Meritxell Roman es ingeniera alimentaria formada en la Escuela de Ingeniería Agroalimentaria y de Biosistemas de Barcelona (UPC). Tiene sus raíces en un pequeño pueblo del Pallars Jussà, Palau de Noguera, donde su familia ha estado ligada a la tierra durante generaciones. Nació en Barcelona, pero el amor por el mundo agrícola le llevó a unirse a Hortec, cooperativa agroecológica dedicada a la producción y comercialización de frutas, verduras y otros productos ecológicos, en 2015.

«Inicialmente, trabajé en el departamento de calidad, centrándome en normativa y organización técnica. Desde el último trimestre de 2022, ejerzo como gerente de la cooperativa, con el compromiso de liderar con pasión y respeto por los valores de la agricultura ecológica, de proximidad y cooperativismo», nos explica.
El sector agrario y rural ha sido tradicionalmente visto como un mundo de hombres. ¿Crees que esta visión se ha transformado o se está transformando?
Está costando como en otros ámbitos del mundo laboral. El sector alimentario ha sido y sigue siendo de gran importancia aquí en Cataluña, esto engloba al sector agrario y rural. Décadas atrás, el papel de la mujer era más bien la crianza y la gestión familiar, no se le daba visibilidad en trabajo en el campo. Actualmente, esto ha evolucionado. Se está transformando.
A las mujeres se las ve, en general, en trabajos distintos, más administrativos. El problema del sector agrario es que es un trabajo considerado muy duro, tanto físicamente como de implicación de tiempo. Hay muchas mujeres que pueden ser muy hábiles para trabajar en el mundo rural. Cada vez hay más interés, y también se está dando mayor visibilidad. Antes las mujeres también trabajaban, pero no se les daba ese reconocimiento. Estamos evolucionando hacia una realidad más paritaria, hoy en día no se puede considerar sólo un trabajo de hombres, ya somos muchas las mujeres que también trabajamos en el sector.
«Las mujeres, en el sector agrario tenemos un problema que es la carencia de relevo generacional»
A lo largo de tu trayectoria profesional, ¿te has topado con obstáculos o retos por el hecho de ser mujer?
Continuamente, y actualmente todavía existen. En mi caso, ya no sólo es que sea mujer, sino que tengo diversidad funcional.
Un ejemplo cercano: hace unos días fui a una feria con dos compañeros, uno del departamento de compras y otro del departamento de ventas. Cuando yo hablaba sobre un tema del que sabía más cosas, la persona con la que estábamos reunidos sólo miraba a mis compañeros hombres y no me miraba a mí, cuando era yo quien estaba hablando y quien daba las explicaciones que tocaban.
Quizás no te lo dicen claramente, pero con las miradas o los actos, se ve. No es que no seas bien recibida, pero no siempre te muestran la misma consideración que mostrarían si fueras un hombre. Son micromachismos.
Por eso debemos reivindicarnos y seguir. Se han creado referentes y continuaremos creándolos para que las siguientes generaciones se puedan reflejar en alguien.
«Si consideramos que somos válidas y queremos ser emprendedoras, que no sean los demás que nos digan que no podemos»
¿Cómo fue tu primer contacto con Hortec? ¿Qué te motivó a liderar la gerencia de la cooperativa?
Mi primer contacto fue al ver una oferta de trabajo por el nuevo departamento de calidad que quería instaurarse. Yo había estudiado Ingeniería Alimentaria, y ésta era una de las salidas laborales que tenía planeadas al terminar la carrera. Esto fue en octubre de 2015, y por casualidad durante el verano estudié también el mundo ecológico.
Cuando vi que Hortec se trataba de una cooperativa, que estaba dentro del área metropolitana de Barcelona y que se dedicaba al producto fresco y ecológico, me posicioné para trabajar aquí y me aceptaron.
Lo que me motivó a liderar la cooperativa como gerente fue aportar mis conocimientos en normativa y organización técnica a un nivel superior, liderar con pasión y respeto por los valores de la agricultura ecológica, de proximidad y cooperativismo vinculados con una gestión del tamaño de Hortec, que a su vez va muy alineado con mis valores personales.

