Las ferias ecológicas son un escaparate para que el público consciente pueda descubrir todas las novedades y los imprescindibles en productos ecológicos. Pero, más allá de llenar la cesta, también es una oportunidad para descubrir proyectos de pequeños productores con trasfondo social, ejemplos de resiliencia e historias inspiradoras que proponen repensar el modo de consumir, como se pudo comprobar en la última edición de BioCultura Barcelona.

Revalorizar las raíces y conservar las tradiciones
La industria tiende a ganar terreno uniformándose, pero cada vez son más los pequeños proyectos que apuestan por recuperar aquellos productos tradicionales, con el objetivo de poner en valor los cultivos autóctonos y destacar sabores que parecían olvidados.
Uno de ellos es Econau, una asociación de pequeños productores que ha puesto en marcha el primer molino de harina de algarroba ecológica de Cataluña. Nacida hace dos años y medio en la Ametlla de Mar, en la comarca del Baix Ebre, EcoNau ha recuperado un antiguo molino de madera datado del año 1940 que se encontraba abandonado en el medio del campo para producir productos derivados de este fruto mediterráneo, como la GarroFarina (harina integral de algarroba), la GarroMel (melaza de algarroba) o GarroCau (polvo tostado de pulpa de algarroba ideal para diluir).
«Este proyecto nace de la posibilidad de dar más valor a la pulpa de la algarroba. Hasta ahora, ha estado muy ligada al consumo animal y queremos asociarla más al consumo humano, haciendo productos ecológicos, gourmets y saludables», explica Dani Méndez, presidente de la Asociació Econau. Y reivindica: «Queremos un precio estable que nos permita seguir cosechándola. ¡En esta trinchera estamos: empoderando la algarroba!».

Esta misma pasión de mantener el territorio vivo se encuentra en Viladrau. Desde el corazón de la Reserva de Biosfera del Montseny, Castanya de Viladrau lleva a cabo «una labor de cultura»: basa su actividad en la revalorización de la castaña, recuperando árboles centenarios, así como sus frutos y sus maderas.
«Empezamos con 500 kg de castañas en una pequeña finca. Actualmente, estamos gestionando 16 fincas, recogemos 10.000 kg de castañas y hemos salvado a unos 450 castaños de 700 años. Tenemos una forma muy clara de trabajar y de entender la naturaleza: si la cuidas y sigues su propio ritmo, ella te da», explica Joaquim Soler, el responsable de la empresa artesana. Desde 2009, Castanya de Viladrau recolecta estos frutos de temporada y los conserva durante de todo el año, pelando y tostando a mano las castañas y transformándolas en cremas, mieles, quesos, dulces y hasta cervezas.

En defensa del territorio, los campesinos y la sociedad
Entre el gran abanico de propuestas, también hay lugar para proyectos que, además de producir alimentos ecológicos de calidad, defienden una agricultura con rostro humano, muy ligada a la tierra y al servicio de las personas.
Francisco Resines nos explica que La Tavella es un proyecto social que nace hace quince años de la mano de la Fundació Viver de Bell-lloc y de la Asociación Sant Tomàs de Vic con el objetivo de ofrecer un servicio de entrega de fruta y verdura ecológica a domicilio destinado al cliente final. El rasgo distintivo es su carácter social, puesto que crea puestos de trabajo para personas con discapacidad.
«Tenemos muy integrado el producto ecológico y la parte social, que damos por hecha. Es natural para nosotros trabajar en este entorno, pero de lo que más orgullosos estamos es de poder ayudar a los productores. Su situación actual es bastante complicada, y nuestra misión es dar vida a estos productores comprando sus productos y comercializándolos, al mismo tiempo que hacer llegar un producto de calidad al consumidor», destaca Francisco. La Tavella trabaja con diferentes productores de todo Catalunya, mayoritariamente con productores del Maresme, y reparte más de 25.000 entregas de cestas al año en la provincia de Barcelona.

