El miso es un magnífico alimento que en los últimos años ha ido ganando popularidad en nuestro país. Desconocido para gran parte de la población hasta hace poco, hoy podemos encontrar miso en numerosos supermercados. Te contamos qué es el miso, qué tipos hay y cómo puedes incorporarlo a tu dieta.

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123RFLimited©fuzullhanum. Miso japonés, dos tipos, marrón oscuro y claro con soja seca

El miso es un alimento típicamente japonés, si bien se cree que sus raíces están en China desde donde llegaría al país nipón en el siglo VI d.C. Se trata de una pasta densa de soja fermentada por el hongo Aspergillus oryzae, conocido como kōji. En ocasiones, las habas de soja pueden estar complementadas con otro tipo de legumbres -como garbanzos y guisantes- o cereales -como el arroz y la cebada-.

Es, por tanto, un alimento fermentado, conocido también como ‘vivo’, que, como tal, aporta numerosos beneficios para la salud: ayuda a equilibrar la microbiota intestinal, fortalece el sistema inmune y disminuye las molestias digestivas como la hinchazón. También es depurativo, antioxidante y remineralizante.

Hay muchos tipos de miso y diversas maneras de clasificarlos: según los ingredientes utilizados; su color y el tiempo de fermentación. Cada región de Japón produce un miso único según los ingredientes locales, el clima y las preferencias culinarias de los habitantes. ¿Qué nos vamos a encontrar en el supermercado ecológico?

Miso blanco o ‘Shiro miso’. Es el que tiene un color más claro y un sabor más suave y ligero, ya que fermenta durante menos tiempo -desde unos pocos días hasta tres meses-. Está hecho con habas de soja y un gran porcentaje de arroz. Es el más popular, el que más se cultiva en Japón y una buena opción para iniciarse en el mundo del miso. Puedes utilizarlo para añadirlo a sopas y hornear.

Miso rojo o ‘Aka miso’. Debido a su más larga fermentación -entre uno y tres años-, tiene un color más oscuro -desde rojo hasta casi negroque el primero y un sabor más fuerte y salado. Contiene más cantidad de soja que el miso blanco y, aunque también puede llevar arroz, es más común que tenga cebada o centeno. Es muy versátil y se adapta a todo tipo de platos, desde sopas hasta aderezos, adobos y salsas.

Miso mixto o ‘Awase miso’. Es una combinación de los dos tipos anteriores: miso blanco y miso rojo, caracterizada por un equilibrio de dulce y salado. Está hecho con soja, arroz y cebada; y puede usarse en una variedad de platos.

Miso de cebada o ‘Mugi miso’. Este miso tiene un sabor más terroso y potente que los anteriores. Está hecho a base de habas de soja y cebada; y es ideal para incorporar a sopas, guisos, patés y para marinar.

Miso de arroz integral o ‘Genmai miso’. Preparado con habas de soja y arroz integral, es un alimento fuerte y aromático a la vez. Tiene un sabor más tostado y es la opción para platos fuertes, sopas intensas y para marinar.

Hatcho miso. Exclusivamente elaborado con soja, sal y kōji y con una fermentación más larga que los anteriores. El resultado es un miso de color muy oscuro y un sabor notablemente intenso y salado. Es tu ingrediente si quieres dar un sabor potente a tu plato, sean sopas o guisos. Se recomienda utilizarlo sobre todo en días de frío.

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123RFLimited©liudmilachernetska. Sopa de miso con tofu

El miso se encuentra básicamente en dos formatos: en sobres, deshidratado y listo para hacer sopas, y como una pasta oscura en bolsas de plástico herméticas o en botes de vidrio. La mejor opción siempre va a ser el miso ecológico para garantizar que son ingredientes de alta calidad sin exposición a tóxicos. También es importante que no lleve potenciadores de sabor ni azúcar, así como que no esté pasteurizado: el pasteurizado ha perdido buena parte de sus propiedades. Es importante también conservarlo, una vez abierto, en la nevera.

Ideas para utilizar el miso

El miso es sumamente versátil y se puede utilizar de diversas formas. Sí, aunque te suene a ingrediente raro y exótico, ¡es facilísimo introducirlo en tu dieta! Y no, no tiene por qué ser solo a tus platos asiáticos. Una vez sabemos qué tipos de miso hay en el mercado, lo mejor es irlos probando todos para quedarnos con el que más nos guste. Se recomienda empezar de menos a más: de menor intensidad -como el miso blanco- a mayor -como el hatcho miso-. El sabor del miso en general es salado, umami y ligeramente dulce: más potente a mayor fermentación.

La forma más tradicional y sencilla de utilizar el miso es añadiéndolo a tus sopas y guisos en pequeñas cantidades -se disuelve antes en un poco de agua- y sólo al final de la cocción para evitar reducir sus propiedades medicinales–¡nunca hay que hervirlo! -. En este sentido, vendría a ser una versión mejorada de la típica pastillita de caldo, es decir, un potenciador de sabor. El miso también puedes añadirlo como aderezo para ensaladas y verduras. Puedes, por ejemplo, simplemente mezclarlo con aceite y vinagre. Asimismo, es una buena opción para saltear verduras, asar alimentos y como ingrediente de cremas y salsas. Por ejemplo, puedes combinar el miso con una mayonesa vegana, con tahini e incluso con salsa de tomate para tus platos de pasta. Recuerda que aquí el tipo de miso sí que importa: para platos salados, elige el rojo, el ‘mugi’, el ‘genmai’ o el ‘hatcho’.

Este ingrediente indispensable para los japoneses es perfecto para adobar y marinar todo tipo de alimentos como, por ejemplo, el tofu. Y sí, también puedes utilizar el miso para tus platos dulces, principalmente el blanco, ya que tiene un sabor más dulce y suave. Si quieres darle un toque especial a tu postre, añade un poco de miso a helados y cremas, y, si quieres subir de nivel, añádelo a la masa de pasteles, galletas y brownies. Hay muchas maneras de disfrutar del miso, sólo tienes que encontrar la tuya.

AutoraCristina Fernández, Periodista & Blogger

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