Hace ahora 30 años que presentamos nuestra primera publicación sobre la presencia de bisfenol-A (BPA), un componente del plástico policarbonato y las resinas epoxi, como contaminante en los alimentos. El BPA es un disruptor endocrino que debes evitar, que se desprende de las paredes plásticas de las latas de conserva y contamina el líquido de cobertura de los alimentos conservados.

El proceso de regulación del tipo de envases que contaminan el alimento con BPA ha sido muy lento. Te diré que con lentitud exasperante. Primero fue la retirada del mercado en la UE (2011), de biberones que estaban hechos de policarbonato (PC). Fueron sustituidos por biberones de polipropileno (PP). Más tarde, en 2018, la prohibición de BPA en envases para alimentos infantiles. Dos años más tarde (2020) tocó el turno a los tickets de caja que emplean papel térmico que no necesita tinta de impresión y que son fuente de exposición dérmica a BPA, sobre todo para el personal que toca kilómetros de papel cada día.
Después de muchas negociaciones, por fin (¡) en diciembre de 2024 se estableció un calendario para la retirada de las resinas epoxi en las latas de conserva. Treinta años para tomar esa decisión. Imaginarás que durante estos 30 años que separan la denuncia científica y la regulación técnica ha ocurrido una exposición a BPA en toda la población consumidora de conservas enlatadas, de botellones de PC de agua a domicilio, de envases plásticos, que ha tenido y tiene consecuencias graves sobre su salud. Te aseguro que así ha sido. La evidencia es clara. De no serlo, nunca habrían procedido a la regulación de su empleo. Lástima del tiempo perdido. Lástima la impunidad de los fabricantes y la estupidez de los encargados de la regulación y control.
Algunos envases de los alimentos contribuyen a la exposición humana a contaminantes tóxicos
El desgraciado caso del BPA en los envases alimentarios es el mejor de los ejemplos para ilustrar qué está ocurriendo con otro componente de los plásticos que está en contacto con los alimentos, ya sea en envasado o en preparación, y que está camino de convertirse en otro ejemplo de pésima gestión, codicia y estupidez humana. Me refiero a la presencia de compuestos perfluorados (PFAS y PFOAS) en el agua de bebida, en los envases alimentarios y en los utensilios y menaje de cocina. Seguro que te suena el revuelo en torno a las sartenes antiadherentes, esas que ahora lucen en las estanterías de los establecimientos como PFOA-Free. El monómero de ese polímero plástico es una cadena de carbonos y flúor con características tóxicas muy particulares y preocupantes, tanto por su persistencia ambiental, dada su muy difícil degradación, como por su toxicidad como disruptor de tu metabolismo.
La UE le ha echado la cruz a los perfluorados y los ha calificado como los «compuestos químicos eternos» (forever chemicals) dada su resistencia a la degradación y su empeño en quedarse dentro de tu cuerpo. Ya lo sabemos… mayor edad, mas perfluorados en tu sangre, más los hombres que las mujeres, porque la mujer se limpia de perfluorados con el embarazo y la lactancia. El patrón clásico de los compuestos persistentes. Ahora, ¿cómo recomponemos esto? ¿cómo damos marcha atrás en esta carrera estúpida de sustitución de materiales inertes por plásticos tóxicos?

Justo aquí quería llegar. Bisfenoles como el BPA y perfluorados como PFAS son dos buenos ejemplos de empleo de materiales de síntesis, derivados del petróleo que bajo el nombre genérico de plásticos han invadido nuestro ambiente, nuestro organismo y nuestras vidas en no más de 60 años. Ahora te alarmas con las noticias diarias sobre la presencia de plásticos enteros o fragmentados (micro y nanoplásticos) en el medioambiente que te rodea, desde el océano al aire de tu ciudad, en el agua de bebida embotellada en PET a los alimentos plastificados del supermercado. La sustitución estúpida de materiales naturales y reutilizables por nuevos materiales de un solo uso, con cualidades excepcionales y con una gestión de residuo pésima están contribuyendo a dibujar este nuevo escenario de supervivencia que estás preparando para tus hijas e hijos. Creo que nunca nos lo perdonarán.
La exposición humana a contaminantes químicos ocurre, fundamentalmente, por vía alimentaria y tiene su origen en la producción y gestión de los alimentos. Los nuevos métodos de producción, distribución y preparación de los alimentos han supuesto un incremento de los compuestos químicos que entran en contacto con ellos, de manera que estos pueden contener sustancias químicas que no forman parte de su composición estricta, sino que los han adquirido, por ejemplo, en el procesamiento, envasado y preparación. Actualmente, el envasado alimentario en plástico es muy frecuente y causante de la migración de compuestos tóxicos a alimentos con la consecuente exposición humana a los mismos a través de la alimentación. Además, el plástico no se degrada fácilmente, por lo que se acumula en forma de micro y nanoplásticos en ecosistemas marinos y terrestres dañando flora y fauna.
¿Qué puedes hacer?
- Compra al peso alimentos cuyo envasado no es necesario.
- Prioriza los envases de más tamaño sobre las raciones individuales.
- Lleva a la compra tu propia bolsa -a ser posible de tela por ser más sostenible, fácilmente lavable y permitir la transpiración de alimentos- y tus envases, preferiblemente de cristal o metálicos.
- En casa usa botellas, tarros y envases de cristal, siempre preferibles a cualquier tipo de plástico, especialmente los de policarbonato (PC).
- Recicla el poco plástico que uses y deposítalo en el contenedor amarillo.
- Exige la reducción del plástico a mínimos en los comedores escolares. Hay excelentes alternativas basadas en materiales inertes como metal, cristal o loza.
Autor: Nicolás Olea, Médico. Catedrático Universidad de Granada. Socio fundador de ALIMENTTA
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