Las bolsas de plástico están hechas de petróleo, un recurso renovable y costoso. Tardan 500 años en descomponerse y tirarlas afecta a la fauna terrestre y acuática. Según un informe de Naciones Unidas cada año 6,4 millones de toneladas de basura acaban en los océanos de todo el mundo. La Unión Europea se ha propuesto eliminar antes de 2019 el 80% de las bolsas de plástico que se consumen actualmente.

Un continente de plástico

El Parlamento Europeo ha exigido a los Estados miembros que tomen medidas para evitar que cada ciudadano de la unión emplee, de media, 200 bolsas al año. Plantean que se impida la distribución gratuita en supermercados y otras superficies, o que se establezcan tasas o impuestos. Mientras algunos países han conseguido reducir el número de bolsas, en otros se siguen entregando gratis y su consumo es muy elevado.

Cada año 8.000 millones de bolsas de plástico acaban en la basura, y eso significa que en parte también acaban en el mar. Solo el 6,6% se reciclan, según datos de la Comisión Europea. El daño medioambiental es enorme. Una bolsa de plástico tarda mucho en degradarse, y se va fragmentando en trozos minúsculos. Estudios recientes muestran que el zooplancton ingiere estos minúsculos trozos de plástico, que así entran en la cadena alimentaria y es casi imposible encontrar un animal marino que no tenga restos de plástico en su organismo. Las tortugas marinas pueden perfectamente confundir una bolsa con una medusa, una de sus comidas habituales.

El impacto más visual de esta suciedad marina son las gigantescas islas de plástico que flotan en varios océanos. Varios equipos de investigadores de toda Europa han estado más de una década tomando muestras en 32 puntos repartidos por el Atlántico, el Ártico y el Mediterráneo. Y han encontrado que la basura generada por el hombre está en todas partes: desde las playas hasta los fondos marinos más profundos y más remotos.

Un artículo de la revista PLOS ONE, explica como Joan B. Company, investigador del Instituto de Ciencias del Mar (CSIC) y su equipo, que investigan los grandes fondos marinos, prospectaron la costa desde Blanes, delante de la costa de Barcelona, hasta Creta. Desde dos buques oceanográficos del CSIC lanzaron al fondo redes de arrastre de pesca, con las que se atrapa desde pescado hasta la basura más inimaginable. Mientras el equipo del CSIC contó a mano lo que salió de las redes de arrastre, todo tipo de objetos impensables, el resto de investigadores emplearon principalmente vídeos con imágenes submarinas tomadas por vehículos operados con control remoto para denunciar y verificar así su investigación.

Es casi imposible encontrar un animal marino que no tenga restos de plástico en su organismo.

La mala gestión de los residuos plásticos y su vertido continuado durante muchos años a los mares y océanos en cantidades ingentes, ha originado la formación de una zona en el Pacífico con una extensión de unos 3,4 millones de km2 y un peso estimado de 100 millones de toneladas, conocida como el séptimo continente, la isla de la basura o la gran sopa de plástico.

La causa por la que se concentran en un mismo punto miles y miles de toneladas de estos materiales es la circulación de las corrientes marinas que giran en el Pacífico en el mismo sentido que las agujas del reloj. Este movimiento rotatorio facilita que se vayan recogiendo y arremolinando los residuos que, desde los ríos y los barcos, se van vertiendo a nuestras aguas y hace que toda esta basura marina se vaya acumulando en un mismo punto, dando lugar a un remolino que impide que los desechos de plástico se dispersen hacia las costas, de manera que no para de crecer. Nuestra falta de conciencia ecológica ha creado un gravísimo problema medioambiental difícil de solucionar.

Autora: Maria Cacheda, arqueóloga y divulgadora del patrimonio cultural

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