Un alimento que gana popularidad por su riqueza nutricional, conocido por su capacidad antioxidante y su efecto positivo sobre el metabolismo. Hablamos de la espirulina.

espirulina
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¿Qué es la espirulina?

Técnicamente, la espirulina no es un alga. Se trata de una microalga o una bacteria conocida como cianobacteria. Tiene forma de espiral, de ahí proviene su nombre, y su color se debe a la presencia de clorofila y ficocianina, dos fitonutrientes que le aportan su característica pigmentación verde oscura y azulada.

Crece en el agua, ya sea dulce o salada, en océanos y lagos con un pH alcalino, y se puede cultivar, cosechar y procesar fácilmente. Tanto es así que se considera la microalga más cultivada en el mundo, con más de 90.000 toneladas anuales.

Propiedades nutricionales reconocidas

En cuanto a su perfil nutricional, presenta macro y micronutrientes interesantes, como vitaminas, minerales, antioxidantes y proteínas de alto valor biológico. Tiene un bajo aporte calórico y un alto contenido en fibra, por lo que resulta saciante. De hecho, su calidad nutricional ha sido reconocida por la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO) y la Organización Mundial de la Salud (OMS). Incluso han destacado su potencial para luchar contra la desnutrición

Aproximadamente, entre el 60 y el 70% de su peso seco es proteína, una cantidad superior a otras fuentes de proteína vegetales. Así se convierte en una aliada para la recuperación muscular tras la práctica deportiva, o para todas aquellas personas que siguen una alimentación vegana o vegetariana.

Contiene vitamina A en forma de betacarotenos, vitaminas del grupo B y vitamina K. Entre los minerales y oligoelementos destacan el hierro, el magnesio, el potasio y el cobre. Especialmente si se cultivan en agua salada, algunas variedades también contienen sodio y yodo, aunque en menor proporción

¿Cómo consumirla?

La forma más habitual de consumirla es seca y en polvo, o bien en forma de comprimidos o tabletas. Sus agradables propiedades organolépticas permiten añadirla a zumos, licuados, sopas, purés, cremas de verduras, ensaladas y una gran variedad de preparaciones.

Gracias a su sabor neutro y fresco, también se puede comer fresca: untada en tostadas de pan, combinada con yogur, incorporada a salsas frías… Las posibilidades de este formato innovador son múltiples y permiten, además, aprovechar al máximo sus beneficios nutricionales.

Autora: Ariadna Coma, Periodista

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