¿Qué papel desempeñan las mujeres en la cooperativa? ¿Cómo contribuye Hortec a la igualdad de género?
Siempre hemos intentado que en los departamentos haya representación femenina, porque eso significa también darle valor. Es difícil encontrar perfiles que quieran realizar trabajos más físicos, pero históricamente, hemos tenido presencia femenina en todos los departamentos de la cooperativa, incluidos el de preparación de pedidos y el de transporte.
Desde hace muchos años, Hortec ha tenido una gerencia de mujeres. La anterior gerencia la encabezaban tres mujeres. Ahora han querido dar un paso al lado para que entren nuevas generaciones. Yo hace ocho años que trabajo. Esto significa que, al menos, hace quince años que el liderazgo en Hortec es femenino.
«Hay que reivindicarse y seguir, se han creado referentes y continuaremos creándolos para que las siguientes generaciones se puedan reflejar en alguien»
Hortec es una cooperativa de carácter social, que defiende el producto ecológico de temporada y los productores locales. ¿El feminismo también es uno de los valores fundamentales?
Totalmente. No sólo somos nosotros quienes trabajamos al día a día. Nuestros socios también comparten sus valores, de hecho la presidenta es una mujer también. Hay que darle valor y nos gusta poder visibilizarlo. En este mundo actual se debe tener una visión más amplia.
Hemos empezado hablando del mundo rural, visto como un mundo masculino. ¿Crees que el relevo generacional puede ser una buena oportunidad para fortalecer la presencia y reconocimiento de las mujeres en el sector agrícola?
Sí, y también es necesario estudiarlo. Las mujeres, en el sector agrario, tenemos un problema que es la falta de relevo generacional. Cada vez se van perdiendo más tierras. Esto también ha pasado de padres a hijos, de generación en generación. Si la familia ve futuro en el sector agrario, continuarán. Pero si ellos mismos ya no ven futuro, buscarán otras vías para sobrevivir. Esto es actualmente un problema, ya no sólo de mujeres o de hombres, sino del sector agrario.
Siempre han existido los estudios agrarios, y también de ingeniería, en los que todo esto se ha fomentado. Pero si desde el principio te fijas en quien estudia estas carreras, se ve claramente la diferencia. O cuando menos, cuando yo entré en la universidad lo veía. Teníamos cuatro líneas de estudios. En la agraria, el 90-95% eran varones. En la industria alimentaria sí que la mayoría éramos mujeres. Las otras dos líneas el porcentaje de hombres y mujeres se repartían más. Si se cree que el sector agrario no tiene salida, cada vez habrá menos.
En general, las ingenierías son mayoritariamente ‘carreras de hombres’ y este patrón debemos romperlo entre todas. La mujer ha estado más asociada a cuidados, a la enfermería, etc. Aquí es también donde debemos acabar con el tabú y que se vea todo correlacionado. Si empezamos desde jóvenes a darle importancia, habrá una transformación mucho más fuerte en temas laborales.

Hoy, día 19 de noviembre se celebra el Día Internacional de la Mujer Emprendedora. ¿Qué consejos le darías a otras mujeres que quieren emprender en el sector agrario ecológico?
Que se informen, que estudien y que sean valientes. No saldrá todo a la primera, deberemos caer y ver dónde están los errores para poder reformular. Pero nunca debemos dejarlo nada más empezar, porque si consideramos que somos válidas y queremos ser emprendedoras, que no sean los demás que nos digan que no podemos.
Y que se empoderen y cooperen entre ellas ante todo, porque es fundamental. Si ellas quieren ser ganaderas o agricultoras, porque creen en ello y les gusta, deben saber qué implica. Y si están dispuestas a hacerlo, adelante. Y, sobre todo, que tengan claro cuáles son los objetivos para emprender.
«El camino del emprendimiento, y más en el sector agroecológico, es largo y cambiante. Pero es en estos momentos complicados cuando la colectividad debe cerrar filas y remarcar que somos mujeres unidas y fuertes»
La visión de la mujer es importante y no debemos ‘dejarnos pisar’. Debemos ser constantes en nuestras decisiones tanto personales como laborales. Lo peor que podemos hacer como personas, tanto mujeres como hombres, es tener creencias y que la persona de al lado nos diga que no somos válidas.
Como emprendedoras podemos equivocarnos, podemos cometer errores, pero es importante detectarlos y aprender de ellos, para corregirlos. Tener presente que el camino del emprendimiento, y más en el sector agroecológico, es largo y cambiante. Pero es en estos momentos complicados cuando la colectividad debe cerrar filas y remarcar que somos mujeres unidas y fuertes.
Debemos hacernos ver, aportar nuestro granito de arena y dar la visión de nuestra perspectiva, que es diferente. Darle la vertiente feminista y hacer valer nuestra visión.
Autora: Ariadna Coma, Periodista
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