La producción en piscifactorías puede parecer a priori una solución para el consumo ecológico de pescado, pero la realidad no es así de simple. Las piscifactorías no son ecológicas, son igualmente crueles con los animales y tampoco producen un pescado de calidad rico en nutrientes como el omega 3.

El término piscicultura se aplica para referirse a la agricultura relativa a la crianza de peces para el consumo humano. Por supuesto, el término no es exacto, pues está basado en la concepción religiosa judeocristiana, la cual no considera a los peces como animales, sino como frutos del mar. Sin embargo, los peces son animales tan sensibles como cualquier ave o mamífero, son inteligentes y forman sociedades complejas. Su capacidad para sentir dolor es igual que la de slos mamíferos y las aves, y su deseo de vivir también.

Las instalaciones de piscicultura industrial se conocen como piscifactorías, es decir: las granjas intensivas de cría de peces (moluscos o crustáceos) para producir a gran escala. En resumen, son las fábricas de peces. La aplicación de los métodos de la ganadería industrial también se aplican a estas granjas acuáticas… en depósitos, estanques, jaulas flotantes, etc. Son tan crueles y nocivas como las granjas terrestres. Las especies más afectadas a nivel mundial son carpa, salmón, tilapia y pez gato.

No existe ley alguna que regule el sacrificio y bienestar de los peces destinados al consumo

Las instalaciones pueden ser jaulas o vallas metálicas sumergidas en agua dulce (lagos y ríos) o en agua salada (mar adentro). En tierra firme pueden ubicarse en embalses artificiales o en depósitos de cemento construidos en campos. Así son criados cada año 120.000 millones de peces.

En algunos casos nos han presentado las piscifactorías como la solución sustentable ideal para hacer frente al problema de la demanda mundial de pescado para el consumo y la elaboración de piensos para ganado, dado que los métodos utilizados por la pesca industrial masiva son muy agresivos con los ecosistemas marinos y vacían mares y océanos.

Los peces que podemos encontrar en mercados y restaurantes suelen morir de formas muy crueles y las consecuencias para el medio ambiente son nefastas. Cada año, la industria pesquera mata a más individuos que toda la industria ganadera junta. A los peces capturados a través de los métodos de pesca industrial se les revientan sus órganos internos cuando son sacados del mar. Muchos mueren asfixiados y aplastados dentro de las gigantescas redes que los atrapan y amontonan. No existe ley alguna que regule el sacrificio y bienestar de los peces destinados al consumo. En las piscifactorías los métodos de matanza no son menos crueles: electrocución, asfixia o golpes. Cuando un pez es sacado a la superficie empieza a ahogarse, su agonía puede ser muy larga. Si le observamos veremos que abre la boca y muestra señales de estar padeciendo dolor. Los peces pequeños emiten gemidos de dolor, pero nuestro oído no es capaz de percibirlos. Cada año, la pesca industrial captura globalmente a un número de peces equivalente a la población humana de 142 planetas Tierra, muchos de los peces capturados por las inmensas redes no son especies comestibles o no son valoradas comercialmente. Todas estas muertes son consideradas deshechos.

Los peces son animales tan sensibles como cualquier ave o mamífero, son inteligentes y forman sociedades complejas

Ecológicamente, la producción de pescado en piscifactorías puede parecer una solución exenta de riesgos, pero la realidad no es así. Estas producciones intensivas generan muchos residuos y tienen repercusiones ambientales que pueden llegar a ser muy graves. En muchas instalaciones se emplean productos químicos para el tratamiento del agua y de los sedimentos, se aportan fertilizantes, desinfectantes, sustancias antibacterianas, antibióticos y otros medicamentos, plaguicidas, alguicidas, aditivos alimentarios, anestésicos y hormonas.

Nutricionalmente hablando, el pescado dispone de virtudes nutritivas como su riqueza en omega 3 y fósforo, etc. Sin embargo los peces de piscifactoría no aportan omega 3, porque comen piensos y no microalgas, por ello, son en realidad una fuente de grasas saturadas.

Autora: Helena Escoda Casas, Activista por los derechos de los Animales

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