Cuando hablamos de hombres y mujeres y del riesgo de padecer ciertas enfermedades, sabemos que existen diferencias. Por ejemplo, las mujeres tienen más riesgo de sufrir artrosis, sin embargo, los hombres tienen más riesgo de enfermedades cardiovasculares. Respecto a éstas últimas, concretamente, las mujeres pueden sufrir problemas cardiovasculares, pero siempre a una edad más avanzada que los hombres. Estas diferencias se han atribuido tradicionalmente a la fisiología distinta entre hombres y mujeres sobre todo en el plano de la regulación hormonal. Sin embargo, el papel del microbioma intestinal en la salud y en la enfermedad ha suscitado un gran interés y hay indicios de diferencias según nuestro sexo también a ese nivel. Aún queda mucho por conocer, pero los datos hasta ahora dibujan un nuevo paradigma.

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Las enfermedades cardiovasculares son la primera causa de muerte en el mundo y también en España. Se trata de un conjunto de trastornos del corazón y de los vasos sanguíneos, dentro de los que se incluyen la hipertensión arterial, la cardiopatía coronaria (angina de pecho e infarto de miocardio), la enfermedad y el accidente cerebrovascular (ictus), la enfermedad vascular periférica, la insuficiencia cardíaca, etc. Los factores de riesgo para sufrir estas patologías son muchos, por ejemplo, tener el colesterol elevado, la diabetes, la hipertensión arterial, la obesidad, el sedentarismo, el tabaquismo o una mala alimentación. Afecta algo más a los hombres y de forma más prematura. En promedio, las mujeres experimentan eventos cardiovasculares como infarto de miocardio a una edad más avanzada que los hombres y, en promedio, tienen menos tendencia a generar placa de ateroma que los hombres a cualquier edad. Esta afectación diferente según el sexo parece que está relacionada con diferencias en algunas proteínas involucradas en respuestas inflamatorias, en la respuesta al estrés oxidativo, la coagulación y la formación de placas de ateroma tanto no calcificadas como mixtas.

Las alteraciones en la composición y función del microbiota intestinal están relacionadas con muchísimas enfermedades

El estudio del microbioma, o microbiota, intestinal empezó hace unos 300 años y recientemente se ha hecho evidente que juega un papel clave en la aterosclerosis y el riesgo cardiovascular. Tenemos datos de que influye en una serie de factores de riesgo cardiovascular y de que existen diferencias de composición entre hombres y mujeres. Por ejemplo, la enfermedad periodontal y el microbioma dental se han implicado en la aterosclerosis por varios mecanismos, uno de ellos el de aumentar la inflamación sistémica. Y si bien hay microorganismos importantes que habitan en nuestra boca, piel o mucosas genitales, el microbioma que se considera clave con respecto a las enfermedades metabólicas y vasculares es el microbioma intestinal.

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En nuestro intestino viven billones de microorganismos que sirven como barrera y que tienen funciones metabólicas importantísimas. La microbiota intestinal ayuda a la digestión, la absorción y la producción de sustancias activas a partir de los nutrientes ingeridos, como vitaminas, aminoácidos, ácidos grasos de cadena corta como el butirato, etc. Además, cumple una función inmunoprotectora al competir con los microorganismos patógenos por el espacio en el intestino, así como al producir sustancias antimicrobianas y apoyar la función del sistema inmunitario. Las alteraciones en la composición y función del microbiota intestinal, la disbiosis, está relacionada con muchísimas enfermedades, entre ellas las cardiovasculares. La composición del microbioma y algunas sustancias generadas en el intestino desempeñan un papel importante en el desarrollo y la progresión de la aterosclerosis. Es probable que esta relación sea bidireccional entre los factores de riesgo como la obesidad, la diabetes, la dislipidemia y la hipertensión y la disbiosis.

Las diferencias según el sexo en el microbioma intestinal humano se han postulado como una explicación adicional y esclarecedora entre los factores de riesgo tradicionales para la aterosclerosis. En estudios en animales ya se ha observado el papel de las hormonas sexuales, incluido el estradiol o la testosterona, en la modulación de la composición del microbiota. Por lo tanto, el aumento del riesgo de enfermedad cardiovascular que confiere la menopausia probablemente esté mediado, no solo por el cambio hormonal, sino también, en parte, por el cambio en el microbioma. En algunos trabajos se ha demostrado que la proporción del género Bacteroides era menor en los hombres que en las mujeres, y, curiosamente, disminuía a medida que aumentaba el peso en los hombres y permanecía relativamente igual en todos los rangos de peso e índice de masa corporal para las mujeres. También otros microorganismos como Veillonella y Methanobrevibacter fueron más abundantes en las muestras fecales masculinas que en las femeninas, mientras que otros, como Bilophila, fue mayor en las mujeres. Estas diferencias también repercuten en la formación de sustancias como el butirato, que se produce por los microbios intestinales, como los Bacteroides, a partir de la fermentación de fibra dietética, y que tiene un papel biológico importantísimo en la prevención de la aterosclerosis. También se ha observado una relación entre la mayor proporción de bacterias gramnegativas, que tienen menor capacidad de producción de butirato, con los factores de riesgo cardiovascular tradicionales.

El futuro estará lleno de estudios que nos darán más información sobre el papel del microbioma sexualmente diferente y su relación con el riesgo de las enfermedades cardiovasculares. En la actualidad, de lo que no hay duda es de que, tanto hombres como mujeres debemos cuidar nuestra salud intestinal para cuidar así también nuestro corazón.

Autora: Laura I. Arranz, Doctora en Nutrición, farmacéutica y dietista-nutricionista | www.dietalogica.com

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