alimentos para así favorecer un cambio en el hígado
Dietas terapéuticas hay muchas y la investigación y el conocimiento serán el motor de otras en el futuro. Algunos de estos modelos nos pueden servir de guía para potenciar nuestra salud, siempre priorizando la elección de la persona, la adecuación nutricional de forma individualizada y, si puede ser, el potencial antiinflamatorio.
Autora: Laura I. Arranz, Doctora en Nutrición, farmacéutica y dietista-nutricionista
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