Por muy buena que sea nuestra alimentación habitual, en verano es normal relajar un poco las costumbres y permitirnos cosas que el resto del año no hacemos. Hay más comidas fuera de casa, más comidas con amigos, más picnics y excursiones, y todo esto conlleva más helados, más aperitivos salados, y más alimentos superfluos.

Nutrición infantil: recuperar los buenos hábitos tras las vacaciones

Esto no tiene por qué ser negativo si lo hacemos con conciencia y no perdemos el control. La alimentación es algo más que proveernos de nutrientes: comer es también un acto social y por ello es un error buscar la perfección en los alimentos que forman nuestra dieta. Durante las vacaciones de verano todos queremos descansar y cocinar menos y disfrutar de la compañía de otros y esto también tiene su lugar. Es posible encontrar un equilibrio entre comer solo lo que nos procure un placer instantáneo y comer solo lo que sea 100% saludable.

El mayor riesgo para los niños es comer un exceso de calorías vacías, y quedarse cortos en nutrientes importantes

Pero al llegar el otoño nos damos cuenta de que hemos ido aumentando sin darnos cuenta la proporción de platos precocinados y de que estamos comiendo menos verduras y legumbres de lo que hacíamos antes.

Cuando llega septiembre todo el mundo parece tomar conciencia de los malos hábitos del verano y quiere poner soluciones. Pero cuidado: los niños no necesitan detoxificarse y no les convienen en absoluto las dietas depurativas que se promocionan en estas fechas. El mayor riesgo para los niños es comer un exceso de calorías vacías, y quedarse cortos en nutrientes importantes. Por ello es mejor centrar los esfuerzos en recuperar los alimentos con alta densidad de nutrientes, pero bajos en azúcar, sal, grasas saturadas y aditivos.

Estos sencillos consejos nos van a ayudar a equilibrar la dieta en otoño y corregir los excesos del verano:

  • Aprovecha las verduras de temporada, especialmente calabazas, boniatos, brécol, coliflor, espinacas y setas para preparar guisos con legumbres.
  • Aumenta el consumo de frutos secos y semillas.
  • Añade levadura nutricional a los platos.
  • Incluye alimentos probióticos, como los yogures y las verduras fermentadas.

Además de esto, dos factores que van a ayudar enormemente a los niños y niñas a volver a su rutina y recuperar su buenos hábitos y gusto por la comida sana y de calidad son 1) que hagan ejercicio durante el día, y 2) que duerman bien por la noche. La importancia del sueño no se tiene suficientemente en cuenta, pero las personas que duermen adecuadamente tienen menos tendencia durante el día a picar entre horas y a comer alimentos ricos en grasa saturada, sal y azúcar, y mantienen mejor a largo plazo su peso normal.

Autora: Miriam Martínez Biarge, Médico Pediatra

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Bio Eco Actual Septiembre 2020

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