Según el informe Eurostat de 2013, España se mantiene como el país de la UE con una mayor tasa de abandono escolar prematuro entre los jóvenes de 18 a 24 años. Con un 23,5%, dobla la media comunitaria (11,9%). Evidentemente algo sigue fallando en nuestro sistema educativo. Junto a los sucesivos sistemas de enseñanza oficiales, encontramos gran cantidad de métodos de enseñanza llamados “alternativos”, que, no exentos de polémica, buscan posibles caminos para mejorar.

Algunos de ellos, llevan desde principios del siglo XX poniendo en práctica otras formas de enseñanza-aprendizaje. Es el caso de las escuelas Waldorf y Montessori, centros basados en el principio de la libertad, la responsabilidad y solidaridad entre iguales. Son modelos en continuo crecimiento por todo el mundo y cuyas propuestas llevan tiempo siendo asumidas a título personal por muchos educadores de la enseñanza oficial y privada. En países como Finlandia, por ejemplo, muchos de los elementos de la pedagogía Waldorf se practican, desde hace años, en todas las escuelas. En Francia, aproximadamente 20.000 alumnos aprenden con pedagogías alternativas.
Maria Montessori (1870-1952), médico y educadora y Rudolf Steiner (1861-1925), filósofo y pedagogo, desarrollaron en la misma época dos métodos de enseñanza diferentes pero coincidentes en algunas de sus propuestas que, sin duda ,han dejado huella en la educación.
En ambos métodos, el respeto al niño, a su enorme potencial y la necesidad de otorgarle una gran libertad son fundamentales para el desarrollo de sus talentos. Ambos proponen un entorno escolar hecho a medida para los niños. Los muebles están hechos a medida y los niños tienen libertad de movimiento en el aula. Las actividades artísticas como la música tienen un gran peso y además se intenta reproducir la vida doméstica en la escuela. Los alumnos no tienen libros de texto, los confeccionan ellos mismos y los exámenes no existen, se considera que las calificaciones no solo son inútiles sino además perjudiciales. El niño ha de competir consigo mismo y no con los demás para poder adquirir seguridad y capacidad de colaboración. Los padres forman parte de la comunidad escolar de manera participativa.
En 1919, al austríaco Rudolf Steiner, creador de la Antroposofía y de la agricultura biodinámica, se le encomendó la tarea de crear una escuela para los hijos de los trabajadores de la fábrica Waldorf-Astoria, en Alemania. Su método de enseñanza parte de la capacidad innata de los niños de imitar, imaginar y experimentar y busca adaptarse al desarrollo personal de cada niño y despertar su interés por conocer el mundo.
Se procura un desarrollo integral, respetando los aspectos fisiológicos, psíquicos y espirituales del niño. Los padres participan plenamente en el proceso educativo.
Se mantiene un mismo maestro-tutor durante los 6 años de cada ciclo para hacer un mejor seguimiento de la evolución del niño, sin necesidad de hacer exámenes, y afianzar una buena convivencia. Se estudian los contenidos que exige el Ministerio de Educación, pero los alumnos no utilizan libros de texto. Las materias se adaptan a los niños.
Tienen gran importancia las asignaturas artísticas (música, danza, teatro, pintura) así como los oficios y trabajos de artesanía con diferentes materiales como lana, barro, madera, piedra… Los alumnos aprenden artes y oficios.
En la primera infancia, se considera que el juego es la herramienta indispensable. El aprendizaje de la lectura no tiene lugar antes de los siete años.
Como nos comenta Antonio Malagón, maestro fundador en 1979 del primer centro Waldorf en España y presidente la Asociación de Centros educativos Waldorf, “a los niños se les hurta la infancia. De forma prematura se les sienta a hacer fichas sin ningún sentido pedagógico.” Para el fundador de la Escuela Libre Micael, “los niños necesitan jugar, experimentar, ejercitar la convivencia con sus compañeros y sus maestros, desarrollar su imaginación y su voluntad de modo libre para que, en el futuro, sean personas creativas, valientes y solidarias. Está comprobado que la escritura, la lectura y el cálculo se aprenden rápido y con ganas cuando están maduros para ello”.
- Lee la segunda parte: La educación alternativa: aprender a aprender, una apuesta de sentido común
Autor: Marta Gandarillas, periodista
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