Ya sea por genética, una alimentación inadecuada, sedentarismo o cambios hormonales (por ejemplo, la menopausia en las mujeres), la fuerza muscular disminuye gradualmente desde los 30 a los 50 años. Como resultado de esta pérdida, las fibras musculares presentan menor resistencia al estrés oxidativo y, a largo plazo, el movimiento y el equilibrio se ve dificultado. Por ello, aumenta el dolor muscular y de articulaciones, el riesgo de caídas o lesiones crónicas cada vez es más frecuente y las posibilidades de padecer síndromes o enfermedades degenerativas crecen.

fuerza 40 años
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Seguir hábitos saludables

Seguir unos hábitos saludables puede ayudar en la prevención de molestias y la pérdida de fuerza. La alimentación es uno de los pilares fundamentales de la salud, por lo que seguir una dieta variada y equilibrada, rica en calcio, vitaminas y ácidos grasos (como el omega 3), es importante para mantener nuestro organismo en buen estado. Y si además se basa en productos de temporada y de procedencia ecológica, aseguraremos que sea nutritiva y de calidad. La actividad física y, en concreto, los ejercicios de fuerza, también son claves. Mantenerse activo no solo nos ayudará a poder realizar las tareas diarias sin esfuerzo, sino que nos permitirán tonificar el músculo y gestionar mejor el estrés.

La fuerza muscular disminuye gradualmente desde los 30 a los 50 años

Colágeno y magnesio, aliados para la musculatura

Una de las causas de este proceso es que la producción natural de proteínas como el colágeno (principal componente del cartílago y encargado de cohesionar músculos, ligamentos y articulaciones, entre otras funciones) se va desgastando y nuestro organismo no siempre consigue formar los niveles suficientes.

No obstante, podemos conseguirlo mediante complementos alimenticios. El colágeno hidrolizado, por ejemplo, se encuentra en péptidos fáciles de digerir y asimilar, por lo que favorece la recuperación de la estructura de las articulaciones y la regeneración de sus tejidos.

El colágeno y el magnesio pueden ser aliados en el proceso de autocuidado

Otro mineral destacado en la salud ósea y muscular es el magnesio. Se encuentra especialmente en huesos y dientes y, entre sus funciones principales, ayuda a fijar el calcio y el fósforo e interviene en la recuperación muscular. En general, es fácil cubrir las necesidades diarias de este mineral con la alimentación, pero en algunas ocasiones la suplementación puede ser necesaria. Una de las opciones con mayor biodisponibilidad es la del magnesio unido al aminoácido glicina (bisglicinato), que puede ayudar a reducir la fatiga, mejorar la relajación, combatir el estrés y mitigar la ansiedad.

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Autora: Ariadna Coma, Periodista

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