Todos conocemos ya la importancia del calcio y de la vitamina D en la salud ósea. Pero hay un nutriente menos conocido que cumple una función esencial: la vitamina K2. Y es que la vitamina D facilita la absorción de calcio desde el intestino hasta la sangre, pero no determina dónde va a ir este calcio. Aquí es donde entra en juego la vitamina K2: ella es la que activa proteínas que van a fijar el calcio en el hueso.

La vitamina K2 es producida por bacterias, incluyendo nuestras propias bacterias intestinales, a partir de la vitamina K1, presente principalmente en vegetales de hoja verde. No se conoce bien aún cuánta de esta vitamina absorbemos. Es muy posible que esta cantidad varíe de unas personas a otras dependiendo de la salud de su microbiota intestinal: sí sabemos por ejemplo que los antibióticos pueden afectar a las bacterias que producen esta vitamina.
También encontramos vitamina K2 en los alimentos fermentados. De hecho, el natto, un producto japonés obtenido de la fermentación de la soja, es el alimento más rico en vitamina K2. Muchos investigadores piensan que una de las razones por las que las mujeres japonesas tienen menos osteoporosis que las occidentales es gracias a su consumo de natto.
La mayor parte de la masa ósea se construye durante la infancia y la adolescencia. Si la ingesta de calcio y vitamina D es insuficiente se puede producir raquitismo y detenerse el crecimiento. Pero ¿necesitan vitamina K2 los niños y niñas? Sabemos todavía poco al respecto, pero estudios iniciales recientes sugieren que esta vitamina también es importante en la infancia y podría contribuir a un mejor crecimiento en altura y mejor masa ósea al final de la adolescencia.
De momento no hay recomendaciones oficiales sobre la suplementación con vitamina K2 en la infancia, y aunque esta vitamina no es tóxica, es mejor ser prudente. Pero sí podemos asegurarnos que la microbiota intestinal de nuestros niños esté lo más sana posible para que produzcan su propia vitamina K2, proporcionándoles una alimentación lo más vegetal, integral y ecológica posible, que incluya, a partir de los 2 años, pequeñas cantidades de alimentos fermentados como el chucrut, el miso y el natto; evitando la administración de antibióticos a menos que sean imprescindibles y favoreciendo un contacto constante con la naturaleza. Algunas niñas y niños se podrían beneficiar de tomar suplementos de vitamina K2 junto con vitamina D, pero esto debe ser valorado individualmente por su pediatra.
Autora: Miriam Martínez Biarge, Médico Pediatra
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