Muchos de los productos dirigidos a la infancia, como golosinas, refrescos, cereales de desayuno, postres lácteos o bollería industrial, deben su atractivo visual a los colorantes artificiales.

madre cansada
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En años recientes, estos colorantes han generado debate por sus posibles efectos sobre la conducta infantil. ¿Son realmente perjudiciales? ¿Debemos evitarlos? ¿Los colorantes vuelven hiperactivos a los niños y niñas, o esto no es más que un mito?

El estudio de Southampton

Aunque algunos padres y madres siempre han sostenido que veían cambios en el comportamiento de sus hijos/as tras comer ciertos alimentos, hasta hace no mucho tiempo esto no dejaba de ser una suposición o teoría.

Pero en el año 2007, un estudio publicado en la revista The Lancet, mostró que determinadas mezclas de colorantes artificiales junto con benzoato sódico (un conservante) producían alteraciones medibles en los niveles de actividad y en la capacidad de atención infantil.

Los investigadores de la universidad de Southampton en el Reino Unido seleccionaron dos grupos de niños y niñas de 3 y de 8-9 años y los dividieron en dos subgrupos: durante 6 semanas un grupo tomó un zumo con la mezcla de colorantes artificiales junto con benzoato sódico y el otro tomó un zumo sin ningún aditivo. Ni los niños, ni sus padres, ni sus profesores ni quienes analizaron los datos sabían qué es lo que había tomado cada niño.

La Unión Europea exige que los productos que contengan ciertos colorantes incluyan la advertencia: “Puede tener efectos negativos sobre la actividad y la atención de los niños”

Los niños y niñas que tomaron la mezcla de colorantes mostraron un pequeño aumento en los niveles de hiperactividad, comparados con quienes no lo hicieron. No se trataba de niños/as con diagnóstico de trastorno por déficit de atención e hiperactividad (TDAH), sino de población general.

Aunque el efecto observado fue modesto, y el grupo de niñas/os estudiados fue pequeño, la Autoridad Europea de Seguridad Alimentaria (EFSA) aplicó el principio de precaución y concluyó que existe una posible relación entre determinadas mezclas de colorantes y cambios en la actividad y atención en algunos niños. Como consecuencia, la Unión Europea exige que los productos que contengan ciertos colorantes incluyan la advertencia: “Puede tener efectos negativos sobre la actividad y la atención de los niños”.

¿Qué son los colorantes artificiales?

Los colorantes artificiales son aditivos diseñados para intensificar o modificar el color natural de los alimentos. No aportan valor nutricional; su función es puramente estética. Entre ellos se encuentran los seis colorantes analizados en el estudio de Southampton: tartrazina (E102), amarillo ocaso (E110), amaranto o rojo alimentario (E123), ponceau 4R (E124), rojo allura AC (E129), y carmoisina (E122), y otros como el E104 (amarillo quinoleína); todos ampliamente utilizados en la industria alimentaria.

¿Pueden los colorantes causar TDAH?

No. La evidencia actual no indica que los colorantes artificiales causen TDAH; este es un trastorno causado por múltiples factores (ambientales y genéticos) y no por una sola sustancia. Lo que sí sugieren algunos estudios es que pueden incrementar ligeramente síntomas de inquietud o impulsividad en un subgrupo de niños y niñas susceptibles.

Sin embargo, incluso este efecto pequeño puede ser relevante, especialmente en niños con dificultades de atención previas y sobre todo teniendo en cuenta que los colorantes artificiales no tienen ningún valor nutricional.

Donuts de colores
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¿Pueden causar otros problemas los colorantes artificiales?

Algunos colorantes artificiales pueden desencadenar reacciones de hipersensibilidad en un pequeño porcentaje de personas, especialmente urticaria o empeoramiento de síntomas en individuos con asma o intolerancia a la aspirina. Estas reacciones son poco frecuentes y no afectan a la mayoría de la población, pero justifican una lectura atenta del etiquetado en personas con antecedentes alérgicos o cutáneos.

¿Qué debemos hacer?

Los colorantes artificiales no aportan nada positivo a la alimentación infantil y tienen posibles efectos perjudiciales sobre su desarrollo. Además, estas sustancias están habitualmente presentes en alimentos ultraprocesados, ricos en azúcares añadidos, harinas refinadas y grasas saturadas. Por tanto, los niños y niñas que consumen frecuentemente productos con colorantes están recibiendo globalmente una alimentación poco adecuada. Evitar los alimentos con colorantes va a suponer también mejorar la calidad general de la dieta.

En la infancia una buena alimentación es esencial para garantizar un crecimiento y desarrollo óptimos y para prevenir enfermedades futuras. La mayor parte de los alimentos que toman las niñas y niños deberían ser frescos (frutas, verduras, legumbres…), mínimamente procesados (pan, tofu, aceite de oliva…) y de producción ecológica.

Los colorantes artificiales no aportan nada positivo a la alimentación infantil y tienen posibles efectos perjudiciales sobre su desarrollo

Es cierto que a los niños y niñas les atraen naturalmente los colores llamativos, pero esto no implica que estos colores no puedan ser naturales. La naturaleza, con la que los niños y niñas de hoy en día han perdido desafortunadamente el contacto, es una fuente inagotable de colores. A diferencia de los colorantes artificiales, los colores naturales de frutas y verduras son también antioxidantes potentes, y en algunos casos incluso vitaminas, que producen muchos beneficios en el organismo.

Usemos la curiosidad infantil a favor de su salud. Podemos visitar con ellos mercados locales de productos ecológicos donde se despliegan frutas y verduras de múltiples tonalidades; y convertir esta visita en una experiencia educativa y divertida: aprender los nombres de los alimentos, tocarlos, olerlos y después cocinarlos juntos en casa. Además, estos mercados suelen ofrecer variedades que no se suelen encontrar en los supermercados, como zanahorias moradas, brócoli violeta, tomates amarillos o remolachas de distintos matices.

Autora: Miriam Martínez Biarge, Médico Pediatra.

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