La floración del cerezo es uno de los espectáculos más bellos de la primavera. En casa, en Torrelles de Llobregat, es la señal de que todo se pone en marcha. Ver los cerezos floridos es ver la promesa de una cosecha, pero también es recordarnos que el campesinado es, sobre todo, un trabajo de ritmos lentos, de cuidado, de atención y de respeto por la tierra.

cerezo
©Marta Montmany

Cultivar cerezas no es fácil. Es una fruta delicada, que pide mucha dedicación y que puede perderse por una granizada, un viento fuerte o una primavera demasiado avanzada. Las cerezas no perdonan los errores ni los olvidos. Pero cuando todo va bien, cuando el tiempo acompaña y la naturaleza se alinea, la cereza es una de las mejores y más esperadas frutas de la temporada.

El cerezo es un árbol noble. Necesita inviernos fríos para descansar y una primavera suave para florecer y fructificar. En Torrelles, tenemos la suerte de un microclima que, pese a estar cerca de Barcelona, mantiene este equilibrio entre frescura y luz. Y la tierra, que aún conserva esa estructura viva y fértil que permite trabajar en ecológico sin tener que forzarla.

La cereza, cuando es ecológica y de proximidad, es una pequeña joya que representa la suma de esfuerzo, conocimiento y respeto por la tierra

En nuestra finca, el cerezo convive con otros frutales, pero es especial. No sólo por su valor comercial, sino porque es un árbol que te obliga a mirarlo todos los días. A observar cómo abren las flores, cómo se forman los frutos, cómo los pájaros los espican. Cuando llega mayo, comienza la cosecha. Primero las variedades más tempranas y después las de maduración más lenta. Es un trabajo intenso y delicado. Hay que cosecharlas una a una, con las manos. Con cuidado de no estropearlas, porque la cereza tiene que llegar perfecta, firme pero madura, a las tiendas y a las mesas.

Trabajar en ecológico con cerezas es aún más reto. No puedes utilizar insecticidas ni fungicidas convencionales. Todo pasa por la prevención, por el equilibrio, por mantener la biodiversidad viva en los márgenes, por favorecer los insectos útiles y aplicar feromonas para evitar otros, por aplicar extractos vegetales. Todo esto pide conocimiento, experiencia y tiempo. Pero compensa. Porque cuando un cliente te cuenta que ha comido cerezas como las de antes, con sabor, que son dulces y con textura, te recuerdas por qué lo haces.

El cerezo es un árbol noble. Necesita inviernos fríos para descansar y una primavera suave para florecer y fructificar

También es importante explicar que la cereza no es una fruta «perfecta». No todas tienen el tamaño ideal, ni un color homogéneo. Pero son buenas, naturales, de verdad. El consumidor debe entender que la fruta ecológica no siempre entra dentro de los cánones estéticos del supermercado. Y esto, lejos de ser un defecto, es un valor añadido. En Hortec, por ejemplo, tenemos la tranquilidad de trabajar con una cooperativa que entiende esto y nos acompaña en la comercialización sin perder la esencia.

Por último, quisiera reivindicar el papel de los pequeños productores. Los que cuidamos de cada árbol, de cada fruta, de cada detalle. Los que no podemos competir con volúmenes industriales, pero aportamos valor, calidad y territorio.

La cereza, cuando es ecológica y de proximidad, es una pequeña joya que representa la suma de esfuerzo, conocimiento y respeto por la tierra. Este mayo, cuando las veáis en las tiendas de confianza, pensad que detrás de cada cereza hay una historia, unas manos y una manera de hacer que apuesta por un futuro más sano y más sostenible. Gracias por elegirlas.

Autor: Josep Montmany, Socio de Hortec, Cooperativa de producción ecológica y proximidad

Suscríbete a la Newsletter y recibe Bio Eco Actual gratis cada mes en tu correo

Bio Eco Actual, tu mensual 100% ecológico
Leer
Bio Eco Actual Mayo 2025