Resiliencia es un término de los que se ponen de moda y se empiezan a aplicar en muchos aspectos de nuestra vida sin saber exactamente de qué estamos hablando. Son de esas palabras que has de usar si quieres parecer una persona entendida en el tema en cuestión. El concepto de resiliencia ha tenido mucho éxito en el discurso académico y en las políticas de lucha contra el cambio climático hasta convertirse en un objetivo fundamental para las políticas de adaptación al clima.

En España, existen pocos estudios sobre estilos de vida “resilientes” con el clima y cuando los hay, la definición no es explícita. La mayoría de las investigaciones usan el término “sostenible” para hablar de prácticas de vida responsables con el clima. Dentro del Plan Nacional de Adaptación al Cambio Climático 2021-2030 (PNACC), los términos “sostenible” y “resiliente” son usados sucesivamente para hablar de estrategias de adaptación al clima. Pero, ¿a qué se refiere exactamente la palabra resiliente?
“Resiliencia” proviene del verbo latín resilire que significa rebotar, volver a saltar, reanimarse. El concepto se ha utilizado en numerosas disciplinas como la psicología, la ecología, la ingeniería o la gestión de riesgos. En la perspectiva comunitaria, la resiliencia se refiere a la capacidad de una comunidad humana y de sus instituciones para hacer frente y adaptarse a cambios sociales, políticos, ambientales o económicos. Un sistema humano y sus instituciones son resilientes cuando están preparados para hacer frente al cambio y la incertidumbre, es decir, cuando tienen la capacidad para actuar proactivamente para asegurar su futuro y reorganizarse posteriormente a una adversidad mejorando sus funciones, sus estructuras y sus identidades. Descubrir la manera en que las personas y las comunidades afrontan las adversidades y progresan culturalmente es de vital interés en el contexto actual de cambios climáticos, políticos, económicos y sociales.
Como ya hemos mencionado, lo que es destacable dentro del discurso de la resiliencia es la fuerte relación que existe con el concepto de sostenibilidad, siendo a veces, dos conceptos confundidos, entrelazados o usados como sinónimo. La sostenibilidad en los estilos de vida sería una guía para alcanzar la resiliencia que definiríamos como el conjunto de comportamientos, hábitos y costumbres desarrollados de forma individual o colectiva que contribuyan a reducir tanto los riesgos climáticos como la vulnerabilidad de los sistemas humanos y naturales ante las fluctuaciones climáticas, políticas, sociales y económicas por venir.
El proyecto CompartoClima, desarrollado por la Asociación Vida Sana, tiene como objetivo identificar prácticas reales y concretas que permiten a una persona ser más resiliente frente al cambio climático a partir de entrevistas realizadas a visitantes de ferias de consumo ecológico y de una encuesta difundida a través de la web. El objetivo es editar una guía que recoja el conjunto de prácticas identificadas en los diferentes ámbitos de la vida de una persona, así como el testimonio de algunos casos ejemplares de personas que tienen la sostenibilidad en el centro de sus vidas desde mucho antes que el cambio climático estuviese en todos los noticieros. Cualquier persona está invitada a compartir todo aquello que hace en su día a día y contribuir a este trabajo colectivo ya que para conseguir una verdadera resiliencia la colaboración y el respeto han de tomar el relevo al consumismo y el egocentrismo.
- Más información y enlace a la encuesta en: www.vidasana.org/compartoclima

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