En el mundo se producen entre 20 y 50 millones de toneladas de residuos electrónicos según Naciones Unidas. Ordenadores portátiles, pantallas o teléfonos móviles, que contienen sustancias y materiales químicos peligrosos que pueden plantear serias amenazas para la salud humana y el medio ambiente.

residuos electronicos

Esta basura electrónica, enmascarada como “bienes de segunda mano” es enviada a países con poca o ninguna legislación sobre reciclaje como India, China i sobre todo África Occidental, a países como Ghana o Nigeria. Bajo la disculpa de reducir la “brecha digital” los equipos inservibles son enviados a países pobres como material usado, pero Greenpeace señala que entre el 25% y el 75% de los materiales enviados a África no pueden ser utilizados.

La exportación de residuos electrónicos es ilegal en la Unión Europea, pero miles de toneladas de estos desechos europeos terminan en países en vías de desarrollo transportados en contenedores etiquetados como “mercancía de segunda mano”.

El alcance de la contaminación química en estos países afecta a un amplio entorno de los lugares de reciclaje de estos residuos lo que incluye las casas de los trabajadores que separan las piezas. Un estudio de Greenpeace sobre este tema en Ghana, denuncia que la mayoría de trabajadores son niños de entre 5 y 18 años que desmontan la chatarra con las manos y con piedras.

Buscan las partes metálicas, especialmente aluminio y cobre, para venderlos a los distribuidores locales. El cobre se encuentra sobre todo dentro de hilos o cables de plástico que queman para extraerlo. Cuando queman los aparatos eléctricos se liberan al aire partículas de polvo y vapores tóxicos que pueden penetrar en sus pulmones. Un ejemplo son los tubos de rayos catódicos, usados en televisores y monitores de ordenador que vierten y liberan al aire sustancias muy tóxicas. Algunas de estas sustancias están prohibidas en Europa debido a su capacidad para acumularse en el medio ambiente.

La directiva de Residuos de Aparatos Eléctricos y Electrónicos (RAEE), y la Directiva de Restricción de Sustancias Peligrosas en aparatos eléctricos y electrónicos (RdSP), excluyen muchas sustancias peligrosas que han sido identificadas por Greenpeace en los emplazamientos de residuos electrónicos de Ghana y que continúan siendo utilizadas en los productos nuevos. Sustancias como los ftalatos, el PVC i el antimonio.

Para proteger la salud humana y el medio ambiente, estas directivas necesitan ampliar su campo de acción y cubrir todas las sustancias peligrosas usadas por la industria electrónica. Se necesita con urgencia una legislación más fuerte y amplia, además de la necesidad de que los fabricantes de productos electrónicos eliminen las sustancias peligrosas de estos y de que se hagan responsables durante todo el ciclo de vida de sus productos, lo que incluye el final de la vida útil, mediante la recogida y reciclaje gratuitos en cualquier parte del mundo donde se vendan sus productos.

Los residuos electrónicos se deben minimizar; los que sean inevitables se deben reciclar y eliminar de la forma más segura posible. Esto también se puede lograr diseñando productos con una vida útil más larga, que sean más seguros y fáciles de reparar, mejorar y reciclar, y evitar en lo posible el uso de sustancias químicas peligrosas.

Autora: Maria Cacheda, arqueóloga y divulgadora del patrimonio cultural

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