Medicina Tradicional China: fuente de inspiración - medicina tradicional xinesa

En la sociedad actual, con el vertiginoso ritmo al que vivimos, nos hemos acostumbrado a no tolerar los síntomas de la enfermedad. Con el síntoma, nuestro cuerpo nos avisa de que hay algo en  nosotros que no va bien y que necesitamos parar, observar e intentar comprender. Pero lo primero que hacemos es buscar algo que quite el síntoma sin dedicarnos a buscar el origen o las posibles causas para que “la alarma” no vuelva a sonar. Sin embargo, una de las características fundamentales de la MTC es que busca la “raíz” del problema.

La MTC tiene como fundamento la prevención, es decir, que trata de que la persona no enferme. Trata al individuo en su espectro social, familiar… sus emociones, su forma de vida, su forma de comer… Es decir, no hay enfermedades sino enfermos y el concepto de curación se produce antes de que la enfermedad aparezca.

El sistemas de diagnóstico en MTC es clave y emplea cuatro métodos: la observación (vitalidad, color, tez, apariencia física, y regiones específicas del cuerpo, la forma, color, cualidad y cantidad de las descargas), la auscultación y olfacción (alteración de los sonidos y colores), el interrogatorio (a los pacientes sobre comienzo y desarrollo de la enfermedad, síntomas, duración…) y la toma de pulso y palpación (de tórax, abdomen, manos, pies). Existen 28 tipos de pulso que se observan en ambas manos y en tres posiciones diferentes que se relacionan con órganos y que dan una información básica acerca del desequilibrio de la persona.

La MTC trata al individuo en su espectro social, familiar… sus emociones, su forma de vida, su forma de comer…

En Medicina Tradicional China (MTC) no se habla de enfermedades, sino de Síndromes

No se trata de analizar los síntomas uno a uno para encontrar la causa de la enfermedad, sino que se trata de comprender el desequilibrio energético, fisiológico y emocional, psicológico, etiológico (es decir las causas), etc.  en su conjunto. No se aíslan los síntomas, sino que se buscan las relaciones entre ellos, las posibles causas tanto externas como internas y los desequilibrios subyacentes a la afección. Sería una visión de conjunto una forma más global de entender al paciente.

Como explica Juliana Guzmán, profesora de MTC en el Centro de Estudios Superiores y Terapias naturales Philippus Thuban de Madrid, “si un enfermo tiene una úlcera de estómago, en Occidente, se ve que hay una patología en la que existen unas causas, una fisiopatología del estómago y un tratamiento igual para todos los enfermos. En MTC se habla de diferentes síndromes, con causas internas (emociones, por ejemplo) o externas (alimentación o frío…, por poner algún ejemplo) que cada paciente desarrollará con síntomas diferentes en función de los desequilibrios subyacentes que pueda tener en otros órganos, no solo en el estómago, y de su evolución,  en función del contexto o de la vida que lleve esa persona, en función de su entorno.., y todo ello puesto en relación de manera dinámica…. interactuando…Es como ver una película, en lugar de un fotograma.”

Pero la MTC, en su adaptación a Occidente, ha perdido mucha parte de su contenido y de sus orígenes. Como nos explica Carlos Maudos, licenciado en Medicina Tradicional China, profesor en China y experto en Moraterapia, “ya al llegar a Occidente a finales del siglo XVII de la mano de misioneros jesuitas, para facilitar su aceptación por parte de los galenos de la época, se cambió el nombre de los meridianos y les pusieron los nombres de los órganos principales a los que nutren, lo cual hace que se pierda una parte importante de su contenido y valor”…”

En su experiencia profesional y sus frecuentes estancias en China, Carlos Maudos destaca como relevante a la hora de entender la MTC que, “la parte material y bioquímica de los seres vivos está gobernada por la parte inmaterial, por los impulsos biofotónicos y por las ondas electromagnéticas que circulan por nosotros  a través de nuestras “autopistas digitales de información”. En esto es en lo que se centra la MTC y no solo en la parte de la acupuntura, yo diría que lo más importante es el Chi kung o  gimnasia energética”.

La física moderna, gracias a  científicos como Alexander Gurvich, el premio Nobel belga llya Prigogine  o el biofísico alemán Fritz Albert Popp y a través de sus descubrimientos sobre la comunicación de células y órganos por medio de ondas electromagnéticas, ha corroborado toda esta base energética en la que se sustenta la MTC.

Según Carlos Maudos, “en China se da mucha más importancia a la Tui na (masaje terapéutico según los canales energéticos), la medicina herbal y sobre todo, el Chi kung.” El Chi Kung o Qi Gong es una práctica corporal formada por suaves movimientos físicos, ejercicios respiratorios y concentración mental que surgió en China hace unos 4.000 años con el fin de fortalecer el organismo a nivel físico, mental y espiritual.  “Chi” es la energía vital y “Kung” el trabajo constante y la maestría adquirida tras un período de tiempo. El Chi Kung es, por tanto, el cultivo y la práctica de la movilización consciente de la energía por el interior del cuerpo.

La Medicina Tradicional China (MTC) permite investigar nuevos tratamientos

To YouYou, premio Nobel de Medicina en 2105, decía al recoger el galardón “nuestra medicina tradicional es una fuente de inspiración que requiere más investigación (…) la MTC esconde numerosos beneficios para la salud, aún por descubrir“. Esta científica octogenaria y su equipo de investigadores evitaron millones de muertes por malaria gracias a la artemisina.  Las propiedades de esta planta, la artemisia annua (ajenjo), ya  figuraban en varios libros históricos de medicina china, como el ‘Manual de prescripciones para emergencias’ elaborado por Ge Hong en el siglo IV.

A pesar de la ceguera y cerrazón de una parte de la comunidad científica, las evidencias, la tendencia y la necesidad demuestran que la MTC permite investigar nuevos tratamientos, diseñar protocolos para nuevas enfermedades y adaptarse al sufrimiento actual de los pacientes y de la sociedad.

Autora: Marta Gandarillas, periodista

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Bio Eco Actual Diciembre 2017

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