De todos los alimentos procesados tal vez la bollería industrial es el más popular. Los dulces, los panes industriales, las galletas, están ampliamente difundidos en nuestra dieta, muy por delante de alimentos muy saludables como la verdura y fruta. Es difícil encontrar a alguna persona que no haya consumido bollería industrial alguna vez.

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Lo consumen tanto adultos como niños, pero son especialmente los niños los principales consumidores ya que se ha convertido en sustituto del tradicional almuerzo o merienda diario, con la diferencia que el bocata de toda la vida era sin dudarlo mucho más sano.

Pero ¿qué ocurre cuando la consumimos de forma habitual? Para contestar a esta pregunta es necesario conocer la composición de este “alimento”, y tras saber la respuesta, empezamos a sospechar que más que nutrirnos lo que hace es enfermarnos.

La principal característica de esta bollería es la de ser un alimento muy calórico atiborrado de azúcares simples y de grasas. Calorías vacías, muchas calorías y poca cantidad de nutrientes,  ya que 100 gramos pueden proporcionar de 400 a 600 calorías, que suponen el 30% de las calorías totales que una persona ingiere al día. Al estar compuesta por azucares simples y no aportar prácticamente fibra no producen sensación de saciedad, nos induce a comer en gran cantidad y tiene como consecuencia el aumento de obesidad entre sus consumidores.

Las grasas con la que se produce tampoco son saludables. Se trata de grasas hidrogenadas o grasas trans, aceites de palma y coco, que se usan en la industria de la bollería por su bajo coste, junto a grasas saturadas animales, mantecas de cerdo y mantequillas. Suben el nivel de lipoproteínas de baja densidad (LDL), popularmente conocidas por «colesterol malo», y elevan los triglicéridos, ambos relacionados con el incremento de enfermedades cardiovasculares, hipercolesterolemia y arteriosclerosis.

Los azucares refinados y los azucares simples como la sacarosa, la glucosa o el azúcar invertido producen incrementos considerables de los niveles de insulina en sangre, con el riesgo aparejado de sufrir diabetes tipo 2. El contenido en vitaminas y antioxidantes es prácticamente nulo, lo que va a favorecer la producción de radicales libres, y la presencia de minerales es muy pobre siendo el sodio el único mineral que se encuentra y en exceso, y su elevado consumo puede causar hipertensión.

Si queremos llevar una dieta sana y equilibrada que nos garantice salud y bienestar, es necesario eliminar, o reducir al mínimo, la bollería industrial.

Autor: Raúl Martínez, dietética y dieto terapia Homo toxicología

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