En España, cerca de 5 millones de mujeres de entre 45 y 55 años atraviesan la menopausia. La menopausia es una transición natural que conlleva cambios profundos, no solo hormonales, sino también en el ecosistema de microorganismos que habitan en el intestino y la vagina. Comprender esta relación permite desarrollar estrategias preventivas con un impacto real en el bienestar diario.

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En el intestino adulto habitan unos cien billones de microorganismos vivos. Este ecosistema, conocido como microbiota, está formado por bacterias, hongos y virus que conviven principalmente en el colon y que pueden llegar a pesar alrededor de un kilo. Aunque se han identificado cerca de mil especies bacterianas, en cada persona suelen coexistir entre doscientas y trescientas, configurando una comunidad única.

Su influencia es amplia: participan en el metabolismo, modulan el sistema inmunitario y también se relacionan con el estado de ánimo y el peso corporal. A menudo se utiliza el término microbioma como sinónimo, aunque, en sentido estricto, incluye no solo los microorganismos, sino también sus genes y los productos que generan. En este artículo, utilizamos el término microbiota para referirnos a este conjunto.

¿Cómo influye la menopausia en la microbiota?

La disminución de estrógenos y progesterona que sucede en esta etapa se asocia a cambios en el ecosistema microbiano en dos frentes.

En el intestino. Diversos estudios han observado una menor diversidad bacteriana y cambios en la composición de la microbiota, lo que se relaciona con alteraciones en el metabolismo, el sistema inmunitario y, en algunos casos, el estado de ánimo.

En la vagina. Los estrógenos favorecen la presencia de glucógeno en la mucosa, que es el principal sustrato de los lactobacilos. Al reducirse los estrógenos, estos pueden disminuir y el entorno vaginal volverse más vulnerable.

Además, existe un mecanismo de interacción relevante: ciertas bacterias intestinales participan en el metabolismo de los estrógenos, permitiendo que parte de ellos vuelvan a activarse y circular en el organismo. Cuando la diversidad bacteriana disminuye, este proceso puede ser menos eficiente, lo que se asocia con niveles más bajos de estrógenos activos y con cambios metabólicos e inflamatorios propios de esta etapa. Aunque no se trata de una relación causal directa, esta interacción sugiere que la microbiota puede influir en la intensidad de algunos síntomas y en la salud global durante la menopausia.

Síntomas que pueden verse influidos por la microbiota

Muchas mujeres refieren cambios en su salud digestiva durante la menopausia, como sensación de hinchazón abdominal, gases, estreñimiento o reflujo. También es más frecuente la aparición de infecciones vaginales, como la candidiasis o las cistitis de repetición, relacionadas en parte con los cambios en la microbiota vaginal y con la mayor sequedad.

En el ámbito emocional y del sueño, la microbiota también puede desempeñar un papel, ya que algunas bacterias participan en la producción de serotonina y en la regulación del cortisol y la melatonina. Se trata de relaciones complejas que continúan en estudio, pero con una base biológica bien establecida.

Por otro lado, algunos cambios metabólicos característicos de esta etapa, como la tendencia a aumentar de peso, especialmente en la zona abdominal, o una mayor sensibilidad a la glucosa, también se han relacionado con el estado de la microbiota. Asimismo, se está investigando su posible papel en la absorción del calcio y la salud ósea.

Estrategias para cuidar la microbiota en la menopausia

La buena noticia es que la microbiota responde a los cambios de hábitos. No se trata de medidas drásticas, sino de ajustes sostenibles que pueden empezar a notarse en pocas semanas.

Healthy lifestyle. Portrait of beautiful smiling woman tasting fresh yogurt.
123RF Limited©dragonstock. Importante consumir fermentados como el yogur natural

Alimentación

La base es una alimentación predominantemente vegetal, rica en fibra y acompañada de actividad física regular. Conviene incluir: fermentados, como el yogur natural, el kéfir, el chucrut, el kimchi, la kombucha o el tempeh, que aportan bacterias vivas; fibra prebiótica, presente en cereales integrales, legumbres, avena y pan de centeno con masa madre; almidón resistente, presente en la patata, la pasta o el arroz cocinados y consumidos fríos o templados; fitoestrógenos de soja, lino y legumbres, con posible efecto modulador; polifenoles, antioxidantes presentes en el té verde, el café y el chocolate negro.

También es recomendable reducir el consumo de ultraprocesados, azúcares añadidos y aditivos, ya que pueden alterar el equilibrio de la microbiota.

En cuanto a los probióticos, algunas cepas del género Lactobacillus (como acidophilus, rhamnosus, plantarum o reuteri) son las que cuentan con mayor respaldo en el contexto de la salud intestinal y vaginal femenina.

En lo que respecta al estilo de vida, el ejercicio regular y el contacto con entornos naturales favorecen la diversidad bacteriana, mientras que el estrés crónico, el uso innecesario de antibióticos y la exposición a determinados contaminantes pueden alterarla. Optar por alimentos ecológicos, cuando sea posible, puede ayudar a reducir esta exposición.

Conclusión

La menopausia es, entre otras cosas, una invitación a prestar atención al ecosistema intestinal y vaginal. Hormonas y microbiota se influyen mutuamente, y este equilibrio puede cuidarse con herramientas al alcance de la mayoría: alimentación, actividad física y hábitos cotidianos. Atender a la microbiota en esta etapa puede contribuir a mejorar el bienestar general y a modular algunos síntomas, dentro de un enfoque complementario a los tratamientos habituales.

Autora: Dra. Marta Castells, Farmacéutica.

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