Can Tria es una pequeña empresa que recupera y da continuidad a la tradición campesina de varias generaciones familiares. Trabajando las tierras situadas alrededor de la masía Can Tria, defienden una agricultura autosuficiente que controle todo el ciclo productivo: desde producir la semilla, hasta el cultivo y la venta directa.
«Defendemos una agricultura con campesinos arraigados en el territorio que cultiven variedades locales, que produzcan ecológico y que hagan venta directa frente a una agricultura intensiva, industrial, agresiva con el medio y que apuesta por el monocultivo y la exportación. Defendemos la cultura campesina frente a la especulación de la industria alimentaria que inunda los grandes mercados, a precios reventados y productos de baja calidad», afirman.

Reunirse para colaborar, crear y reinventar
Encuentros como BioCultura 2025 también presentan la oportunidad de compartir conocimiento entre productores y muchas sinergias cobran vida. La empresa familiar, sostenible y ecológica Ibiza y Formentera Agua de Mar es un claro ejemplo de ello. Además de sus productos estrella, como Deep Sea Water, este año han ofrecido al público el Azafrán de Mar, una maceración de agua de mar con el azafrán ecológico de La Carrasca. La idea surgió en la edición anterior de la feria y recientemente el producto ha sido catalogado como mejor Producto Sostenible 2024 por el BBVA, además de entrar en las cocinas del Celler de Can Roca.
«Cuando los pequeños productores nos unimos, hacemos cosas con alma partiendo de lo que cada uno conoce. Hemos revalorizado un ingrediente que se estaba perdiendo -el azafrán-, ya que la gente ya no sabe cómo cocinarlo. Combinado con el agua de mar, te permite utilizarlo en crudo en todas las comidas. Hemos puesto de relieve la importancia de los minerales y el azafrán como tónico del sistema nervioso central», explica Laia Torres. Un nuevo producto que se suma a otras colaboraciones, como aceitunas y vinagretas con agua de mar.

Oportunidades de innovar y redefinirse
La resiliencia y la capacidad de adaptarse a los cambios, a las nuevas tendencias y las demandas versátiles de los consumidores son fundamentales tanto para mantener en pie los negocios locales como para lanzar nuevas propuestas al mercado.
Desde la provincia gallega de Lugo, Bubela presenta una nueva forma de entender el cereal. Esta empresa, que empezó hace una década con el cultivo de huerta ecológica, se ha reinventado, especializándose en la producción pastas y cervezas artesanas. «Nuestros productos se basan en producto y comercio local. Toda la materia prima y los ingredientes que usamos proviene de nuestra bioregión (Galicia, Bierzo y hasta Zamora). Producimos pastas con base de centeno procedente de Galicia y le añadimos castaña de la zona de Verín, algas del Atlántico, y cúrcuma y espirulina de un distribuidor que está a 20 quilómetros de nuestra fábrica», comenta Francisco Fernández, socio de Bubela.
Fieles a la idea de mantener su esencia artesana, Bubela se esfuerza para que el consumo de sus productos sea siempre de proximidad y directo, ya sea a través de grupos de consumo, tiendas ecológicas, ferias de alimentación, festivales y bares especializados en cerveza artesana.

De la premisa de que el bienestar y el placer tienen que ir de la mano, nace MímateMuxo, un nuevo proyecto que busca ofrecer una nueva generación de bebidas saludables alternativas a los refrescos convencionales. En palabras de Mar, bióloga y administradora de la compañía, «hemos creado una marca de refrescos saludables a base de hierbas medicinales que aportan un plus al organismo. Nuestras bebidas hechas con ingredientes naturales aportan nutrientes. No utilizamos aromas ni extractos. Tienen un sabor muy natural y un punto de dulzura».
Actualmente, MímateMuxo tiene dos líneas de producto: Energy Mango, una fórmula energética a base de hierba mate, ginseng, menta fresca y mango, y Strong Berry, una bebida antioxidante y revitalizante con frambuesa, escaramujo e hibisco. Sus bebidas se pueden encontrar en su tienda online.

Autora: Ariadna Coma, Periodista
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